Elena Córdova
Una Alteña legisla contigo
El viernes, mientras escuchaba en el Congreso una iniciativa sobre presupuesto participativo, hubo un momento en que pensé: “esto me suena conocido”.
Y sí. Desde febrero presenté una propuesta sobre ese mismo tema: que la gente pueda participar en la decisión de una parte de los recursos de su municipio y decir qué hace falta en su colonia o comunidad, qué obra considera prioritaria o dónde debería invertirse el dinero público.
Han pasado más de siete meses y esa iniciativa sigue sin avanzar.
Lo curioso es que ahora una diputada de Morena, quien además preside la comisión donde se encuentra mi propuesta, presentó una iniciativa semejante.
Por eso hice el señalamiento. Y no fui la única. Otros legisladores se sumaron porque ya existen antecedentes de lo que hemos denunciado como plagio legislativo: propuestas de la oposición que se quedan en la congeladora y después reaparecen, con algunas modificaciones, bajo otra autoría de Morena.
Pero después de todo el ruido del viernes me quedó una reflexión mucho más importante:
Mientras nosotros discutimos de quién es una iniciativa, la gente sigue esperando lo que esa iniciativa podría resolver.
Si desde febrero se hubiera estudiado la propuesta de presupuesto participativo, quizá hoy estaríamos hablando de cómo hacer realidad esa participación en los municipios de Veracruz, en lugar de discutir quién se queda con la autoría.
Y ahí dejamos de hablar de un problema entre diputados.
Porque cuando una buena propuesta se detiene por venir de alguien que piensa distinto, quien pierde no es el diputado que la presentó. Pierde la gente que pudo haberse beneficiado de ella.
Hace casi un año presenté otra iniciativa justamente por eso: para poner plazos y evitar que las propuestas puedan quedarse indefinidamente sin respuesta.
No se trata de aprobar por aprobar. Habrá ideas que puedan mejorarse y otras que simplemente no sean viables. Lo que no debería ocurrir es que se queden detenidas durante meses sin siquiera resolverlas.
Y aquí hay algo que pocas veces se alcanza a ver desde afuera del Congreso.
Morena tiene hoy una mayoría que le da un enorme poder para decidir lo que avanza y lo que no. Pero tener más votos también significa tener una responsabilidad mayor.
Porque una mayoría no debería servir para cerrar la puerta a las ideas de quienes piensan distinto. Mucho menos para dejar una propuesta esperando hasta que resulte conveniente presentarla con otro color.
Las buenas ideas deberían importar por lo que pueden cambiar, no por el partido de quien las presenta.
Para mí, ahí está buena parte del sentido de ser diputada: escuchar lo que pasa afuera, llevar esos problemas al Congreso y buscar desde la ley cómo podemos resolverlos.
En mi tierra crecí escuchando aquello de que “obras son amores y no buenas razones”. Nuestros abuelos tenían una manera muy sencilla de explicar cosas que a nosotros a veces nos toman discursos enteros.
En el Congreso también aplica.
Podemos presentar muchas iniciativas, defender colores o discutir quién tuvo primero una idea. Pero al final nuestro trabajo debería medirse por lo que somos capaces de cambiar.
Porque las buenas ideas no tienen colores. Y mucho menos deberían necesitar cambiar de color para convertirse en soluciones.
Elena Córdova
Diputada Local




