Pepe Cortés
Durante años nos prometieron un sistema público de salud como el de Dinamarca. Desapareció el Seguro Popular, crearon el INSABI, después desapareció el propio INSABI y finalmente llegó IMSS-Bienestar. Cambiaron nombres, instituciones y modelos. Los problemas permanecieron.
CONEVAL documentó que la carencia de acceso a servicios de salud en México pasó del 16.2 por ciento en 2018 al 39.1 por ciento en 2022. En Veracruz, ese año alcanzó el 49.2 por ciento de la población, alrededor de cuatro millones de personas. Después de tantos anuncios de transformación, seguimos hablando de medicamentos, material de curación, especialistas, equipos e infraestructura.
En Veracruz tampoco puede recurrirse eternamente al pasado. Cuitláhuac García gobernó de 2018 a 2024 con Morena y Rocío Nahle recibió el gobierno el 1 de diciembre de 2024, también surgida de Morena. Han transcurrido alrededor de 21 meses. Si Cuitláhuac dejó problemas, había que corregirlos; si aparecieron durante esta administración, había que prevenirlos. El retrovisor ya no alcanza.
Hay continuidad hasta en los nombres. Roberto Ramos Alor fue secretario de Salud durante el gobierno de Cuitláhuac y hoy es coordinador estatal de IMSS-Bienestar. Conoce desde hace años el sistema sanitario veracruzano, sus hospitales y sus problemas.
Las señales tampoco aparecieron ayer. En mayo, el propio gobierno informaba que el abasto de medicamentos se mantenía por encima del 90 por ciento. Pero el 2 de septiembre la gobernadora encabezó una reunión para atender reportes sobre faltantes de insumos y material de curación; el 17 de septiembre inició personalmente un recorrido por los 61 hospitales del estado para revisar condiciones, medicamentos, material y equipo.
Que la gobernadora visite los hospitales es positivo. Lo preocupante es que tenga que hacerlo para conocer aquello que toda una estructura administrativa debía saber, informarle y resolver antes. Una gobernadora no puede supervisar personalmente cada hospital. Para eso tiene un gabinete.
Aquí las responsabilidades tienen nombre. Mariela Hernández García es secretaria de Salud y su dependencia conserva la rectoría de la política sanitaria, aunque los hospitales sean operados por IMSS-Bienestar. Si los faltantes eran conocidos, alguien debía atenderlos; si no se conocían, alguien debía detectarlos; si fueron reportados y no se actuó, alguien debía explicar qué ocurrió.
Alguien no hizo su trabajo. Cuando quienes deben supervisar no supervisan, quienes deben advertir no advierten y quienes deben resolver no resuelven, los ciudadanos pueden preguntarse si están frente a funcionarios inútiles, ineptos o inexpertos para las responsabilidades que recibieron. Un gabinete no está para la fotografía. Está para gobernar.
Existe además una vieja enfermedad del poder. Mientras más arriba llegan algunos gobernantes, más difícil parece que escuchen lo que ocurre abajo. A veces se vuelven sordos; otras, se rodean de aduladores que les dicen exactamente lo que quieren escuchar. El porcentaje sustituye al paciente, el informe al médico y la presentación al hospital, hasta que la realidad rompe la burbuja.
¿Quién le dijo entonces a la gobernadora que todo estaba bien? La propia Nahle explicó esta semana que decidió supervisar directamente porque los reportes de los hospitales pueden quedarse cortos o excederse respecto de la situación real. Esa declaración vuelve todavía más pertinente la pregunta: ¿qué información está llegando hasta el despacho de la gobernadora?
Y los medios no crean un problema por transmitirlo. Un periodista no provoca la falta de medicamentos por documentarla, ni un médico genera una carencia por denunciarla. Los medios pueden equivocarse y cualquier gobierno tiene derecho a desmentirlos con datos. Pero atacar al mensajero no llena un anaquel ni consigue el medicamento que necesita un paciente.
Todo esto nos lleva al dinero. Cuidarlo no significa solamente gastar menos, sino establecer prioridades. La cultura importa y los festivales, conferencias y espectáculos pueden tener un lugar, pero un festival puede esperar, una conferencia puede esperar y un espectáculo puede esperar. Una cirugía no. Un medicamento tampoco.
Primero deben estar medicamentos, material quirúrgico, médicos, especialistas, equipos funcionando e instalaciones adecuadas. Después puede discutirse todo lo demás. No existe contradicción entre cuidar el dinero y cuidar la salud: precisamente porque se cuida el dinero público, debe ponerse primero donde puede proteger una vida.
La gira por los hospitales puede ser útil, pero debería servir para algo más que revisar anaqueles, equipos e instalaciones. También para preguntar quién sabía, quién informó, quién debía resolver y quién no hizo su trabajo.
Y si para conocer la realidad de los hospitales Rocío Nahle tuvo que salir personalmente a buscarla, quizá tenga que revisar algo más que medicamentos e insumos.
También debería revisar a su equipo.
@pepecortesmx
Economista y abogado por la UV, con estudios de posgrado en Administración Pública y Control y Fiscalización. Coordinador de Acción Digital en el CDE PAN Veracruz. Consejero estatal y miembro de la Comisión Permanente de Acción Nacional en Veracruz; exdirector general de Vinculación y Coordinación Hacendaria de la SEFIPLAN.




