Salvador Muñoz

Los Políticos

El pasado sábado, la Auditoría Superior de la Federación y el Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz iniciaron las Auditorías Integrales a Recursos del Gasto Federalizado correspondientes a la Cuenta Pública 2025.

Presentes, por supuesto, la titular del Orfis, Delia González Cobos; por parte de la ASF, el titular de la Unidad de Asuntos Jurídicos, Víctor Manuel Andrade Martínez; por el Congreso del Estado, el presidente de la Comisión de Vigilancia, Miguel Pintos Guillén, además de autoridades municipales y demás invitados.

Un día antes, el viernes 14, la gobernadora Rocío Nahle había agradecido en sus redes sociales la visita del auditor Superior de la Federación, Aureliano Hernández Palacios Cardel, con quien sostuvo una reunión para coordinar la supervisión y fiscalización de los recursos federales que se ejercen en Veracruz.

El Auditor Superior no estaría al día siguiente en el WTC, donde arrancaron formalmente los trabajos conjuntos entre la ASF y el Orfis, pero estuvo donde tenía que estar: Con la Gobernadora.

Quien tampoco estuvo en el evento fue la representación legislativa federal encargada precisamente de vigilar a la Auditoría: Javier Herrera Borunda, presidente de la Comisión de Vigilancia de la ASF en la Cámara de Diputados.

Ese mismo sábado, también en la zona conurbada, Rocío Nahle sostuvo una reunión con diputados locales de Morena.

Ahí estuvo Miguel Pintos Guillén, quien se dio tiempo para estar aquí y allá en el mismo día.

A mí no me crean, pero como el tema de la jornada era precisamente la ASF y el Orfis, durante la reunión salió a relucir una anécdota contada, según dicen, por la propia Gobernadora.

Resulta que durante el encuentro del viernes pasado en oficinas gubernamentales, el auditor Aureliano Hernández Palacios habría hecho dos peticiones a la mandataria.

La primera: llevar al presidente de la Comisión de Vigilancia de San Lázaro a sus oficinas para tomarse una fotografía los tres.

La segunda: sentar en el presídium del evento del WTC al diputado federal del PVEM.

La respuesta  a la primera petición, fue un rotundo No!

La respuesta  a la segunda petición, fue otro rotundo No!

Y todavía habría acompañado las negativas con una pregunta para el Auditor:

“¿Cuando vas a otros estados, llevas al diputado federal?”

Ahí apareció un tercer “No”, sólo que éste ya no tuvo necesidad de pronunciarlo la Gobernadora.

Hasta aquí la anécdota.

Lo interesante viene al desmenuzarla.

Primero, el oficio político de la mandataria.

Segundo, el oficio político del Auditor.

Una conoce perfectamente los terrenos que pisa; el otro, tiene otra dimensión de la política: ¿la de cuates?

Tercero, el carácter de Rocío Nahle para decir “No”.

Porque en política saber decir Sí abre puertas, pero saber decir No también marca territorio.

Cuarto, el institucionalismo.

Nahle recibió al Auditor Superior de la Federación, habló con él de fiscalización, coordinación y recursos públicos. Hasta ahí, terreno institucional. Lo demás ya era política. Y allí puso la raya. Sin confundir la gimnasia con la magnesia… ni la auditoría con la cortesía.

Quinto: nadie debería llamarse sorprendido. Rocío Nahle es Morena. Morena al cien por ciento. La reunión de camaradería con sus diputados ese mismo sábado lo deja bastante claro.

Justamente por eso adquieren mayor significado los “No”.

Porque una cosa es la relación institucional con la ASF; otra, muy distinta, utilizar esa relación para construir fotografías, espacios o escenarios políticos para terceros.

Y en Palacio, al menos esta vez, la puerta se abrió para el Auditor pero no necesariamente para sus cuates.