Salvador Muñoz
Los Políticos
Somos México apenas estaba sacando la cabeza de la incubadora electoral cuando le llegó el primer coscorrón institucional: usted podrá ser partido, podrá competir, podrá buscar votos, podrá prometer salvar a la República… pero México, lo que se dice México, mejor déjelo donde estaba.
Y así, antes de mamar, ya le cambiaron el acta de nacimiento.
La criatura no salió propiamente de la nada. Sus antecedentes están en la llamada Marea Rosa, aquellas movilizaciones que entre 2022 y 2024 llenaron calles y plazas en defensa del INE (ojo, en defensa del INE, recuérdalo) y contra las reformas electorales del obradorismo. De ese caldo ciudadano, organizaciones y personajes provenientes de distintas historias políticas (derecha e izquierda) terminaron confluyendo en “Personas Sumando en 2025, A.C.”, nombre que, dicho sea de paso, sonaba más a asociación de padres de familia organizando la kermés que al germen de un partido nacional.
Por fortuna para ellos, adoptaron algo más mercadológicamente digerible:
Somos México.
Con Guadalupe Acosta Naranjo al frente y Cecilia Soto en la Secretaría General, consiguieron brincar las bardas que coloca el INE hasta obtener su registro como partido político nacional el pasado 25 de junio.
Y fue precisamente ahí donde comenzó el asunto.
Porque uno recordaba al Instituto Nacional Electoral como aquella institución encargada de organizar elecciones, instalar casillas, capacitar funcionarios, fiscalizar campañas y, finalmente, contar votos. Qué tiempos aquellos! Hoy el INE parece una navaja suiza que sirve para todo: Organiza elecciones, fiscaliza partidos, administra tiempos de radio y televisión, vigila propaganda, revisa mensajes y ahora, por lo visto, también incursiona en diseño gráfico, lingüística, psicología del consumidor y propiedad industrial.
Un día, parece árbitro electoral; otro, censor de medios; y al siguiente, amanece con vocación de IMPI, revisando nombres, logotipos y colores para determinar quién se parece demasiado a quién.
Cualquier día le llevan una etiqueta de salsa para que resuelva si el chile jalapeño se confunde con el serrano.
Porque al otorgarle el registro a Somos México, el INE también le ordenó modificar su denominación, emblema y colores. Según el criterio aprobado, juntar el verbo “somos” con “México” generaba una especie de apropiación simbólica de la identidad nacional que podía hacer pensar que el partido representaba a México entero. El emblema, además, podía confundirse con los de Fuerza por México en algunos estados. El Tribunal Electoral terminó confirmando la orden este 26 de agosto, aunque por razones distintas.
Traducido al castellano de la banqueta:
–¿Cómo se llama su partido?
–Somos México.
–Ah, caray! ¿Todos?
–No, nosotros.
–Entonces cámbiele.
Lo divertido es que ni siquiera dentro del INE todos compraron semejante interpretación. Hubo consejeros que señalaron que la ley no prohíbe utilizar la palabra “México” y que la institución había sostenido anteriormente que el nombre del país no podía considerarse propiedad exclusiva de nadie. Incluso se mencionaron partidos y agrupaciones que ya emplean el vocablo sin que la República se haya desmembrado por ello… pero ganó el criterio contrario así que les dieron registro pero entrando al antro les dijeron que con ese nombre, esos zapatos y esa camisa no podían pasar. Y fueron al INE con nueva presentación. Adiós Somos México. Bienvenido simplemente SOMOS.
Y aquí comienza la poesía involuntaria.
Porque SOMOS es un palíndromo: se lee exactamente igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, como está hecho SOMOS.
Para un partido político mexicano, semejante atributo no es menor. Uno nunca sabe para dónde habrá que hacerse. Además, los muchachos encontraron la manera de obedecer sin obedecer demasiado.
¿Que México no puede ir en el nombre?
Pues lo ponemos en el dibujo.
¿Que hay problema con los colores?
Los acomodamos.
¿Que el rosa genera ruido?
Pues rosa, pero tantito.
Y así, detrás de la palabra SOMOS aparece la silueta del territorio nacional.
Es decir: les quitaron México… y ellos pusieron a México de fondo.
La maniobra recuerda inevitablemente lo ocurrido durante el Mundial de Futbol 2026, cuando la FIFA obligó a cubrir marcas y nombres comerciales de estadios porque esas empresas no eran patrocinadoras oficiales del torneo.
El detalle fue que algunas marcas estaban tan posicionadas que taparlas terminó llamando todavía más la atención. Una maravilla del marketing: cuando todos saben qué escondiste, esconderlo puede terminar siendo publicidad y posiblemente eso pretende aprovechar SOMOS.
Les borraron México y ahora todo mundo habla de que les borraron México. Les modificaron la identidad y la modificación produjo titulares. Les prohibieron una marca y, de pronto, la marca consiguió gratis una conversación nacional. Hay nada más un pequeño inconveniente:
SOMOS no es Levi’s.
A Levi’s usted le puede echar una sábana encima y hasta la sábana parece Levi’s.
Somos México apenas estaba construyendo reconocimiento. Es un partido recién nacido rumbo a su primera elección federal. Muchísimos electores todavía no saben quiénes son sus dirigentes, qué representan, dónde están ni exactamente qué ofrecen que no ofrecieran ya otras oposiciones.
Y ahí está la diferencia.
Una marca consolidada puede darse el lujo de jugar a las escondidillas. Una marca en pañales primero necesita que alguien la encuentre.
Así que está por verse si el INE y el Tribunal le hicieron un daño a SOMOS o le regalaron la primera gran campaña publicitaria de su corta existencia.
Quizá perder México sea un mal augurio o quizá termine ocurriendo el milagro de que por quitarle una palabra todos comiencen a recordar el resto. Por ahora les queda SOMOS. Palíndromo perfecto. Lo mismo de izquierda a derecha que de derecha a izquierda.
Ideal, insisto, para la política mexicana. Aunque viendo cómo empezó su vida partidista, deben agradecer que el INE se haya limitado a corregirles nombre, logotipo y colores, porque con esta nueva vocación de Registro Público de Marcas Electorales, poco faltó para que también les revisaran la gramática y concluyeran: “Mire, eso de SOMOS todavía puede prestarse a confusión… mejor pónganle SEMOS”.





