Salvador Muñoz
Los Políticos
A Cuitláhuac García le bastaron dos palabras para que el corazón se le saliera por la boca: “Nuestro Presidente”.
Estaba frente a una pantalla, mirando el nuevo video de Andrés Manuel López Obrador, y el exgobernador de Veracruz no pudo contener el entusiasmo. Sonrisa, emoción y esa mirada de huevitos cocidos en el mero hervor.
“Aquí viendo el nuevo video de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador sobre la historia de México y sus transformaciones. A algunos les va a arder… pero la historia no se puede borrar”, escribió Cuicáras… Y sí ardió pero no necesariamente por la historia. Fue por el posesivo… “Nuestro”.
Andrés Manuel López Obrador dejó de ser Presidente de México hace dos años y la Presidenta se llama Claudia Sheinbaum Pardo. Pequeñísimo detalle. Ligerísimo… Sobre todo para alguien que forma parte del gobierno federal.
Claro, tampoco exageremos. Nadie va a acusar a Cuitláhuac de insurrección palaciega por un pronombre posesivo. Mucho menos de desconocer a Claudia Sheinbaum, pero tampoco hay que desperdiciar esos maravillosos momentos en los que la lengua llega antes que el protocolo.
Porque Cuitláhuac pudo decir “el expresidente López Obrador”.
Pudo decir “nuestro expresidente”.
Pudo decir simplemente “Andrés Manuel”. Pero dijo: “Nuestro Presidente” para exhibir que hay cargos que se terminan, sexenios que concluyen, presidentes que entregan la banda presidencial… y afectos que no conocen fecha ni calendario.
Cuitláhuac podrá cobrar en el gobierno de Claudia, pero por unos segundos quedó claro dónde guarda el corazón. En La Chingada.
Y justo por allá apareció Andrés Manuel López Obrador para presentar su nuevo libro, “Pueblo”. Originalmente pensaba llamarlo “Gloria”, pero finalmente decidió cambiar el nombre porque, según explicó, en una democracia el que manda es el pueblo. El volumen complementa “Grandeza”, su libro anterior.
De la Grandeza a la Gloria y de la Gloria al Pueblo.
Casi una ruta política. O religiosa. Depende de quién esté mirando la pantalla porque viendo a Cuitláhuac contemplar a López Obrador, más que la presentación de un libro parecía la espera del Mío Cid.
El líder retirado que vuelve a cabalgar aunque jure que ya colgó la espada.
AMLO insistió en su mensaje en que está jubilado de la política y rechazó ser “jefe máximo” o “poder tras el trono”. Incluso elogió ampliamente a Claudia Sheinbaum.
El problema no parece estar entonces en López Obrador. Está en sus fieles.
Porque mientras el hombre dice que ya no manda, todavía hay quienes lo miran aparecer en una pantalla y espontáneamente lo llaman: “Nuestro Presidente”.
Y la reaparición tampoco ocurre en cualquier momento. Se da cuando The New York Times reporta que dos agencias estadounidenses analizan señalamientos relacionados con Andrés Manuel López Beltrán, Andy, hijo del expresidente. Hay que subrayarlo: de acuerdo con lo publicado, no existe una investigación formal abierta ni una acusación formal en su contra. Pero el ruido está ahí. Y vaya ruido.
AMLO reaparece, presenta Pueblo, habla de historia, de Estados Unidos, de su movimiento, de su retiro… pero no de Andy.
Mientras tanto, Cuitláhuac mira la pantalla esperanzado.
Quizá porque percibe que Morena empieza a entrar en esa etapa donde todos dicen estar unidos mientras cuentan cuántas candidaturas les corresponden.
Quizá porque 2027 ya está encima y las tribus empiezan a acomodarse.
Quizá porque algunos morenistas siguen encontrando en López Obrador algo que ninguna dirigencia partidista ha podido sustituir: el punto de reunión. El patriarca. El Mío Cid de Macuspana. No importa que desde La Chingada diga que está retirado. Sus soldados todavía voltean hacia allá. Y entre ellos está Cuitláhuac. Con una diferencia: a él se le salió decirlo.“Nuestro Presidente”.
Quizá fue sólo una expresión coloquial. Quizá una costumbre de seis años. Quizá un afecto que sobrevivió al sexenio. O quizá Freud tenía razón y a veces los lapsus dicen aquello que uno procura acomodar mejor cuando tiene tiempo de pensarlo.
Aunque tampoco exageremos.
A veces un puro es solamente un puro.
Y otras veces… es un “Tontejazo”!




