Salvador Muñoz
Los Políticos
El caso de Lady Croquis no sólo ha llamado la atención a nivel nacional, sino que hasta se dio el lujo de colarse a la Sala de Banderas de Palacio de Gobierno en Veracruz.
La misma mandataria estatal declaró que habrá de pedir a la titular de Educación que se restituya en el aula al profe de Martínez de la Torre, acusado por una madre de familia por lindezas como el acoso, a raíz de una tarea que terminó dando origen al fenómeno bautizado en redes como “Lady Croquis”.
Si bien las intenciones de la Gobernadora están cargadas de sentido común, como las de cualquier ciudadano con dos dedos de frente –se exceptúa a Ricardo Ahued… él es mano de frente–, a mi parecer, declarar que va a pedir a Raquel Bonilla, titular de la SEV, que el maestro sea restituido en su aula, no necesariamente entra en sus facultades como mandataria estatal… y menos cuando hay una denuncia de por medio.
Sí, el caso parece bastante sencillo desde la óptica de quienes conocemos la historia por las redes sociales, pero hay que cuidar las formas… porque si no, acabaríamos en un asunto casi monárquico donde “su palabra es la Ley”, dixit José Alfredo Jiménez.
Ahora, Lady Croquis vuelve a poner en el escenario un fenómeno que desde hace tiempo viene creciendo en el ámbito docente: la actividad magisterial se torna cada vez más peligrosa.
Ya no es sólo por esos cobros de piso que durante un tiempo fueron recurrentes entre maestros de zonas rurales; ya no son únicamente las amenazas de alumnos y el creciente temor de que un día de éstos un hijo de la generación de cristal, ofendido porque el mundo no se adaptó a sus emociones, llegue al salón y descargue sus frustraciones contra compañeros y maestros; ya no es solamente la amenaza del padre o la madre porque la bendición se “sintió” cuando le llamaron la atención… Ahora está también la amenaza de ser estigmatizado por algún alumno o tutor –o ambos– bajo una acusación de acoso sexual.
¿Junto con el periodismo hemos de empezar a considerar la docencia como una de las actividades más peligrosas de ejercer en Veracruz o en el país?
Y súmele otro ingrediente: los grupos de WhatsApp de padres de familia, esas modernas salas de juicio donde basta un comentario para iniciar la hoguera. Un mensaje puede convertirse en la génesis para acusar, juzgar y condenar a cualquiera: otro tutor, un maestro o hasta un infante. Ahí no hacen falta pruebas, peritajes ni derecho de audiencia; bastan un celular, indignación y datos móviles.
No digo que Lady Croquis no deba proteger a su hija. Claro que debe hacerlo. Lo que tampoco se vale es brincar de la protección al linchamiento, de la sospecha a la sentencia y de ahí a un “Canoa” versión WhatsApp.
La respuesta del magisterio a favor del profesor acusado fue extraordinaria… de víctima a héroe, casi casi. Mientras tanto, Lady Croquis hizo el recorrido inverso: de acusadora a villana.
Y no debe extrañar la reacción de los docentes. No hace mucho, un maestro acusado por una alumna decidió quitarse la vida ante el peso de la condena social que implica quedar estigmatizado de ese modo.
Quizás por eso cobra sentido la iniciativa del diputado Reveriano Marín, que busca proteger a los maestros ante señalamientos que pueden llevarlos a una condena inmediata, pública y profesional, sin siquiera darles oportunidad de defenderse.
Porque una cosa es proteger a los alumnos –obligación absoluta– y otra convertir una acusación, por sí sola, en sentencia. Ni impunidad para quien abuse de un estudiante ni patíbulo para quien todavía no ha sido encontrado responsable.
La madre de familia que acusó a un maestro por encargar una tarea obtuvo sus quince minutos de fama… y todo por un croquis.
Ojalá este caso repercuta de la mejor manera; que se investigue lo que se tenga que investigar y, si no existe responsabilidad, que el profe vuelva a su aula.
Y ya encarrerados, que nuestros políticos también hagan la tarea y dibujen su propio croquis… A ver si así algunos logran ubicarse y descubren hasta dónde llegan –y dónde terminan– sus facultades.




