Pepe Cortés

Para 2026, CMAS tiene presupuestados ingresos superiores a 857 millones de pesos. Ese dinero paga trabajadores, energía eléctrica, vehículos, plantas, tuberías, deuda, prestaciones, mantenimiento y administración. Con un presupuesto de ese tamaño, la discusión sobre el agua en Xalapa ya no puede limitarse a fugas y tandeos. También debemos preguntarnos qué tan eficientemente se administra el organismo.

Hace unas semanas documentamos que CMAS mantiene una deuda con Banobras de poco más de 101 millones de pesos. También hemos visto denuncias de trabajadores por falta de herramientas y equipo, además de las protestas que llegaron nuevamente al Palacio Municipal el pasado 24 de agosto. Son problemas importantes, pero detrás de ellos aparece una pregunta mayor: ¿Cómo sabemos si CMAS funciona mejor hoy que hace un año?

CMAS nos cuesta a todos, y mucho. La pagamos cada mes en el recibo, pero también pagamos sus ineficiencias. Una fuga que tarda en repararse cuesta. Una camioneta descompuesta cuesta. Una cuadrilla detenida por falta de herramientas cuesta. Una bomba que falla por falta de mantenimiento también cuesta. Al final, todos esos costos terminan dentro del organismo que financiamos los usuarios.

También pagamos el agua que nunca llega. Captarla, conducirla, almacenarla y distribuirla requiere infraestructura, electricidad, personal y dinero. Cuando se pierde antes de llegar al medidor, no solamente desperdiciamos agua: desperdiciamos recursos que ya fueron utilizados para llevarla hasta ahí. Por eso CMAS debería publicar un dato elemental: cuánta agua entra al sistema y cuánta termina facturada. Necesitamos conocer las pérdidas físicas y comerciales, cuántos metros cúbicos representan y cuánto dinero cuestan.

La misma lógica debe aplicarse a la estructura administrativa. Las Condiciones Generales de Trabajo muestran tabuladores, prestaciones, compensaciones, permisos, licencias y compromisos sindicales. Los derechos laborales deben respetarse, pero administrar bien también significa conocer cuánto cuesta la nómina, qué proporción representan las áreas administrativas frente a las operativas y cuánto de cada peso termina directamente en la prestación del servicio.

La pregunta no es si CMAS tiene muchos o pocos trabajadores, sino si tiene la estructura adecuada para prestar eficientemente el servicio. ¿Cuántos están directamente en operación y cuántos en administración? ¿Qué porcentaje de los ingresos absorben nómina y prestaciones? ¿Cuánto cuestan las comisiones sindicales? ¿Qué productividad tiene cada área?

El mismo criterio debe aplicarse a vehículos y herramientas. Los trabajadores han denunciado carencias operativas y CMAS anunció una inversión superior a cinco millones de pesos para adquirir herramientas. Comprar equipo es necesario, pero la eficiencia no se demuestra con la factura. Se demuestra cuando disminuyen los tiempos de respuesta y mejora la capacidad de las cuadrillas para resolver los problemas.

Ahí está uno de los grandes vicios de la administración pública: confundir actividad con resultado. Reparar 500 fugas parece una buena noticia hasta saber que se reportaron 800. Ejercer 100 millones de pesos parece eficiencia hasta descubrir que los tiempos de atención empeoraron. Comprar veinte vehículos sirve de poco si solamente diez funcionan.

Actividad no necesariamente significa resultado.

Por eso CMAS necesita indicadores que permitan medir su desempeño real. Los xalapeños deberíamos conocer mensualmente el porcentaje de agua perdida, la continuidad del servicio, los usuarios afectados por tandeos, las fugas por cada mil tomas, el tiempo promedio de reparación, el costo operativo por metro cúbico, la eficiencia de cobranza, la cartera vencida, la disponibilidad del parque vehicular y la proporción entre gasto administrativo y operativo.

Pero medir no basta. Cada indicador necesita una meta. Si CMAS pierde determinado porcentaje del agua, debe decir cuánto pretende reducirlo. Si tarda cierto número de horas en reparar una fuga, debe establecer cuánto disminuirá ese tiempo. Si solamente una parte de sus vehículos funciona, debe comprometerse a mejorar su disponibilidad. Lo que no se mide difícilmente puede mejorarse y lo que no tiene meta difícilmente puede evaluarse.

CMAS debería publicar un tablero mensual de desempeño accesible para cualquier ciudadano: indicador, meta, resultado del mes, acumulado del año y comparación con el mismo periodo anterior. Así podríamos dejar de discutir mediante percepciones y saber con datos si el organismo mejora o empeora.

El presupuesto debe evaluarse con la misma lógica. Gastar 100 millones de pesos no constituye un resultado. El resultado es saber qué obtuvo Xalapa con esos recursos: cuántos kilómetros de tubería fueron sustituidos, cuánto disminuyeron las pérdidas, cuánto mejoró la continuidad del servicio y cuánto bajaron los tiempos de atención.

También necesitamos pasar de una administración que reacciona cuando algo se rompe a una basada en mantenimiento preventivo. Una bomba revisada a tiempo cuesta menos que una bomba detenida. Una tubería sustituida antes de colapsar cuesta menos que una emergencia. Un vehículo con mantenimiento programado cuesta menos que una unidad permanentemente en el taller.

La tecnología puede ayudar mediante sectorización hidráulica, telemetría, sensores de presión, mejores medidores y georreferenciación de la red. Pero cada inversión debe responder preguntas sencillas: ¿Cuánta agua ahorra? ¿Cuánto dinero recupera? ¿Cuánto mejora el servicio?

Al final hay dos cifras que CMAS debería conocer y publicar con absoluta claridad: cuánto cuesta producir y distribuir cada metro cúbico de agua y cuánto cuesta atender a cada usuario. Si esos costos disminuyen mientras mejora el servicio, existe eficiencia. Si aumentan mientras el servicio empeora, tenemos un problema administrativo.

Xalapa necesita más agua y mejor infraestructura, pero también una CMAS moderna, profesional, operativa, medible y transparente. Antes de preguntarnos cuánto más debe pagar el usuario, debemos saber cuánto más eficiente puede ser el organismo.

Porque aumentar ingresos sin aumentar eficiencia solamente traslada el problema al recibo.

Antes de pedirle más dinero al xalapeño, CMAS debe demostrar cuánto puede hacer mejor con el dinero que ya recibe.

Una CMAS eficiente no comienza cobrando más. Comienza haciendo más con cada peso que ya cobra.

@pepecortesmx

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Sobre el autor:

Pepe Cortés es economista y abogado por la Universidad Veracruzana, con estudios de posgrado en Administración Pública y Control y Fiscalización.

Nota del autor:

Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva del autor. Los datos y cifras mencionados provienen de información pública y fuentes consultadas. Los señalamientos atribuidos a trabajadores, organizaciones o terceros corresponden a declaraciones públicas y no constituyen por sí mismos determinaciones de responsabilidad.