Jair Clodoaldo Xilotl Sánchez

Cuentan unos padres de familia, en visita por la capital, las aventuras que se viven en su pequeño pueblo, específicamente en la escuela de bachilleres que se encuentra allí, la historia la cuentan así.

Molesta la madre por la actitud de la directora, protegida del régimen por cierto pues dice ser amiguis de la diputada del distrito, es intocable a pesar de la actitud, principalmente con el personal a su cargo.

Ella dio el visto bueno para que Doña María, así llamaremos a la tesorera del Comité de Padres que se hace cargo del recurso llamado «La escuela es nuestra» de la SEV, el cual aportó la cantidad de 600 mil pesos para las necesidades de la escuela, tomara tan honroso cargo.

Pues resulta que el recurso llega a una cuenta del Banco del Bienestar, en este caso a la cuenta de Doña María que, a decir de la directora, ella debe ser la tesorera porque no tiene necesidad de dinero, en fin.

El recurso llegó, del cual dispusieron 100 mil pesos y resultó la magia, doña María ya no contesta el teléfono, en las pocas ocasiones que hablaron con ella dijo que su aplicación no funcionaba, que su tarjeta tampoco, ahora ya no contesta el teléfono.

El recurso se destinaría a la adquisición de un transformador, que porque de esa manera ya no faltaría la luz, la cual a decir del padre «si hace mucho calor se va la luz, si hace mucho frío, se va la luz», y que con ese equipo se resolvería el tema.

La cosa es que cuando se va la luz es en todo el pueblo, no solo en la escuela, ¿Será que un transformador en la institución vaya a resolver la falta de energía que se da en el pueblo?, la verdad lo dudo, aún así esa era la decisión que la directora y el comité de padres de familia había tomado para resolver la falta de energía.

Un estado con semejante potencia de generación de energía, una planta de producción de energía nuclear y tres desarrollos tentativos de parques eólicos en su territorio, no pueda garantizar la energía para las instituciones educativas de su territorio parece un caso pronto de atender, más en razón del expertice de la gobernadora en el tema.

En otra latitud el debate es por los cuetes, no cohetes, que porque ahora que la gente de sus pistolas han vuelto a utilizarlos generan una barbaridad de malestares!!

Antes, mucho antes de estás generaciones, en cualquier pueblo del país en las fiestas patronales era un cueterío y nadie salía lastimado, tal vez quemado; ahora en la narrativa actual parece que estallan bombas, muchos afectados, personas, animales y el grito en el cielo, sin embargo las mismas organizaciones que usan este discurso nunca, y le digo nunca han dicho nada por el rastro municipal, que realiza matanza de ganado en deprolables condiciones para los animales, ni de la matanza de traspatio de pollos y cerdos, eso sí, no echen cuetes en la fiesta porque entonces sí se atenta contra los animalitos caseros, vaya doble discurso.

El problema de una sociedad desinteresada en su entorno es que solo si le afecta directamente responde, a veces ni así, mientras puede que se acabe el mundo, tal vez o quizás, quién sabe.