Erika Ayala Ríos
Coordinadora del grupo Mixto PRI-VERDE
Lamentable y muy ofensiva es la analogía hecha por el presidente de la República entre pobres y animales; un insulto a los que nada o muy poco tienen, a los que por razones diversas, entre ellas, y hay que reconocerlo, el olvido, la indiferencia y hasta la incapacidad gubernamental para atender con eficacia a los sectores más desprotegidos, no tienen oportunidades de desarrollo.
Que un Jefe de Estado compare a seres irracionales con los pobres, que en el caso de nuestro país constituyen cerca de la mitad de la población, es sencillamente una ofensa a la dignidad de esas personas, incluidas desde luego muchas que depositaron su confianza en él durante el pasado proceso electoral.
En su ánimo de justificar programas sociales clientelares y electoreros, sin reglas claras ni transparencia en el manejo de los recursos públicos y que, tarde o temprano, tendrán un impacto presupuestal, el mandatario ofende a millones de mexicanos. Una vez más se ha equivocado.
De nada servirán políticas públicas asistencialistas si no se genera crecimiento económico, como ya se prevé ante las erráticas decisiones gubernamentales que desalientan la inversión. ¿Qué utilidad real y no político-electoral conllevará regalar dinero a diestra y siniestra?
Ya en el pasado los excesos populistas en el manejo de las finanzas públicas hundieron a la economía nacional y provocaron deficit gubernamental, crisis inflacionarias, excesiva deuda pública y muchos años de nulo o escaso crecimiento económico.
Que quede claro: nadie está en contra del combate a la pobreza. En lo que nunca podremos coincidir es en el uso político de los programas para erradicarla, sobre todo porque además de tener ese propósito parten de la premisa equivocada de que a los pobres hay que darles todo en la mano porque no saben cómo lograr progresar por sí mismos.
Apostémosle a la educación, a la ciencia y la tecnología, a proyectos productivos comunitarios, a innovar en materia agroalimentaria, a procurar eficientes canales de comercialización de los productos del campo, a mejores vías de comunicación y a alentar la inversión productiva con respondabilidad en el ejercicio del poder, ya que de ello depende en gran medida la generación de empleos y la estabilidad económica y social de un país.
Los pobres de México no son animalitos, son seres humanos que necesitan oportunidades de desarrollo. Ni más ni menos.


