Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel
Cada vez más resulta difícil dejar de preocuparse, ya no por uno mismo -¿para qué?-, sino por nuestros familiares, amigos, vaya, por nuestros semejantes, el prójimo, sin olvidar a la flora y la fauna, vaya al ecosistema, ya me van entendiendo, a la naturaleza, al planeta, a la tierra, ¿qué más? ¿De qué otra manera decirlo?
Me gusta caminar, andar y andar el camino. Y cada vez más veo que a mis semejantes no les preocupa la naturaleza, aquí donde vivimos, les da igual; más y más autos, más y más bullicio citadino, más y más indiferencia ante lo que nos rodea, que el mundo siga girando, como sea, aunque gire hacia la catástrofe o, mínimo, ante los inminentes fenómenos meteorológicos, trastornos telúricos. Aldous Huxley se preguntaba: ¿Cómo sabes si la Tierra no es más que el infierno de otro planeta?
Sigo lo que apuntó David Le Breton: “Recurrir al bosque, a las rutas o a los senderos, no nos exime de nuestra responsabilidad, cada vez mayor, con los desórdenes del mundo, pero nos permite recobrar el aliento, aguzar los sentidos, renovar la curiosidad. El caminar es a menudo un rodeo para reencontrarse con uno mismo.”
Recordad: “No es el amor quien muere, somos nosotros mismos” (Luis Cernuda).
Vale la pena compartir lo siguiente: “El Gobierno de Canadá advirtió que los cambios provocados por el calentamiento global son ya “irreversibles”, después que el país se haya calentado más de dos grados centígrados en los últimos 75 años, lo que ha provocado el deshielo de glaciares y la subida del nivel del mar.
“La segunda edición del ‘Canada’s Changing Climate Report’, elaborada por expertos de organismos federales, universidades y centros científicos, concluye que desde 1970 Canadá se ha calentado casi dos veces más rápido que la media mundial y que el Ártico canadiense lo ha hecho tres veces más rápido.
“El norte del país ha registrado un aumento de la temperatura de 2,6 grados desde 1948, mientras que las precipitaciones anuales en Canadá han crecido un 9,7 % desde 1949 y un 18,9 % en el norte del país.
“El informe señala que la influencia humana es la única explicación compatible con el conjunto de cambios observados, entre ellos olas de calor más extremas, temporadas de incendios más largas, menor duración de la nieve y el hielo, océanos más cálidos y una subida del nivel del mar.” (aristeguinoticias.com, 04/09/2026). ¡Uf! ¡Estamos a la vuelta de la esquina o, si lo prefieren, al siguiente giro del planeta!
¿Por qué se separó el glaciar de la montaña? Porque sentía que las cosas se estaban desmoronando entre ellos.
Para dejarlo claro -¿entenderemos?-, leo: “El fenómeno de El Niño podría convertirse en uno de los más intensos registrados y sus efectos se extenderían hasta la primavera de 2027, con impactos en las temperaturas, las lluvias, la agricultura, la generación y distribución de energía eléctrica y la aparición de plagas, advirtió Fabián Vázquez Romaña, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional.
“En entrevista para Aristegui en Vivo, el especialista señaló que la intensidad del fenómeno resulta especialmente preocupante porque ocurre en un planeta que registra temperaturas cada vez más elevadas, lo que puede potenciar sus efectos.” (aristeguinoticias.com, 04/09/2026).
Es de pensarse, ¿no? De preocuparse y ocuparse y actuar. ¿Cómo? Desde su trinchera seamos creativos y manos a la obra: no más contaminación, porque en esto, sí lo hacemos todos: contaminar. Pero pocos son los elegidos…
Papá, papá, ¿qué se siente con el calentamiento global? No lo sé, hijo, pregúntales a los pingüinos que ahora viven en la playa.
Los días y los temas
Del monero Rictus, en su entrega titulada “Crisis nerviosa”: una imagen caricaturesca del país llamado República Mexicana, con cara de asustado y toda él temblando; con la mano derecha se agarra la frente; con la mano izquierda sostiene una hoja donde se lee: “Deuda; inflación; violencia; narco; inseguridad; crisis climática…” (elfinanciero:com.mx, 04/09/2026). Da mello.
Alma Guillermoprieto, a propósito de su libro Esta improbable tierra prometida, de reciente publicación, en entrevista dijo: “La violencia es un estorbo para todo”. (elpais.com, 31/08/2026).
Días después, en Hay Festival de Querétaro, expresó: “Estamos al borde de un precipicio, no sé si vamos a caer o no”. (elpais.com, 05/09/2026).
Cuando se le preguntó: “Reconoce que vivimos tiempos realmente oscuros. ¿Hay razones para mantener la esperanza en América Latina?”, Alma Guillermoprieto respondió: “Sí. Falta ver cómo nos golpea la crisis del medio ambiente, que es la más grave que enfrenta el mundo. Contamos con una naturaleza extraordinaria, con agua, con niveles educativos que han ido en aumento, con una fuerza laboral sana. Entonces, lo que da esperanzas es la gente. La fortaleza de las instituciones no oficiales, como esta cosa que tienen los latinoamericanos de la familia y el cuidado mutuo. Eso no se ha desbaratado ni se ha perdido. Hay grandes reservas de energía, de fuerza, de alegría en América Latina.”
Ojalá. Así sea. Vamos todos o…
Hace años, Albert Schweitzer escribió: “Vivimos en una época peligrosa. El ser humano ha aprendido a dominar la naturaleza mucho antes de haber aprendido a dominarse a sí mismo.” Ahí ‘ta.
Vaya, mi tocayo Arthur Schopenhauer dijo que el hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales. Supongo que también para los seres humanos.
De cinismo y anexas
No se alarmen, los dueños del mundo lo tienen todo bajo control. Mientras tanto, les comparto lo siguiente:
Si monto en bicicleta dos veces, ¿eso cuenta como reciclaje?
***
¿Por qué el cambio climático no juega al escondite?
Porque ya no puede esconderse, ¡está en todas partes!
Hasta la próxima.




