Rogelia López Ocampo

Detrás de cada diagnóstico de cáncer hay una historia distinta: miedo, incertidumbre, tratamientos, obstáculos institucionales y, sobre todo, personas dispuestas a seguir adelante. En la más reciente reunión de Juvecán, “Historias de Vida”, pacientes y familiares compartieron experiencias que muestran tanto la importancia de la detección y atención oportunas como la fuerza que puede encontrarse en el acompañamiento.

La reunión de Juvecán del sábado 5 de septiembre de 2026, denominada “Historias de Vida”, la iniciamos con la participación de un hombre que espontáneamente aceptó nuestra invitación para dar su testimonio, ya que ha sufrido el cáncer en su familia.

Refirió que su esposa falleció de cáncer cervicouterino siendo muy joven y dejó dos hijos pequeños. Esta situación lo llevó a la depresión hasta que, tras tocar fondo, inició una preparación en educación física y terapias de movimiento, lo que dio nuevamente sentido a su vida.

Actualmente se dedica a impartir clases y entrenamiento en esta materia a quienes se acercan al DIF para participar en un programa que incluye baile y gimnasia, con el objetivo de mejorar no sólo la movilidad y el equilibrio, sino también el estado de ánimo y favorecer el acompañamiento entre las personas. Nos invita a participar los sábados, a las 9:00 horas, en el DIF Municipal.

Entre las nuevas integrantes de Juntas Venciendo al Cáncer entrevistamos a Eva, quien descubrió una bolita en una mama el 14 de agosto de 2004. Acudió al ISSSTE, donde le dijeron que, si no le dolía, posiblemente se trataba de grasa, cuando sabemos que el cáncer de mama generalmente no causa dolor en sus etapas iniciales.

Afortunadamente, no se quedó con ese diagnóstico y se realizó una mastografía. Posteriormente acudió con un ginecólogo, quien la remitió con un oncólogo y fue programada para una mastectomía derecha. Actualmente continúa con tratamiento y refiere estar tranquila.

Martha nos cuenta que, como ya tiene 69 años de edad, en su clínica no le quisieron realizar la mastografía porque el protocolo establece un rango de edad de entre 40 y 69 años, sin tomar en cuenta que ella presentaba signos que ameritaban valoración por posible cáncer de mama.

Terminó realizando todo de manera particular y, afortunadamente, quedó en buenas manos. Fue sometida a una cirugía conservadora y recibe tratamiento antiestrogénico; actualmente tiene pendiente la radioterapia.

Emocionalmente se encuentra muy bien, apoyada por su familia y por su fe.

Anita, de 67 años, madre de dos hijos y abandonada por su esposo, tiene una historia desgarradora. Vivió durante muchos años con problemas mamarios que terminaron con la extirpación de la mama derecha después de tres cirugías.

Posteriormente le diagnosticaron cáncer de endometrio, por lo que recibió tratamiento quirúrgico y quedó pendiente la braquiterapia, una modalidad de radioterapia interna. Sin embargo, la demora en el ISSSTE le impidió recibirla en el tiempo previsto. Anita sigue luchando y disfrutando de la vida. Ahora que está jubilada practica yoga, zumba y acuaterapia.

Escuchamos estas historias con mucho respeto y empatía, brindándoles nuestro acompañamiento.

Hasta la próxima.