Marco Aurelio Martínez
Crónicas de la Capital
El Paseo de los Lagos, ubicado en el barrio de El Dique, constituye un bello remanso xalapeño en el centro de nuestra capital; conserva un sentido muy local, muy identitario. Ha sido un lugar en donde históricamente se han cruzado muchas emociones de felicidad, nostalgia, pero también romanticismo, deporte, música. Es un sitio inspirador; lo mismo se puede ver a personas leyendo, escribiendo, o simplemente admirando el entorno; otras concurren a trotar, familias a convivir, a disfrutar relajantes caminatas acompañadas de sus mascotas en un escenario hermoso, en donde lxs parejxs inician y consolidan relaciones de amor, amistad ó fraternidad, o todo lo contrario.
El Paseo de Los Lagos tiene su historia. Durante la primera mitad del siglo XIX, Xalapa despuntó como un centro industrial incentivado por las facilidades hacendarias y por el agua abundante proveniente del río Carneros y el manantial Tecuanapan. Se aperturaron cinco fábricas textiles: Lucas Martín, Molino de Pedreguera, La Bella Unión, La Victoria y la Industrial Xalapeña. Con esta cantidad de agua se promovió la generación de energía eléctrica para algunas factorías. Más tarde se construyó un dique de contención y desde entonces se le conoció popularmente como El Dique, y el barrio aledaño adoptó el mismo nombre.
Algunas fuentes revelan que, durante su administración, el gobernador Rafael Murillo Vidal mandó a construir los dos lagos restantes, que colindan con el edificio de rectoría de la Universidad Veracruzana.
Si existiera un álbum anecdótico xalapeño, seguramente el Paseo de Los Lagos llevarían delantera en el bagaje emotivo, amoroso o de alguna vivencia recordable. Mi pregunta es: ¿quién no tiene un pasaje de vida en Los Lagos?
Recuerdo que, en épocas estudiantiles, cuando se efectuaban los populares bailes «¡Va por Cuba!», organizados en Casa de Artesanías —hoy Casa del Lago—, al concluir uno de ellos, un grupo de universitarios caminábamos por la ribera de Los Lagos comentando las incidencias del baile. Eran noches bajo el cobijo de la luna radiante, que sellaba en los mantos de agua un espejo resplandeciente que los hacía brillar más, un espectáculo maravilloso, que contrastó aquella noche fresca en que rebasamos la frontera e incursionamos en el temido barrio de El Dique, famoso por su alto nivel de rijosidad. Lo corroboramos de inmediato al cruzarnos con un grupo de cinco varones que nos pegaron tremenda corretiza, la cual concluyó nuevamente en el recinto de baile, sanos y salvos, aunque pálidos y con el pulso por las nubes.
Por aquellas mismas épocas, al ganar el campeonato de futbol interfacultades, celebrado en los campos Juárez —hoy USBI—, junto con mis compañeros de la Facultad de Historia, con el triunfo a cuestas, nos fuimos a celebrar y refrescarnos a Los Lagos. Íbamos tan agotados y sudorosos que el agua fresca nos cayó de maravilla, fue un bálsamo para el cuerpo. Los intrépidos incluso realizaron vistosos y acrobáticos clavados que lamentaron días después, al conservar la rasquiña y urticarias en la piel. Que buenos tiempos.
Después de varios años sin inversión pública municipal, en la presente administración se invertirán casi catorce millones de pesos en la rehabilitación del primer lago. Los trabajos ya están en curso. Se realizan labores de colocación de recinto y concreto lavado en andadores, rehabilitación de alumbrado, restauración de cruces pluviales en cunetas y murales de piedra, reconstrucción de baños e instalación de material eléctrico de media tensión, entre otros trabajos adicionales.
El siguiente año se hará la intervención en el lago subsecuente y así sucesivamente hasta concluir la remodelación integral del Paseo de Los Lagos, quedará espléndido.
El trabajo arduo, decidido y planificado es la mejor herramienta para erradicar las notas falsas, comentarios dolosos, improperios y frustraciones trasnochadas de mercachifles de la “comunicación”. Y la mejor evidencia es que juntos, vamos avanzando. Por el bien de Xalapa.




