Pepe Cortés

Algo importante ocurrió esta semana en Las Trancas. Y no me refiero solamente al bloqueo de una carretera ni al anuncio de una obra pública. Me refiero a algo más profundo: la gente perdió el miedo, salió a exigir y consiguió que el Gobierno pusiera por escrito una respuesta. Durante más de 24 horas, habitantes de La Estanzuela, El Chico, Alborada, Pacho Nuevo, Chavarrillo y otras comunidades mantuvieron su protesta en la carretera Las Trancas-Coatepec. Pasaron ahí el día y la noche, se organizaron, se sumaron vecinos y transportistas y, aun con la presencia de antimotines, permanecieron firmes.

Durante demasiado tiempo hemos construido una relación equivocada entre ciudadanos y gobierno: pareciera que debemos agradecer cuando una autoridad hace aquello para lo que fue electa y recibe recursos públicos. No. El gobierno no nos hace favores, tiene obligaciones. Los habitantes no estaban pidiendo una obra ornamental. Exigían seguridad en una carretera donde durante años se han registrado accidentes y cuya superficie se vuelve especialmente peligrosa con la humedad.

Esta vez consiguieron algo concreto. El 2 de septiembre de 2026, representantes de La Estanzuela, El Chico y Alborada se reunieron en Palacio de Gobierno con funcionarios de SEGOB, SIOP y el Ayuntamiento de Emiliano Zapata. De ahí salió una minuta firmada que establece que la rehabilitación de la carretera Coatepec-Las Trancas ha sido aprobada y que la primera etapa deberá comenzar el 17 de septiembre de 2026. También se acordó una mesa permanente para informar sobre programación presupuestal, contratación y ejecución de la obra, y consensuar dónde comenzarán los trabajos. No es un “vamos a revisarlo” ni un “estamos trabajando”. Es una fecha y un compromiso por escrito.

Pero ahí comienza otra discusión. Ricardo Ahued reconoció públicamente que el concreto presenta un problema de adherencia. Explicó que durante su construcción se utilizó un acelerante para conseguir un fraguado más rápido y que, con el desgaste y la humedad, la superficie termina convirtiéndose, en sus palabras, en una “resbaladilla”. Si el Gobierno reconoce el problema, también debe demostrar técnicamente que la rehabilitación lo resolverá. La fricción y las condiciones de la superficie pueden medirse. No basta con intervenir la carretera: hay que demostrar que la rehabilitación corrigió la pérdida de adherencia y mejoró la seguridad.

Ahued adelantó que la solución prevista consiste en fresar o raspar el concreto y colocar posteriormente una carpeta asfáltica. Y a partir de ese anuncio, en redes sociales ha comenzado una nueva discusión: ¿No estamos a punto de repetir el mismo error de la Xalapa-Coatepec? La pregunta es pertinente porque a unos cuantos kilómetros tenemos el antecedente. En esa carretera se conservó el concreto hidráulico como base y se colocó encima carpeta asfáltica. Después vinieron desprendimientos, deformaciones, parches, baches y nuevas intervenciones. Quienes circulamos por ahí conocemos el resultado.

Incluso se ha planteado una alternativa: fresar el concreto y aplicar un riego de sello sincronizado con liga asfáltica y agregado pétreo, en lugar de colocar simplemente una carpeta asfáltica. Por eso SIOP debe explicar: ¿Por qué utilizar nuevamente un procedimiento semejante al de la Xalapa-Coatepec? ¿Qué harán diferente para evitar el mismo resultado? La ciudadanía tiene derecho a conocer el proyecto ejecutivo, diagnóstico del concreto, tratamiento de juntas y grietas, materiales, espesor, procedimiento constructivo, pruebas de adherencia, controles de calidad y, sobre todo, la garantía de la obra.

Porque la pregunta no es solamente ¿Cuántos kilómetros van a rehabilitar? Hay otra todavía más importante: ¿Cuánto tiempo durará la solución? Sería absurdo que después de años de accidentes, protestas y bloqueos termináramos cambiando una carretera resbalosa por una carretera llena de baches. Los habitantes no salieron a protestar para cambiar un problema por otro.

Ahí está la enseñanza de Las Trancas: la participación ciudadana no termina cuando se firma una minuta. Ahí comienza. Tenemos una primera fecha: 17 de septiembre. Si llegan las máquinas, habrá que reconocerlo; si no llegan, habrá que exigir explicaciones; y si llegan, habrá que vigilar qué hacen, cómo lo hacen y con qué especificaciones. Cumplir no significa solamente mandar maquinaria. Cumplir significa resolver el problema.

Las Trancas nos dejó una buena noticia: la gente perdió el miedo. Se organizó, protestó, resistió y consiguió compromisos verificables. Pero la verdadera victoria no será la fotografía de la maquinaria trabajando el 17 de septiembre. La verdadera victoria será regresar dentro de dos años y encontrar una carretera segura, no otra Xalapa-Coatepec llena de parches, desprendimientos y baches.

Porque el pueblo descubrió que organizado puede obligar al poder a escuchar. Y más vale que esta obra quede bien, porque si vuelven a fallarle, el pueblo sabio volverá a salir a protestar.

@pepecortesmx

Pepe Cortés es economista y abogado por la Universidad Veracruzana, con posgrados en Administración Pública y Control y Fiscalización. Consejero Estatal y miembro de la Comisión Permanente del PAN en Veracruz. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva del autor.