Salvador Muñoz
Los Políticos
No sé si es idea de Morena o quizá de Movimiento Ciudadano… en el mejor o peor de los escenarios, según el prisma de cada quien, de los dos. Lo cierto es que, si hoy hubiera que apostar por quiénes ocupan el escenario político veracruzano rumbo al 2027, habría que voltear a ver únicamente a esos dos. Sin ellos, la oposición parece un teatro después de la función: las butacas siguen ahí, pero los actores ya se fueron. Del otro lado, los aliados de Morena, PT y Verde, continúan desempeñando ese papel que tanto dominan: el de aparecer en la foto para cobrar al final.
Para Movimiento Ciudadano, estar permanentemente en el ojo del huracán bajo la narrativa de “la persecución política”, sea real, exagerada o convenientemente administrada, representa una inversión con magníficos dividendos. Cada denuncia, cada carpeta, cada señalamiento y cada conferencia donde se les menciona, termina convirtiéndose en minutos gratuitos de campaña. Hay partidos que pagan espectaculares; MC parece haber descubierto que nada promociona más que un adversario obsesionado contigo.
Y en el caso de Morena, sigo sin saber si la estrategia consiste en exhibir a Movimiento Ciudadano para debilitarlo o para convertirlo, sin proponérselo, en el único rival visible. Porque a estas alturas, con los antecedentes que ambos acumulan, ya conocemos el libreto. Ahí están los episodios de José Manuel del Río Virgen; ahí están los casos de Papantla y Poza Rica; ahí está esa curiosa relación donde se lanzan pedradas durante el día y, cuando cae la noche legislativa, no resulta extraño encontrarlos compartiendo techo, café o votaciones.
El problema para todos los demás partidos es que, mientras Morena y Movimiento Ciudadano monopolizan los encabezados, el resto apenas alcanza los pies de página. Y eso no es solamente una percepción mediática. Una encuesta reciente de GobernArte viene a ponerle números a esa sensación que desde hace meses flota en el ambiente político veracruzano.
Si hoy fueran las elecciones para diputados federales, Morena aparece con 28.5 por ciento de las preferencias; Movimiento Ciudadano se instala cómodamente en 21.3 por ciento; después viene un precipicio donde el PAN apenas alcanza 12.4 por ciento y el PRI 10.3 por ciento, mientras el PT registra 3.5 por ciento y el Verde 1.5 por ciento. Traducido al castellano electoral: el segundo lugar ya no lo disputan PAN y PRI; ahora compiten por no desaparecer de la conversación.
Todavía más revelador resulta el escenario de alianzas. Morena, acompañado por PT y Verde, apenas sube a 30.9 por ciento, un crecimiento que difícilmente puede calificarse de espectacular considerando que incorpora a dos partidos adicionales. Movimiento Ciudadano, en cambio, prácticamente permanece intacto con 21.5 por ciento, mientras que la suma de PAN y PRI apenas llega a 15.2 por ciento, cifra que, hace apenas una década, habría parecido un error de captura.
Pero quizá el dato que debería quitarle el sueño a todos los dirigentes partidistas no sea quién ocupa el primero o el segundo lugar, sino ese enorme universo de ciudadanos que sigue sin comprar boleto para ninguna función. Dependiendo del escenario planteado, entre el 22.5 y el 32.4 por ciento del electorado continúa sin definirse. Es decir, hay más personas dudando por quién votar que ciudadanos dispuestos a respaldar a cualquiera de los partidos opositores tradicionales. Vaya manera de resumir el entusiasmo que hoy despiertan.
Así las cosas, han de disculpar el resto de los partidos, pero cada vez percibo con mayor claridad la intención –voluntaria o accidental– de construir una elección de dos. Morena necesita un antagonista visible que justifique la movilización de su estructura; Movimiento Ciudadano necesita un adversario poderoso que le permita seguir vendiéndose como la alternativa. Ambos se alimentan mutuamente de la polarización mientras PRI y PAN observan el partido desde la banca, esperando que el árbitro les conceda tiempo de compensación.
Porque sí, Movimiento Ciudadano nos ha demostrado que puede convertirse en un crítico verdaderamente incómodo cuando se lo propone, pero también en un aliado bastante disciplinado cuando se lo proponen. Morena, por su parte, parece haber encontrado en el partido naranja al adversario perfecto: suficientemente fuerte para entretener al público, pero todavía no tanto como para poner en riesgo la taquilla.
Al final, quizá la encuesta no esté retratando solamente las preferencias del momento. Quizá esté anticipando el libreto que algunos ya comenzaron a escribir para el 2027: una elección donde dos partidos concentren los reflectores, mientras los demás se conforman con aplaudir desde la tercera fila… si es que todavía alcanzan boleto.




