Uriel Flores Aguayo
Me parece que, entre las redes sociales, Facebook es la más popular. Es amplia su variedad de utilidades y usos; abunda lo personal, esas actividades cotidianas que realizamos. Casi todo se comparte. Se puede considerar una plaza pública digital donde nos comunicamos.
Es tan sencillo escribir o subir fotos y videos que es una especie de televisión y computadora donde todo ocurre en tiempo real. En materia informativa, como todo en internet, revolucionó las formas de comunicar e hizo prescindibles los medios impresos y hasta las instalaciones especiales. Basta un teléfono celular para generar información.
El ejercicio periodístico se masificó: los periodistas de oficio se hicieron de su propio medio; surgieron oleadas de nuevos periodistas. Como en todo, la cantidad riñe con la calidad. Ya es común que cada periodista sea sinónimo de un medio.
Además de los analistas e informadores considerados periodistas, hay una infinita cantidad de opinadores de todo, incluyendo la política. Es tan fácil, al alcance de una tecla, escribir en muro propio o intervenir en cualquier publicación, que se hace todo el día, todos los días. Hay quienes polemizan.
Es una red abrumadora, con toneladas de publicaciones, tantas que necesitan una paciente selección. Aun lo más llamativo hace esfuerzos por adquirir cierta centralidad. El rasgo más sobresaliente es su fugacidad, se evapora en minutos: la gran noticia de la mañana se pierde en la tarde.
Es complicado esperar rigor; incluso profesionales con cierto prestigio son atraídos por la competencia feroz que los hace descender en seriedad. Hay mucha especulación y teorías de la conspiración. No faltan la mentira y el dolo. A los hechos se intentan sobreponer agendas políticas de ciertas figuras o grupos.
Facebook es una red saturada que ha permitido que prevalezcan todos los periodistas, que surjan más y se trasciendan los medios tradicionales. Basta un muro para contar con una plataforma informativa y de análisis. Del alcance que tengan ya es cuestión de nivel cualitativo.
La facilidad de escribir abre una febril actividad que lleva a algunos a opinar de todo y hacerlo todo el día. Es obvio que no son especialistas en todo y que dispersan sus publicaciones, obteniendo resultados precarios. Tal vez contra su voluntad, pero incurren en sensacionalismo para ganar atención. Son las condiciones de la red.
La inteligencia artificial es un nuevo motor de la labor informativa. Facebook, otras redes y plataformas dieron un impulso inmenso a los informadores y analistas; cada uno fundó su propio espacio y lo dirige. Hay de todo.
Es prudente destacar que los espacios plurales existen y son lo más periodístico que se puede ver en la red. Unos y otros tienen el reto de la calidad y el rigor, de aprovechar positivamente el espacio y darle un sentido social y democrático a su labor.




