Ana Rosa Valdés Salazar
En mi Opinión
El Instituto Nacional Electoral es una de las mejores muestras de que todo lo que toca Morena lo echa a perder, lo pudre.
Morena, encabezado por su líder fundador, llegó al poder con la consigna de destruir lo que a los mexicanos les llevó décadas construir para vivir en democracia.
En tan sólo 18 años, nuestro país experimentó tres alternancias en el Poder Ejecutivo de la República, pero ya antes se habían dado en gubernaturas estatales y en congresos locales.
Los mexicanos supimos lo que es vivir en democracia. Los poderes Ejecutivos y Legislativos federal y estatales, así como losayuntamientos de todo el país, se renovaban puntualmente en jornadas electorales que resultaban ejemplares ante el mundo y éste aplaudía nuestra democracia a la vez que elogiaba a las instituciones que la hacían posible.
Sólo los resentidos, los torcidos de espíritu, los amargados, los que mandan al diablo a las instituciones, ponían en duda los resultados de elecciones rigurosamente vigiladas por un organismo ciudadanizado desde las mesas directivas de casillas hasta los consejos general, locales y distritales, replicado en su estructura en las autoridades electorales de Estados y Municipios.
Esa ciudadanización fue fruto de un acuerdo debidamente madurado en su momento por todas las fuerzas políticas de la Nación, que así culminaron el proceso iniciado con la Reforma Política de 1977, promovida por un gran veracruzano, un gran mexicano: don Jesús Reyes Heroles.
Nuestras instituciones electorales funcionaban con tal eficiencia que merecieron la atención y resultaron un modelo para otros países, por haber propiciado en tan breve lapso la transición a la democracia, que desafortunadamente nos duró muy poco.
El gozo se fue al pozo con la llegada a la Presidencia de la República de Andrés Manuel López Obrador, campeón del resentimiento, rodeado de especímenes que, como él, se sentían ignorados, desplazados por las administraciones anteriores, y que comparten con su gurú rencores y atavismos.
Llegaron para hacer desaparecer todo aquello que limitara el poder del Presidente de la República -como los organismos autónomos creados al efecto-, pusieron a su servicio al Poder Legislativo y acataron su instrucción de derruir el Poder Judicial, que se mantenía como una de las últimas barreras frente al autoritarismo;y lograron restituir, aun con mayor fuerza, la presidencia imperial que tanto criticaron, y envidiaron, del priismo.
Como en el verso de José Emilio Pacheco: se convirtieron en todo aquello contra lo que lucharon a los veinte años. El ejemplo que mejor lo ilustra es la propia Claudia Sheinbaum.
Con el INE -nacido como Instituto Federal Electoral- no tuvieron consideración alguna, ni siquiera porque gracias a su existencia llegaron al poder, o tal vez precisamente por eso.
Tenían que modificarlo, alterar su esencia para impedir que otros llegaran; y lo hicieron de la manera más burda, se fueron al abordaje sobre el instituto para que convalidara todas sus trapacerías, hastaesa grotesca farsa que llaman reforma judicial, engendro que condenan muchos sistemas civilizados del mundo.
Y sucedió lo que tenía que suceder: los gérmenes de la maldad antidemocrática inoculados por Morena en el INE provocaron la pudrición del organismo y la pus empezó a brotar por todos lados, pero el régimen reconoció la enfermedad hasta que ya no le fue posible ocultarla, cuando la última barrera que se le opone: la prensa crítica, la prensa libre, la prensa digna, que cumple a cabalidad la misión que se le asigna en toda sociedad democrática, exhibió el nido de corrupción que es el INE actualmente y que no se extinguirá con la salida de su ex presidenta del Consejo General, Guadalupe Taddei, y de sus compinches, que como las ratas abandonan el barco que empieza a hundirse.
Prueba de ello es que de la consejera presidenta interina, apenas nombrada, de inmediato salieron a relucir sus pecados en un cargo anterior, y como ella están otros, no pocos, que ocupan posiciones importantes en ese malogrado instituto.
La sociedad mexicana no está satisfecha con la sola renuncia de Taddei y su pandilla. Espera que, como corresponde a un Estado de Derecho, se les sancione con apego a las leyes a ella y a todos los responsables de los ilícitos que resulten, y que se sanee el INE con el compromiso irrenunciable de convertirlo nuevamente en el árbitro garante de la democracia en México, merecedor de la confianza de la sociedad que contribuyó a edificarlo desde hace más de tres décadas,cuando surgió como IFE en 1990.
¿Será posible que ello ocurra? A veces quisiéramos creer, por México, por nuestra sociedad, que es posible reconstruir lo que teníamos, reencarrilar al país en el sendero de la democracia para hacer posibles los anhelos populares, qué más podríamos pedir.Como están las cosas, sólo nos alienta que sobrevive un sector de la prensa comprometido con la legalidad y los ideales democráticos y, con nuestro reconocimiento, le expresamos nuestra gratitud y apoyo.
Porque nos vuelve a la realidad el recuerdo de Rocha Moya y los otros 9 de Sinaloa, y muchos más que como ellos son protegidos contra viento y marea por Morena, que convirtió en regla quitar a los suyos de los cargos pero para ponerlos a resguardo. ¡Qué horrorosa “famiglia”!




