Elena Córdova Molina
Una Alteña legisla contigo
Estos días, al ver a madres y padres de familia de la Torre Pediátrica denunciar la falta de medicamentos e insumos y el retraso de cirugías, inevitablemente pensé en mi propia familia.
Mi mamá murió de cáncer. Se atendió en hospitales públicos y mis hermanas y yo la acompañamos durante su enfermedad. Sé lo que significa que, además del miedo de perder a alguien que amas, tengas que preocuparte por conseguir lo necesario para continuar un tratamiento. También vi cómo una enfermedad así trastoca la tranquilidad de una familia, cambia por completo su vida y puede ir acabando con su patrimonio. Hay recuerdos que el tiempo acomoda, pero no borra.
En mi tierra, como en muchas partes de Veracruz, crecimos escuchando que “el tiempo lo cura todo”. Lo decían nuestros padres y nuestros abuelos para casi cualquier pena y, muchas veces, tenían razón. Pero hay cosas que el tiempo no cura. El cáncer es una de ellas.
A mí me dolía profundamente ver sufrir a mi mamá, una mujer de 51 años que ya había recorrido una parte de su vida. No alcanzo a imaginar lo que siente una madre o un padre cuando quien está en esa cama es su niña o su niño, apenas empezando a vivir.
Hay cosas que el Estado no puede evitar. No puede quitar el miedo ante un diagnóstico ni el dolor de ver enfermo a alguien que amas. Pero sí puede evitar que a todo eso se sume la angustia de no saber si habrá medicamentos, estudios o atención para continuar un tratamiento. Eso le toca al Estado.
Hace 642 días presenté en el Congreso de Veracruz una iniciativa para garantizar desde nuestra Constitución la atención integral de las niñas, niños y adolescentes con cáncer. Para el Congreso pueden ser sesiones, periodos, turnos y dictámenes pendientes. Para una familia con un niño enfermo, el tiempo significa otra cosa: mañanas despertando con la misma preocupación.
La iniciativa busca que la atención integral e inmediata de las niñas, niños y adolescentes con cáncer sea un derecho. No una promesa ni un programa que mañana pueda desaparecer: un derecho. Y no estamos hablando de algo imposible. Nuevo León y Jalisco ya han avanzado con modelos para atender el cáncer infantil y proteger a las familias frente a los gastos que provoca la enfermedad. Si allá encontraron cómo hacerlo, en Veracruz también podemos.
Por eso cuesta entender que hayan pasado casi dos años sin que esta iniciativa sea aprobada. Se puede discutir, corregir y enriquecer. Para eso están las comisiones y para eso estamos quienes integramos el Congreso. Lo que no deberíamos hacer es dejarla esperando.
Porque mientras una iniciativa espera en un escritorio, el cáncer no espera con ella.
Quizá quienes hacemos política nos hemos acostumbrado demasiado a medir el tiempo en periodos legislativos. Afuera del Congreso, el tiempo tiene otra medida. Una mamá no está pensando cuándo inicia el siguiente periodo de sesiones; está pensando en la siguiente quimioterapia de su hijo. Y eso debería bastarnos para entender la urgencia.
No quiero que esta iniciativa se apruebe porque lleve mi nombre. Eso es lo de menos. Quiero que se apruebe para que, ante un diagnóstico de cáncer infantil, una familia pueda concentrar todas sus fuerzas en acompañar a su hija o a su hijo, y no en pelear por medicamentos, estudios o tratamientos.
Sé lo que esta enfermedad puede hacer con quienes acompañamos a alguien que amamos. Tal vez por eso sigo insistiendo.
Porque con el tiempo aprendí que aquel dicho que escuchaba desde niña no siempre tiene razón.
Hay cosas que necesitan tiempo para sanar. Y hay otras que no pueden esperar.
Elena Córdova
Diputada Local




