Salvador Muñoz
Los Políticos
Hace unos días fue el cumpleaños número 60 del diputado local por Coatepec, Ramón Díaz Ávila. Se dice que, a ojo de buen cubero, entre viandas, bebidas y animación de buenos grupos, el legislador se habría gastado en su “diablo” entre 500 mil y un millón de pesos, según cálculos de algunos convidados.
La fiesta tuvo cierto aire de Toy Story, principalmente por la indumentaria del festejado: botas, pantalón, camisa y sombrero vaquero. ¡Un Woody de la Cuarta Transformación!
Hasta ahí, felicidades por el sesentón.
Pero se-sentón fue el que se llevó días después durante una gira de la gobernadora Rocío Nahle por Ayahualulco, municipio que forma parte del distrito que representa Díaz Ávila.
Cuando presentaron al diputado, el respetable público le refrescó la memoria y le recordó una promesa de campaña que sigue flotando en el limbo legislativo:
“¿Y la ambulancia que prometió?” Fue el clamor del Pueblo Bueno y Sabio.
Lejos de aplicarle al diputado una regañiza marca diablo, la gobernadora entró al quite y anunció que el compromiso de la ambulancia sería de “micha y micha”: una parte la pondría Ramón Díaz y la otra, el Gobierno del Estado.
Eso sí: los habitantes de Ayahualulco no quieren una camioneta con torreta, una camilla amarrada y un botiquín con dos curitas. Quieren una ambulancia bien equipada, prácticamente un hospital sobre ruedas, capaz de atender emergencias en una zona donde los servicios médicos no siempre están a la vuelta de la esquina.
De ahí que algunos relacionaran el costo del festejo con la promesa incumplida: Que si fueron 500 mil pesos. Que si se acercó al millón. Que si fue mucho. Que si fue poquito. El problema es que, por muy buena que haya estado la fiesta, ese dinero probablemente no alcanzaría ni para el enganche de la ambulancia que requieren los habitantes de Ayahualulco… Aunque fuera seminueva.
II
Mientras Ramón celebra, en Campo Viejo el pasado se está desenterrando.
Hace poco se habló de la localización de vestigios arqueológicos en los terrenos donde se pretende desarrollar el Fraccionamiento San Lucas.
“Hace poco” es un decir.
De la existencia de esa zona ya habría tenido conocimiento el entonces alcalde Raymundo Andrade, y si uno se remonta algunos años atrás, el hallazgo era un secreto a voces entre ciertos coatepecanos, algunos de los cuales hasta presumían objetos arqueológicos en salas, libreros o bibliotecas particulares.
Ahora que el Instituto Nacional de Antropología e Historia interviene para realizar los estudios correspondientes, han surgido tres propuestas:
Que el propietario done los terrenos.
Que se construya un museo.
O que se hagan ambas cosas.
Al propietario de los predios se le identifica como Eric Cisneros Burgos, Bola Ocho, quien además mantiene vivas sus aspiraciones de llegar a la Cámara de Diputados.
Lo cierto es que el dueño del terreno ya habría establecido comunicación con el INAH para permitir los estudios pertinentes.
También hay versiones de que el diputado federal Adrián González Naveda “se puso bello” y aportó recursos para apoyar las investigaciones en la zona.
Todo sea por la memoria histórica… y, de paso, por la memoria electoral.
Lo curioso es que el diputado local Ramón Díaz Ávila no ha hecho un solo pronunciamiento relevante sobre el asunto.
Quizá porque es originario de Nuevo León y todavía no alcanza a percibir la dimensión cultural e histórica de Campo Viejo. El rostro puede decir muchas cosas; el arraigo, otras.
Quien sí ha propuesto la creación de un museo es Nacho Luna. Habría que saber si su propuesta ya fue platicada con el propietario o si, por el momento, solamente forma parte de la galería de buenas intenciones rumbo al próximo proceso electoral.
Porque ésa es otra curiosidad:
Ramón Díaz no es de Coatepec. Adrián González Naveda es cordobés. Eric Cisneros es cuenqueño. Nacho Luna, al menos, sí es de Campo Viejo.
Y todos, de una u otra manera, quieren reelegirse, regresar o llegar a una diputación.
Unos hacen sus destapes entre sombreros, grupos musicales y mesas abundantes.
Otros aportan recursos a la causa de la identidad cultural.
Algunos esperan que los vestigios arqueológicos también puedan servir como plataforma electoral.
Y otros confían en que con farsas políticas, videos y muchos likes algún día aparecerá una curul debajo de las piedras.
En Campo Viejo están buscando piezas del pasado. En Coatepec, mientras tanto, varios políticos ya andan excavando votos para el futuro.
PD. A ver si, además de festejar su “cumple”, Ramón finalmente cumple con la ambulancia.