Salvador Muñoz

Los Políticos

En Veracruz, los presidentes municipales duran cuatro años, pero hay algunos que encuentran la manera de estar presente mucho después de haberse ido. Ramón Poo es un buen ejemplo. Dejó la alcaldía de Veracruz hace años, pero algunas decisiones tomadas durante su administración siguen vivitas, coleando… y cobrando!

Una por el agua. La otra por la luz. Nomás faltó concesionar el aire!

Hoy, Rosa María Hernández Espejo tiene abiertos dos frentes que, curiosamente, llevan inevitablemente hacia aquella administración priista: Grupo MAS y Wardenclyffe.

El primero es conocido hasta por quienes no tienen agua. En 2015 se abrió la puerta al esquema que terminó entregando durante 30 años los servicios de agua potable, drenaje, alcantarillado y saneamiento a Grupo MAS. Treinta años! Hay matrimonios que no sobreviven ni al primer recibo del agua y Veracruz firmó una relación para tres décadas.

La promesa era la de siempre: inversión, eficiencia, modernización y mejor servicio. Años después, los usuarios tienen su propia evaluación del romance: Quejas por tarifas, cortes, fugas, calidad del agua y atención deficiente han acompañado prácticamente toda la existencia de la concesionaria. Ahora Rosa María decidió llevar la relación a tribunales.

Su Ayuntamiento denunció ante la Fiscalía posibles delitos de administración fraudulenta y fraude en grado de tentativa, y pidió investigar, entre otras cosas, pagos por 176.7 millones de pesos realizados durante 2024 y 2025 a empresas relacionadas con Acciona… pero hay un número todavía más bonito: Grupo MAS pretendía cobrar una cartera de 2 mil 660 millones de pesos a más de 82 mil familias. Sí. Dos mil 660 millones. Hasta sed da leerlo!

Y mientras Rosa María intenta cerrar esa llave, abrió otro expediente. El de Wardenclyffe.

En 2017, todavía con Ramón Poo en Palacio Municipal, se contrató mediante una Asociación Público-Privada la modernización y mantenimiento del alumbrado público de Veracruz. Esta vez no fueron 30 años. Nomás 15. Una ganga! El contrato fue firmado en septiembre de 2017 y después ratificado en marzo de 2018, ya con Fernando Yunes Márquez en la administración municipal, porque tampoco hay que echarle todos los muertos al mismo panteón. Poo dejó la herencia, pero otros tuvieron oportunidad de conocerla, revisarla, ratificarla y después convivir con ella.

El negocio comprendía decenas de miles de luminarias y un proyecto calculado en miles de millones de pesos, pero hay un dato que ilumina mejor que cualquier lámpara LED: El Ayuntamiento asegura que por el esquema se descuentan alrededor de 16 millones de pesos mensuales de sus participaciones federales. 16 melones! Cada mes! Con eso cualquiera ve la luz, menos, aparentemente, algunas colonias.

En abril, el Cabildo encabezado por Rosa María aprobó la requisa temporal del servicio y el municipio comenzó a operarlo directamente. Y este jueves dio otro paso: aprobó la rescisión de la concesión. Pero cuidado. No quiere decir que mañana Wardenclyffe recoja sus focos, sus cables y diga: “Fue un placer iluminarles”. La empresa se amparó.

Un juez federal concedió una suspensión definitiva para mantener provisionalmente la relación contractual mientras se resuelve el fondo del juicio. Así que por ahora tenemos una situación digna de Veracruz: El Ayuntamiento dice que terminó. La empresa dice que sigue. Y el juez dice que mientras decide, aquí nadie apaga la luz.

Lo interesante es que Rosa María empieza a construir, voluntariamente o no, una narrativa política bastante clara. Agua y alumbrado. Dos servicios públicos. Dos concesiones privadas. Dos contratos de largo plazo. Dos conflictos heredados y un mismo personaje apareciendo en el origen de ambos: Ramón Poo.

Cuando un alcalde deja una concesión a 15 ó 30 años, los siguientes presidentes municipales pueden cambiar de partido, de slogan, de fotografía oficial y hasta de color del Palacio… pero el contrato sigue llegando a cobrar. La diferencia está en qué hace cada alcalde cuando recibe la herencia: Puede administrarla. Puede hacerse como que no la vio. Puede patear el problema cuatro años y dejar que el siguiente se encargue. O puede abrir el cajón, sacar los contratos, revisar las cuentas y meterse en un pleito que seguramente resultará largo, costoso y políticamente incómodo. Rosa María escogió esto último. Con Grupo MAS fue a la Fiscalía. Con Wardenclyffe primero requisó el servicio y ahora su Cabildo aprobó rescindir la concesión. Y eso, independientemente de cómo terminen ambos litigios, ya establece una diferencia política importante: no está administrando las herencias de Poo; está intentando deshacerse de ellas.

Claro que falta camino.

Wardenclyffe tiene un amparo y será un juez quien finalmente determine hasta dónde puede llegar el Ayuntamiento. Grupo MAS tiene detrás una concesión de 30 años y una estructura mucho más compleja que cambiar focos; pero hay decisiones políticas que se miden no sólo por cómo terminan, sino por quién se atreve a tomarlas.

Durante años, las concesiones estuvieron ahí. Pasaron alcaldes. Pasaron partidos. Pasaron administraciones. Los contratos permanecieron. Rosa María decidió tocarlos. Y quizás allí esté la verdadera diferencia, porque las herencias no se escogen. Lo que sí se escoge es qué hacer con ellas. Ramón Poo dejó agua y luz comprometidas durante años. A Rosa María le tocó recibir el paquete y en lugar de ponerlo en una repisa para entregárselo intacto al siguiente alcalde, decidió abrirlo.

Puede que adentro haya contratos, amparos, millones y muchos dolores de cabeza… pero por lo pronto, alguien finalmente decidió prender la luz para revisar qué había en la caja.