Alejandro Aguirre Guerrero
Al respecto…
En Sinaloa alguien hizo mal las cuentas. Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura convencido de que tenía los respaldos suficientes para hacerlo, y 34 horas después, volvió a pedir licencia. Entre una decisión y otra, el tablero político había cambiado.
El cálculo parecía sencillo: regresar, recuperar el despacho y contar con el respaldo político necesario para sostenerse. Lo que ocurrió fue distinto. Morena se deslindó de su regreso, 23 gobernadores cerraron filas con Claudia Sheinbaum, y la presidenta dejó claro que ningún interés personal está por encima de los del pueblo y la Nación.
Sheinbaum tampoco había sido consultada. Lo confirmó públicamente. No habló con Rocha antes de su regreso ni (según explicó), tuvo que hacerlo después para pedirle que se retirara. El mensaje que publicó, sin mencionar su nombre, terminó diciendo mucho más de lo que decía literalmente.
Pero detrás de esas 34 horas hubo otro cálculo. En los círculos donde se siguió el movimiento se hablaba de respaldos dentro del obradorismo que habrían llevado a Rocha a considerar viable su regreso. Entre ellos aparecía Adán Augusto López como una de las piezas que habría empujado con mayor decisión el movimiento, mientras que el respaldo de Andrés Manuel López Obrador no habría sido tan completo como algunos suponían.
No puedo presentar esa versión como un hecho público comprobado. Pero sí como una pieza que ayuda a entender el cálculo político que pudo hacerse en Sinaloa: que todavía existía suficiente fuerza para regresar, y que la presidenta tendría que convivir con la decisión.
Y había otro factor: Washington. No porque Estados Unidos deba decidir quién gobierna Sinaloa, sino porque las acusaciones estadounidenses contra Rocha colocaron el caso en una dimensión que Palacio Nacional necesariamente tenía que considerar.
Entonces ocurrió lo inesperado: el regreso terminó produciendo un cierre de filas alrededor de Sheinbaum. Morena se deslindó, los gobernadores la respaldaron y Rocha volvió a solicitar licencia.
Los respaldos no se cuentan cuando se anuncian; se cuentan cuando llega la hora de utilizarlos.
Quizá ésa sea la verdadera historia de Sinaloa: no la de un gobernador que regresó y volvió a irse, sino la de un cálculo político fallido que duró apenas 34 horas.
Porque a veces basta un día para descubrir que el poder que se creía tener ya estaba en otra parte.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
X: @aaguirre_g




