Omar Zúñiga
De Primera Mano
Cada rectorado deja huellas, el de martincito el espurio —a quien buena parte de la comunidad universitaria ya lo conoce así, sin eufemismos, por el origen cuestionado de su “prórroga” al frente de la Universidad Veracruzana— está dejando escombros.
La Facultad de Ingeniería en Sistemas de Producción Agropecuaria (FISPA), con sede en Acayucan, es la más reciente raya que se suma a ese uniforme de simulación, opacidad, abandono y que debería portar al salir de la UV, con el que su gestión viste a la máxima casa de estudios del estado.
En FISPA tampoco hace falta buscar demasiado para encontrar el patrón.
Donde antes hubo crecimiento, hoy hay vacantes; donde hubo vinculación, hoy hay silencio administrativo; donde hubo proyecto académico, hoy hay una Facultad que sobrevive de lo que otros construyeron antes de que martincito el espuriollegara a Lomas del Estadio a repartir cuotas de poder disfrazadas de Rectoría.
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Los números son el primer indicio de que algo se rompió; en la modalidad a distancia, la FISPA ofertó 85 espacios y apenas ingresaron 33 estudiantes: 52 lugares vacíos. En la escolarizada, de 80 espacios ofertados, 21 quedaron sin ocupar.
Una Facultad que llegó a concentrar cerca de 500 estudiantes entre licenciatura y posgrado hoy exhibe aulas y matrículas en retroceso, mientras la administración central de la UV, absorta en blindar la permanencia de su rector y en repartir posiciones entre incondicionales, mira para otro lado.
La pérdida de Agronegocios Internacionales de la oferta académica no es un detalle menor: fue una carrera construida con gestión y esfuerzo, y su desaparición representa exactamente lo contrario de lo que debería producir una universidad pública en una región 100 por ciento agropecuaria como el sur de Veracruz.
Perder una carrera es perder futuro, y bajo el rectorado de martincito el espurio, perder se ha vuelto costumbre.
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El Laboratorio de Producción Animal y Vegetal y el de Suelos y Bromatología, por ejemplo, reportan falta de operación.
El Sistema de Producción de Aves dejó de funcionar; el módulo bovino —en una región donde la ganadería es columna vertebral de la economía— exhibe una vinculación que no corresponde a su potencial.
Infraestructura pública pagada con recursos de todos los veracruzanos, convertida en cascarón, mientras la Rectoría de martincito el espurioprioriza la gobernabilidad interna del Consejo Universitario General por encima de la pertinencia académica de sus propias facultades.
A esto se suma que, durante los últimos dos años, la FISPA no reporta nuevos convenios de colaboración, después de haber sostenido relaciones activas con municipios como Sayula de Alemán y Acayucan, y con empresas y organizaciones como la Distribuidora de Maquinaria del Sur, la Casa del Migrante y el Frigorífico Miguel Alemán.
Vivir del recuerdo de lo que se construyó antes no es gestión: es inercia, y la inercia, en un rectorado espurio, se disfraza de estabilidad.
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Que al menos diez experiencias educativas (materias o asignaturas) continúen sin profesor asignado, con el semestre ya en marcha, no es un “tropiezo”, estamos hablando de una planeación académica que no funciona y de un valemadrismo galopante.
Los estudiantes de FIPSA —los mismos que la Rectoría exhibe en sus boletines cuando conviene— son quienes cargan con la incertidumbre, las materias incompletas y el desánimo de ver espacios cada vez más vacíos.
Y en medio de ese deterioro, resulta especialmente grave que en la convocatoria reciente para plazas vinculadas a los laboratorios de la propia Facultad no se haya incluido el perfil de Ingeniería en Sistemas de Producción Agropecuaria, pese a que un egresado de ese programa ya había cubierto una de esas posiciones el semestre pasado.
La comunidad tiene derecho a preguntar quién definió esos perfiles, con qué criterios y por qué se excluyó, sin explicación pública, precisamente al perfil que da identidad a la Facultad.
La transparencia no es un favor, es una obligación de cualquier institución pública, y mucho más de una que hoy carga con el desprestigio de una Rectoría cuestionada en su origen.
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Este miércoles 9 de septiembre se conmemora el Día del ISPA, fecha para reconocer la identidad y la aportación de los ingenieros en Sistemas de Producción Agropecuaria.
Pero no tiene sentido celebrar ese perfil profesional un día y, al mismo tiempo, dejarlo fuera de los espacios académicos y técnicos de la propia Facultad que lo formó, sin explicar por qué.
Esto no es, ni debe leerse como, una disputa personal ni una nostalgia por administraciones pasadas, es una comparación obligada entre lo que la FISPA demostró que podía construir y lo que hoy se está dejando perder bajo la mirada indiferente de un rector más ocupado en su jubilación que en garantizar docentes, laboratorios funcionando y convenios vigentes en sus propias facultades.
La Universidad Veracruzana no le pertenece al espurio, le pertenece a sus estudiantes, a sus académicos, a sus trabajadores y a las regiones —como Acayucan— que dependen de ella para sostener su desarrollo.
Cada Facultad que se apaga bajo este rectorado es una raya más en un uniforme que, a fuerza de acumular opacidad, empieza a parecerse más a una lista de pendientes que a una institución de educación superior.
La FISPA ya demostró que puede crecer.
La pregunta, como en el resto de la UV de martincito el espurio, es si alguien en Rectoría tiene todavía la voluntad —o la legitimidad— para dejarla volver a hacerlo.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com




