Salvador Muñoz

Los Políticos


En Movimiento Ciudadano gustan presumir que son “lo nuevo”. Aunque viendo lo que pasa en Veracruz, a veces lo único nuevo parece ser la envoltura, porque adentro siguen funcionando con las mismas grillas, los mismos codazos, los mismos acuerdos en lo oscurito y las mismas patadas debajo de la mesa que tanto critican a los partidos de siempre, sólo que ahora son color naranja.
El diputado local Adrián Ávila Estrada, mejor conocido como El Chino, decidió abrir una puerta que quizá en Movimiento Ciudadano hubieran preferido mantener cerrada. Fue con motivo de la renuncia de Jesús Flores Vázquez, regidor primero de Fortín, quien después de más de una década, decidió mandar al carajo su militancia naranja. Hasta ahí, una baja más. Lo sabroso vino después.
Adrián Ávila publicó un mensaje para despedir a su amigo y, de paso, prácticamente aventó una granada al interior de MC. Dice comprender la decepción de Flores Vázquez por –textualmente– “la arrogancia e indiferencia de la anterior y actual dirigencia estatal”.
¡Sopas! Porque nombres no puso, pero tampoco hacía falta un croquis. La anterior dirigencia estatal fue encabezada por Sergio Gil Rullán. La actual, por Luis Carbonell de la Hoz.
Es decir, un diputado de Movimiento Ciudadano acusa públicamente de arrogantes e indiferentes a quienes han encabezado y encabezan Movimiento Ciudadano.
Eso sí que es hacer oposición desde casa.
Pero hay otra parte del mensaje todavía más sabrosa: Ávila dice que entiende la molestia porque “no se está cumpliendo la vida estatutaria”, además de hablar de exclusión contra quienes “no doblegan su dignidad ni se dejan someter”.
Caray.
Para tratarse del partido que vende alegría, tenis fosfo-fosfo y una política supuestamente distinta, aquello empieza a sonar más a reunión de Alcohólicos Anónimos:
—Hola, soy Adrián y tengo problemas con mi dirigencia.
—¡Hola, Adrián!
El asunto adquiere otra dimensión porque entre el Chino y Luis Carbonell existe un pequeño detalle llamado curul.
Carbonell es suplente de Ávila. De acuerdo a los códigos de MC, El Chino ocuparía la primera mitad de la Legislatura y después dejaría el asiento a Carbonell. Llegó la fecha. Pasó la fecha. Volvió a pasar el camión. Y el Chino sigue sentado.
Carbonell, mientras tanto, dirige MC y contempla desde afuera del Congreso cómo su propietario desarrolla un extraño caso de daltonismo político: llegó vestido de naranja, pero en varias votaciones importantes termina viendo guinda. No es sólo percepción.
Cuando se votó la reforma que modificó el mecanismo para nombrar y remover al titular de la Fiscalía, Movimiento Ciudadano estaba en contra. Elena Córdova votó en contra. Adrián Ávila votó con Morena.
Cuando llegó el momento de nombrar a Lisbeth Yeya Jiménez Aguirre como fiscal general, Elena volvió a votar en contra. Adrián volvió a acompañar a Morena.
Debe ser terrible cuando el voto naranja llega al tablero electrónico y misteriosamente aparece sabor guinda.
Hasta el propio Carbonell bautizó hace meses a Adrián como “constructor de la 4T”.
Y viniendo del dirigente estatal de MC, aquello no sonó precisamente a reconocimiento del empleado del mes. Por eso cobra especial relevancia el mensaje sobre Jesús Flores.
Porque más que una despedida entre amigos, parece un recado.
Uno dirigido hacia afuera, pero con chanfle hacia adentro.
Ávila no acusa a Morena. No acusa al PAN, donde alguna vez militó. No acusa al PRI. Acusa de arrogancia, indiferencia, incumplimiento estatutario y exclusión a las dirigencias de su propio partido. Vaya manera de promover la marca.
Mientras Jorge Álvarez Máynez anda vendiendo en el país la idea de que Movimiento Ciudadano es la alternativa frente a “la vieja política”, en Veracruz sus propios cuadros se encargan de demostrar que las naranjas también saben pudrirse.
Jesús Flores ya tomó una decisión y se fue. Adrián Ávila todavía no. Al menos oficialmente porque políticamente lleva meses dejando pistas. Incluso en junio generó sospechas una iniciativa suya para garantizar derechos a los diputados que se declaren independientes o sin partido. Quizá haya sido una simple preocupación jurídica. Quizá.
Como también puede ser casualidad que critique a la dirigencia de MC, que no haya entregado la curul al dirigente de MC, que haya votado distinto a MC y coincidiendo con Morena, y que ahora defienda públicamente a un amigo que acaba de abandonar MC.
Muchas casualidades empiezan a parecer guardarropa. Así que la pregunta ya no es si el Chino Ávila tiene diferencias con Movimiento Ciudadano. Ésas ya están a la vista.
La pregunta es cuánto tiempo piensa mantener la camisa naranja colgada sobre la guinda.
Ahora sólo falta saber si Adrián Ávila seguirá en Movimiento Ciudadano, si terminará como diputado independiente o si un buen día dejará de jugar a las escondidas y, de una vez por todas… saldrá del clóset el Chino.