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Andrés Manuel López Obrador reapareció desde Palenque. No para explicar los escándalos que rodean a personajes de su movimiento. No para responder por los cuestionamientos que alcanzan a su círculo familiar. No para hablar de los resultados pendientes de su gobierno.

Reapareció para presentar un libro.

Se llama “Pueblo”.

Y quizá no había título más irónico para el momento que atraviesa la llamada Cuarta Transformación.

Porque mientras López Obrador habla del pueblo, hay millones de mexicanos que todavía pueden hablar de hospitales sin médicos suficientes, de inseguridad, de extorsión, de desaparecidos y de un Estado que sigue teniendo enormes pendientes.

Los números no tienen militancia.

El propio gobierno reportó que al cierre de 2024 el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público llegó a 17.43 billones de pesos, equivalente a 51.4% del PIB. En 2018 era 43.6%. Son 7.8 puntos porcentuales más.

Y 2024 cerró con un déficit presupuestario de 4.9% del PIB, contra 3.4% en 2023.

En seguridad tampoco hay literatura que borre las estadísticas: INEGI registró preliminarmente en 2024 una tasa de 25.6 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Y en salud, CONEVAL reportó que en 2022 50.4 millones de mexicanos presentaban carencia de acceso a servicios de salud.

Ese es el pueblo real.

No el pueblo convertido en personaje literario.

Y mientras el expresidente escribe sobre la grandeza de su proyecto, los nombres de su entorno siguen apareciendo en reportes periodísticos que exigen explicaciones.

Sobre Andy López Beltrán, The New York Times reportó que agencias estadounidenses analizaban posibles vínculos con crimen organizado y contrabando de combustible. Pero hay que ser precisos: no se ha acreditado públicamente una investigación formal en su contra y la FGR mexicana ha negado que exista una investigación por huachicol fiscal.

Sobre Jorge Amílcar Olán, existen reportes periodísticos sobre sus negocios, su cercanía con los hijos del expresidente y su actual estancia en Suiza. La propia presidenta Sheinbaum ha señalado que corresponde a la Fiscalía determinar si existen elementos para investigar.

Precisamente por eso la pregunta sigue siendo válida:

¿Dónde están las explicaciones?

Porque una cosa es que no exista todavía una sentencia y otra muy distinta es pretender que las preguntas desaparecen porque el protagonista publicó un libro.

Y aquí viene lo verdaderamente interesante.

López Obrador dice estar retirado de la política.

Dice que no es “jefe máximo” ni “poder tras el trono”.

Pero acaba de reaparecer para presentar una obra que pretende completar la doctrina política de la Cuarta Transformación y, además, se la dedica a Claudia Sheinbaum, a quien llama “la mejor presidenta del mundo”.

¿Retiro?

Formalmente, sí.

¿Distanciamiento político?

Eso ya es otra discusión.

Porque dedicarle al presidente en turno un libro que busca explicar y consolidar el legado ideológico del movimiento que fundaste puede leerse como un gesto de respaldo, pero también como una manera de mantenerte presente como referente de ese proyecto.

Y ahí está la verdadera paradoja para Claudia Sheinbaum.

Ella es la Presidenta de México.

No la administradora del legado personal de López Obrador.

Si quiere construir su propio gobierno, tendrá que gobernar con sus propios resultados, sus propias decisiones y, sobre todo, con su propia responsabilidad política.

Porque el pasado no se administra con dedicatorias.

Y los problemas de México tampoco se resuelven escribiendo “Pueblo” en la portada.

Al pueblo se le habla con resultados.
Al pueblo se le responde con cuentas.
Y al pueblo, sobre todo, no se le puede pedir memoria selectiva.

AMLO ya escribió su versión de la historia.

Ahora falta algo mucho más difícil:

que la realidad esté de acuerdo con ella.