Ana Rosa Valdés Salazar
En mi Opinión
El desabasto de medicamentos e insumos básicos en el Sector Salud de Veracruz ha rebasado de tal manera al gobierno estatal que alcanza ya niveles peligrosos, al punto de que médicos del Hospital Regional de Veracruz y del Centro de Alta Especialidad en Xalapa se han manifestado en protesta por las carencias que se padecen en esos centros hospitalarios.
Asimismo, trabajadores de las diversas jurisdicciones sanitarias continúan exigiendo mejoras en sus condiciones de trabajo y la destitución de funcionarios administrativos, tras meses de penurias y lentos trámites burocráticos bajo el nuevo sistema de IMSS-Bienestar implementado en la Entidad.
Pero… tristes las esperanzas de los trabajadores, porque resulta que el titular del IMSS-Bienestar en Veracruz es nada más y nada menos que el ex secretario de Salud, Roberto Ramos Alor, quien al inicio de la gestión de Cuitláhuac García ocupó ese cargo, donde se caracterizó por la opacidad de su desempeño y se ganó merecida fama de inepto, corrupto y misógino, entre otras linduras con las que se le califica.
Veracruz se sumó al Servicio Universal de Salud para homologar la atención y se anunció la construcción de hospitales en Pánuco, Tuxpan, Tlapacoyan y Misantla, así como la digitalización y equipamiento de más de 700 centros de salud en la Entidad, pero el personal señala deficiencias en la operación y lentitud en el suministro, falta de medicamentos, materiales de curación y equipos.
Esta situación ha venido agravándose desde hace varios meses, aquí lo he comentado desde que más de 20 mil trabajadores de las once jurisdicciones sanitarias del Estado se manifestaron, durante el mes de abril, en demanda de atención a sus necesidades y a las carencias de 60 hospitales y 800 centros de salud, a lo largo y ancho del territorio veracruzano.
Denunciaron desabasto de medicamentos, de uniformes, de insumos, de vehículos para trasladarse a sus servicios -así como a los pacientes- y también falta de personal médico, de enfermería, de adecuadas instalaciones hospitalarias.
El panorama ya era negro y ahora está peor, pero el titular del IMSS-Bienestar, de cuyo nombre no quiere uno ni acordarse, dice que las quejas del personal hospitalario, aunadas a las de pacientes y familiares de éstos, son una campaña de odio.
“Hoy, voces desde el interior del hospital generadoras de críticas cargadas de odio, venganza y resentimiento por haber perdido privilegios son aprovechadas por los enemigos de este gobierno progresista”, se atrevió a decir Roberto Ramos Alor, agregó que responderán con trabajo y sostuvo que cuentan con el respaldo de la presidenta Claudia Sheinbaum, la gobernadora Rocío Nahle y el director general del IMSS-Bienestar, Alejandro Svarch.
Lo que sucede revela desatención por parte del Gobierno del Estado a un problema en el que ha lanzado el balón a la cancha del IMSS-Bienestar, porque ahora los centros hospitalarios del Estado operan bajo esa modalidad y a ésta se le transfiere, según dijo la gobernadora Rocío Nahle hace meses, el 88 por ciento del presupuesto de salud del Estado.
Se dice que las camionetitas de la salud contribuyen al abasto de medicamentos, pero la realidad muestra otros datos, porque en los hospitales y centros de salud no los hay y los familiares de pacientes se ven obligados a comprarlos.
Recordemos que ante el conflicto laboral que paralizó a los hospitales y centros de salud de Veracruz, el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, estalló contra los funcionarios “ineptos que no están sirviendo… que están escondidos en sus oficinas”, cuando deberían “atender los casos en el momento y no esperar a que se le manifiesten en la calle a la gobernadora”.
Desgraciadamente, esa ineptitud echa raíces y amenaza convertirse en el sello del régimen nahlista, no sólo en el Sector Salud, sino también en otras áreas estratégicas de la administración, como la seguridad pública, la infraestructura carretera, la agroindustria (ahí está el caso del ingenio San Pedro), la educación y la protección civil, por mencionar algunas, pero como decía el clásico: aún hay más.
A menos de dos años de gestión, el segundo gobierno morenista en Veracruz está haciendo agua y a su interior no se ve quién, con sensibilidad política, pueda evitar que, increíblemente, resulte peor que el de Cuitláhuac. ¡Sería el acabose!




