Alejandro Aguirre

De fútbol, política y cosas peores

Esta semana leí con atención las declaraciones del delantero Cuauhtémoc Blanco, que dijo que su retiro de la actividad profesional no estaba en sus planes, que aún se veía jugando fútbol y por qué no, un soñado regreso al América.

Me puse a pensar cuántas frases, cuántas declaraciones y cuántas cosas no ha dicho el de Tlatilco en torno a su carrera futbolística e inmediatamente entendí que el adiós está más cerca de lo que todos imaginamos.

Cuauhtémoc ha sido uno de los futbolistas más exitosos en la historia de nuestro fútbol, ojo, remarco el exitoso porque muchos dirán que para tener éxito hay que ganar títulos y en este rubro el ahora jugador del Irapuato no tiene muchos. Uno con el América y una copa FIFA Confederaciones lo más relevante, pero su ganancia es su popularidad, su irreverencia, la forma en que ha conseguido que muchos lo sigan e idolatren.

En los 16 años que llevo en el periodismo, nunca he visto que más de 100 mil personas de pie le aplaudan a un futbolista, cuya clase y talento han desfilado por casi todos los estadios del fútbol mexicano, siempre acompañados de polémica y un estilo siempre admirado.

Los americanistas aún recuerdan a principios de la década de los 90 a un joven esbelto que apareció en la cancha del estadio Azteca portando la camiseta número 40 del América. El Zurdo López le dio la bienvenida a la Primera División. Era un sábado fresco en León, América enfrentaba al León de Tita, Marquinho y Turrubiates. Fue el dos de diciembre de 1992 cuando apareció ese joven que decían era de Tepito, y que desde ese momento comenzó a brillar.

Con Leo Bennhaker, Blanco asumió el rol de titular compartiendo créditos con Biyik, Kalusha, Del Olmo, Luis García y Zague, época que marcó una nueva era en el americanismo, llena de espectacularidad y contundencia. Fue ahí donde El Cuau inició una carrera que hasta hoy es seguida por miles en el país.

Quien no recuerda su gol en Francia 98 ante Bélgica a pase de Ramón Ramírez, o aquel que le marca a Dida de Brasil en la final de la Copa Confederaciones que gana México en el 2000, esa jugada que dio la vuelta al mundo en el mundial de Francia ante Corea del Sur y que fue bautizada como La Cuatemiña.

Goleador de barrio bravo, futbolista con un talento envidiable, irreverente, polémico y hasta cierto punto un valemadres del fútbol, Cuauhtémoc ha vivido pasajes históricos e inolvidables.

Aquella celebración de un gol de penal que le hace a Félix Fernández del Celaya, que simuló a un perro orinando, o ésa que seguramente recuerdan muy bien los seguidores del Atlas, donde culmina un gol prácticamente arrastrando por la cancha al defensa Héctor López y al portero Mizrahi y cuya celebración fue aún más memorable corriendo hasta media cancha y acostándose justo frente al que fue uno de sus principales rivales, Ricardo Antonio La Volpe.

A la memoria viene aquel incidente en El Pirata de la Fuente donde golpea al periodista David Failtelson y cuya imagen fue captada por las cámaras de televisión. Momentos tristes como la patada que le dio el futbolista Ansil Elcokc de Trinidad y Tobago en el Azteca, que lo alejó de las canchas varios meses.

Momentos felices cuando le marca un gol de tiro libre al Real Madrid jugando para el Valladolid de España, en el mítico estadio Santiago Bernabeu.

Por su puesto que en Veracruz se le recuerda como el principal referente de los Tiburones Rojos líderes del 2004, su clase, su fútbol y su liderazgo quedaron plenamente reflejados en la cancha y fuera de ella. Es verdad, su segunda época llena de asuntos extra cancha no generaron resultados y las expectativas que se habían trazado los aficionados se truncaron y El Cuau finalmente se fue.

Hoy recuerdo algunos de estos pasajes porque interpreto en las últimas declaraciones que Blanco está muy cerca de decir adiós y con ello se irá una de las historias más sobresalientes de nuestro balompié.

Al tiempo.

www.futboldeveracruz.mx

aleaguirreflores@hotmail.com

Twitter: @alex_sdeportivo