Livia Díaz

A diferencia de los grandes enclaves del Caribe, diseñados para el turismo aéreo de alto consumo, el motor de la actividad en Veracruz rueda sobre pavimento. Seis de cada diez visitantes nacionales ingresan a la entidad por carretera, procedentes principalmente de la Ciudad de México, el Estado de México, Puebla, Hidalgo, Oaxaca y Jalisco. Ese viaje terrestre convierte al territorio veracruzano en un destino idóneo para la escapada de fin de semana, pero también expone una marcada disparidad económica. De acuerdo con la Encuesta de Viajeros Internacionales realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el turista que ingresa al país por vía aérea desembolsa un gasto promedio de mil 157.76 dólares, mientras que el viajero que se desplaza por vía terrestre registra un gasto medio de 353.19 dólares. La diferencia en el impacto monetario entre ambos esquemas de viaje supera la proporción de tres a uno.

Aunque el ocio y las vacaciones motivan el 74.1 por ciento de los desplazamientos, existe un 21.8 por ciento de viajes impulsados exclusivamente por la visita a familiares o amistades. Esta variante de turismo nostálgico y de reencuentro adquiere un peso determinante en las comunidades de las Altas Montañas y en el sur de la entidad, donde la huella migratoria hacia el extranjero es profunda. Quienes viajan por afecto o parentesco suelen pernoctar en viviendas particulares durante estancias prolongadas, generando una derrama económica directa en los sectores de servicios, el transporte local y el comercio tradicional de barrio. Si bien estos visitantes inyectan recursos a la economía local, sus pernoctaciones no alimentan los libros de la hotelería comercial ni los registros de ocupación tradicional. Por su parte, los establecimientos de hospedaje concentran sus picos de demanda en periodos vacacionales específicos, alcanzando en el corredor turístico Veracruz-Boca del Río niveles del 81 por ciento de ocupación en temporadas de alta afluencia como Semana Santa.

El carácter familiar de la estancia en territorio veracruzano se confirma en el comportamiento de los visitantes a los recintos culturales reportado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. En los museos del estado, mil 759 personas asistieron en compañía de su familia, 608 acudieron con amigos o conocidos, 414 en pareja y únicamente 96 en grupos de compañeros de trabajo. En paralelo, los desplazamientos motivados por escalas o reuniones de negocios representan apenas el 2.9 por ciento del total de los motivos de viaje hacia la entidad.

El segmento extranjero abarca únicamente entre el seis y el siete por ciento del flujo turístico total que llega a Veracruz. En el acumulado de 2024, las terminales aéreas del estado contabilizaron 905 mil 080 pasajeros, lo que significó un incremento del 12.2 por ciento en comparación con los niveles registrados en 2019. Para enero de 2025, la captación de turistas internacionales en la entidad registró un crecimiento del 106.8 por ciento respecto al mismo mes de 2019. En cuanto al origen del visitante exterior que arriba a Veracruz, Estados Unidos encabeza las llegadas con el 59.1 por ciento del mercado, seguido por América del Sur y el Caribe con el 14.5 por ciento, y Canadá con el 11.6 por ciento. Asimismo, el perfil demográfico muestra que las mujeres representan el 51.8 por ciento del segmento de turismo no fronterizo que recorre los destinos culturales y naturales de la región.

En el contexto nacional, México recibió 20.6 millones de turistas internacionales por vía aérea en 2025, de los cuales 13.7 millones provinieron de Estados Unidos y 2.8 millones de Canadá. Encuentros culturales masivos en la entidad, como la Cumbre Tajín, llegaron a registrar más de 20 mil personas en su primer día de actividades. En ese escenario global y nacional, la meta local no compite con los grandes desarrollos de sol y playa del país, sino que responde a su propia dinámica social y económica.