Salvador Muñoz

Los Políticos

La semana pasada, un joven de menos de 20 años, se dirigía a su casa en la Unidad Bugambilias del Sumidero. Justo en la esquina de Prolongación Manzano con Mar Rojo, un vehiculo se detuvo a su lado y fue encañonado por los sujetos que iban a bordo de la unidad. Lo despojaron de un celular, un ipod y su laptop. Afortunadamente, del susto no pasó.

Historias como éstas suceden todos los días pero no aparecen publicadas. ¿Por qué razón? Son tres fundamentales:

a) Las víctimas no creen en las autoridades.

b) Lo hacen pero los medios de información no tienen acceso a este tipo de sucesos. Y la última y quizás la más poderosa de las razones:

c) La advertencia o amenaza por parte de los atracadores para que no denuncien o atenerse a las consecuencias. Es decir, el temor a las represalias.

¿Miedo?

II

Tras el llamado “Un Día con Taxis Quemados”, las versiones en torno a este atentado con más tintes terroristas que un “twittazo”, dieron origen a especulaciones y rumores que más de siete mil taxistas (descontando los que quemaron) empezaron a difundir.

Por supuesto, ninguno de esos rumores habla de una confrontación entre organizaciones de taxistas. Sí, se habla de organizaciones ¡pero criminales!

Varios ruleteros coinciden en una versión: La de la camioneta gris que les pide que se estacionen. Una vez que hacen eso, un individuo les solicita su credencial del IFE donde apunta sus datos generales y a la vez, la tarjeta de circulación.

Lo siguiente es la orden de entregarle 20 pesos diarios, cifra que parece absurda pero multiplicada por los miles de carros de servicio de alquiler que circulan por esta ciudad (sin contar los que no transitan por el Programa “Un Día sin Taxi” y los quemados), podría dar buenos dividendos.

Pero eso no es todo… hay quienes aseguran que no les piden 20 pesos diarios, sino que la cuenta del día habrán que dársela a “ellos” y no al patrón.

Del fatídico día cuando quemaron las unidades de taxis a la fecha, dejé de ver choferes “haciendo la mona” en el entorno de la unidad donde vivo. Es más, ya ni parejitas de novios aprovechando la penumbra, son vistos por mis lares.

¿Miedo?

III

Es un Stratus, oscuro, que por lo regular tres sujetos lo utilizan por la zona de Plaza Museo. Los vecinos lo identifican por una razón muy simple. De allí descienden esas personas y de repente ¡zaz! ¡cristalazo! No saben si trae placas porque una mica oscura, polarizada, la cubre. Los vecinos de Plaza Museo han denunciado estos hechos a las autoridades y lo único que han recibido son más cristalazos y hasta amenazas.

Razón suficiente para tener miedo.

IV

El pasado viernes, cerca de la medianoche, mi esposa y yo sacamos a Harry a pasear. Íbamos llegando a la esquina de (prolongación) Encanto, por la parte posterior de Wallmart, cuando un movimiento inusitado de vehículos se empezó a dar. Dos carros se estacionaron en la calle de Magnolia casi esquina con Encanto y lo venían siguiendo uno, dos, tres… ¡hasta siete carros! que ya iban estacionándose sobre la prolongación, a un lado del camellón, a un lado de la banqueta. La alerta se suscitó en mi esposa y en mí. Ella de inmediato se metió entre unos carros mientras que yo, trataba que mi Harry nos siguiera. De los carros iban descendiendo varias personas mientras una mujer, de cabellos medio rubios, le señalaba a un sujeto una casa: “¡Es allí, es allí!”

La señora ponía su dedo índice justo en nuestro camino. La adrenalina estaba en todo su apogeo en mi esposa y yo y aceleramos el paso mientras todos los que habían descendido de los carros, enfilaban hacia el punto donde estábamos. Sí, teníamos miedo. Caminamos más aprisa. Y entonces, en medio de esa penumbra vi un objeto que llevaba el sujeto que iba hasta adelante de todos… ¡una guitarra!

¡Dios! ¡Iban a dejar una serenata! Claro… iba a ser medianoche. Como sea, tratamos de calmarnos y seguimos caminando… hasta de cierto modo más tranquilos. Justo cuando dimos toda la vuelta al parque, empezamos a oír las mañanitas. Nos justificamos y lo aceptamos… ¡tuvimos miedo!

IV

No sé cuál sea su percepción. Pero la mayoría de la gente con la que platico respecto a la situación que se vive en nuestro país, estado y ciudad, coincide en algo: Miedo.

PD Mi esposa y mi hijo dicen que me faltó meter más casos… como el del sujeto que me estaba vigilando una noche cuando llegué a casa y tuvo el descaro de acercarse a mí a unos tres o cuatro metros. Ver mis movimientos. Ponerse una chamarra. Subir a una motoneta y perderse en la noche… o los asaltos entre la Comercial Mexicana y la Normal, entre otros.

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