Sergio González Levet

Sin tacto

La historia oficial, muy dada a deshumanizar a nuestros protagonistas y subirlos al pedestal del Olimpo, contempla al general Lázaro Cárdenas -quien dio cuerpo a la dictadura perfecta del PRI- como un héroe impoluto, como un semidiós alejado de las emociones y las tribulaciones de los humanos comunes y corrientes.

     Pero fue un hombre como todos, excepcional en varios sentidos, pero nada ajeno a su condición humana («Homo sum, humani nihil a me alienum puto», «Hombre soy; nada de lo humano me es ajeno», Publio Terencio Africano).

     Y como un individuo moldeado por sus pasiones y sus limitaciones, cuando tomó posesión como Presidente de la República el 1º de diciembre de 1934 era considerado un títere más del Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles, quien había impuesto y controlado a Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) y Abelardo L. Rodríguez (1932-1934).

     El Turco eligió al  joven general para que fuera el primer presidente sexenal porque confiaba en que tenía capturada su voluntad política, pero como buen dictador desconfiado, para mantener su lealtad le impuso prácticamente a todo su gabinete, lo que se sumaba al hecho de que los gobernadores del país estaban bajo su influencia, entre ellos su propio hijo Rodolfo Elías Calles Chacón, quien estaba al frente del Ejecutivo en Sonora y fue nombrado Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas por Cárdenas.

     La verdad histórica que cuentan los libros oficiales dice que don Lázaro se enfrentó a Calles desde el primer día de su mandato, pero lo cierto es que fue un sumiso colaborador suyo y le tomó año y medio de su presidencia quitarse de encima la bota del nacido en Guaymas.

     Parte sustancial del ascenso en el control tenía que ver con el poder de los militares, que seguían bajo la égida de don Plutarco. Ahí hizo una labor inconmensurable de convencimiento en favor de Cárdenas un general prestigiado de la Revolución Mexicana, el veracruzano Heriberto Jara Corona, quien era su mentor, había sido su protector y apenas había logrado sobrevivir políticamente durante el Maximato por la mala voluntad que le tenía Elías Calles.

     Parte fundamental fue también don Heriberto en la Expropiación Petrolera de 1938, quien cuando fue Gobernador (1924-1927) había enviado a don Lázaro a la Huasteca veracruzana para poner orden y enfrentarse a las compañías petroleras extranjeras.

     El presidente Lázaro Cárdenas tardó los primeros 16 meses y 10 días de su mandato (1º de diciembre de 1934 al 10 de abril de 1936) en tomar el control del Gobierno de la República y en hacer acuerdos con la mayoría de los generales y los gobernadores para que lo aceptaran como el líder de las instituciones nacionales.

     Con eso en mente, se puede afirmar que no es tan fácil quitarse de encima la influencia de un caudillo empoderado, aunque es posible hacerlo.

     ¿Entendieron?

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