Salvador Muñoz
Los Políticos
Los distritos de Coatepec, tanto el federal como el local, tienen una peculiaridad: sus representantes pertenecen al PT, pero el partido no tiene actualmente un solo ayuntamiento bajo sus siglas. Los alcaldes que llegaron con la camiseta petista se la cambiaron luego-luego por la de Morena… igualito que ocurrió en la Legislatura local.
Más que formar cuadros, el PT parece administrar una sucursal de entregas: pone las candidaturas y Morena recoge la mercancía.
Por eso, habría que tomar con pinzas aquello de que el Partido del Trabajo “ganó” los distritos de Coatepec. Una lectura bastante extendida es que la gente votó por Morena y el PT apareció en el recibo.
Así que quienes ya guardaron ambos distritos en la bolsa petista deberían revisar primero si la bolsa no es prestada.
En el Verde legislativo, al menos, parece que no dan por escriturado Coatepec al PT. Ahí tienen a su gallo, o mejor dicho, a su tucán: Carlos Marcelo Ruiz Sánchez, quien podría apostarle a la diputación federal o a la local, según cuál se acomode.
Eso sí: esta vez tendría que medirse en las urnas. Qué costumbres tan incómodas tiene a veces la democracia.
El pequeño inconveniente es que, según se comenta en la dirigencia esmeralda, no le ven patas ni alas suficientes para ganar, incluso colgado del efecto Morena. Son otros tiempos, otras circunstancias y, sobre todo, otros vecinos, porque Carlos Marcelo tendría pendiente una prueba elemental: la del vecindario. Antes de preguntar si votarían por él, habría que preguntar si lo conocen. No vaya a ser que el encuestador termine dando más referencias que el propio aspirante.
Quizás por eso también mantiene encendida su veladora Paul Martínez Marie, quien desde hace rato sueña con una mullida curul en San Lázaro.
Si ésa sigue siendo su intención, uno supondría que ha hecho talacha de territorio y escritorio para salir bien en las encuestas. Aunque falta saber si también trabajó las relaciones en el Altiplano, porque en estos asuntos no basta con caminar las calles: hay que saber a qué puerta tocar y algunas puertas pesan más que un distrito completo.
De esas relaciones puede hablar Adrián González Naveda, quien tiene cercanía con el Profe Anaya. El problema es que una buena palanca no necesariamente levanta una candidatura cuando trae tanto equipaje.
Entre los obstáculos que le señalan están su poca aceptación en sectores del morenismo veracruzano y el encasillamiento en el huertismo. Tampoco le perdonan aquel video en el que cuestionó la reforma electoral propuesta por la presidenta Sheinbaum.
A eso se suman versiones sobre una relación áspera con sus colaboradores. Según la carrilla, sólo Christopher lo aguanta; de ahí que ya circule el apodo de “Agrián”.
Pero el inconveniente mayor podría ser otro: que Morena esta vez no quiera cederle Coatepec al PT. Y si no hay distrito, de poco sirve tener padrino. Hasta para hacer un bautizo se necesita criatura.
Sin hacer demasiado ruido aparece Fernando Martín González Vieyra: para unos, El Adelito; para otros, El Inge.
De entrada, ofrece algo que los anteriores difícilmente pueden presumir: no provocar el suspiro de “¿otra vez éste?”.
Su perfil profesional y su experiencia de trabajo, tanto de escritorio como de campo, le permiten plantear una diferencia: para mandar, primero hay que saber cómo se hacen las cosas. Una extravagancia, sin duda, en un ambiente donde algunos apenas aprenden a firmar y ya quieren que les rindan cuentas.
El Inge es un morenista que se mueve en el Altiplano y en otras regiones del país; conoce de carreteras, caminos y presupuestos. Su carta es el trabajo profesional fuera de la política, lo que también marca distancia frente a quienes parecen necesitar una candidatura para mantener actualizada su ocupación.
Claro: ser cara nueva no entrega por sí solo una constancia de mayoría. Tendrá que construir respaldo. Pero tampoco cargar con el desgaste de los mismos de siempre es poca cosa.
Así las cosas, el PT podría ver cada vez más lejos su sueño de cambiarle el nombre al Pueblo Mágico por CoaPeTec. Antes de modificar el letrero de entrada, tendría que detener la salida de los suyos.
Porque, con “Agrián” como una de sus principales cartas, falta ver si le alcanza para ganar una elección o apenas para completar la mesa.
Carlos Marcelo, por su parte, podría encontrar más hospitalario el camino de otra pluri. En Coatepec primero tendría que conseguir que lo identifiquen; ya después vendría ese trámite, tan engorroso, de convencerlos.
Y Paul tendrá que demostrar que su aspiración a San Lázaro tiene algo más que buena postura para sentarse.
El juego, entonces, parece estar en Morena: abrirle espacio a un perfil nuevo o volver a sacar del clóset al candidato de siempre, con la etiqueta de “renovación”.




