Pepe Cortés

Brasil habló en las urnas y el mensaje trasciende sus fronteras. Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta de la elección presidencial con 47.03 por ciento de los votos válidos, 56 millones 104 mil 268 sufragios, frente al 45.16 por ciento y 53 millones 876 mil 617 votos obtenidos por Luiz Inácio Lula da Silva. La Presidencia todavía no está decidida y habrá segunda vuelta el próximo 25 de octubre, pero el primer dato político es contundente: la derecha terminó adelante.

Sería simplista explicar más de 56 millones de votos solamente por un apellido. Brasil llegó a las urnas discutiendo inseguridad, costo de vida, corrupción, endeudamiento y economía. Detrás de esos problemas existe, además, un debate sobre el tamaño del Estado y sus límites frente al ciudadano. Lula ha mantenido una política económica de mayor intervención estatal, inversión pública y gasto para estimular la economía y atender necesidades sociales que, a mi juicio, tiene claros rasgos keynesianos. El problema aparece cuando llega la cuenta. No existe gasto público gratuito: cada programa, subsidio o nueva obligación se financia con impuestos, deuda o recursos que dejan de utilizarse en otra cosa. La estimación preliminar del Tesouro Nacional brasileño situó la carga tributaria de 2025 en 32.40 por ciento del PIB, el nivel más alto desde que comenzó esta serie, en 2010, mientras que la deuda bruta del gobierno general, superior al 82 por ciento del PIB, mantiene abiertas las preocupaciones fiscales. La pregunta es inevitable: ¿cuánto Estado queremos y cuánto estamos dispuestos a pagar para sostenerlo?

Ahí encontramos una de las grandes diferencias entre izquierda y derecha. Históricamente, la izquierda ha depositado mayor confianza en la intervención estatal, la redistribución y el gasto público; la derecha pone mayor énfasis en la propiedad privada, la responsabilidad individual, la iniciativa empresarial, los impuestos razonables y la disciplina fiscal. Pero el contraste no termina en la economía. Familia, aborto, políticas de género, drogas, educación, seguridad, autoridad y libertad religiosa forman parte de una batalla cultural que algunos consideraron superada y que sigue presente. No podemos afirmar que todos los brasileños que votaron por Bolsonaro lo hicieron por estas razones, porque un voto responde a múltiples factores, pero tampoco podemos ignorar que los valores siguen formando parte de las decisiones políticas.

Economía, seguridad y valores terminan encontrándose en una misma palabra: libertad. Libertad para trabajar, invertir, emprender y disfrutar del fruto del propio esfuerzo; para disentir, expresarse, organizarse y poner límites al poder; para que las personas y las familias tomen sus propias decisiones. No se trata de desaparecer al Estado, sino de establecer sus límites. Necesitamos instituciones fuertes que garanticen seguridad, justicia y servicios públicos, pero también gobiernos que recuerden que están al servicio de las personas.

Brasil inevitablemente nos obliga a mirar hacia México. Aquí también discutimos inseguridad, impuestos, gasto público, propiedad, educación, familia, libertad de expresión y concentración del poder. Quienes formamos parte de Acción Nacional tenemos una responsabilidad particular: construir, desde nuestros principios y nuestra identidad, la principal alternativa de derecha frente a Morena. Creemos en la dignidad de la persona, la propiedad privada, el emprendimiento, el Estado de derecho, la democracia, la vida, la familia y el bien común. Creemos también que cada peso que utiliza el gobierno debe administrarse con responsabilidad, porque antes de convertirse en dinero público fue producto del trabajo de alguien.

La discusión de fondo es cuánto poder queremos entregar al gobierno y cuánto queremos conservar los ciudadanos sobre nuestro patrimonio, nuestras decisiones y nuestras vidas. Brasil aún no define a su presidente, pero ya colocó estas ideas en el centro del debate latinoamericano. Detrás de la economía, los impuestos, la seguridad, los valores y los límites al poder existe una aspiración que los conecta a todos: vivir con mayor libertad. Un Estado fuerte frente al crimen, pero limitado frente al ciudadano.

@pepecortesmx

Economista y abogado. Consejero estatal del PAN Veracruz y Coordinador estatal de Acción Digital.