Salvador Muñoz
Los Políticos

En todos lados se cuecen habas. Nuestras autoridades locales tienen buenas intenciones, pero no cuajan.
En Xalapa, quieren premiar al mal ciudadano condonando sus deudas con el agua. En el puerto, a los buenos ciudadanos les quieren quitar un lugar de esparcimiento como es Reyno Mágico. Y en Boca del Río, usted podrá manejar “pedo” sin temor a ser multado. Ya ni decir de la tomada de pelo para buenos y malos ciudadanos que significó una bandera de campaña como fue la desaparición de la tenencia vehicular y que ahora, sencillamente, por arte de magia, la reaparecen, con un tono populista, no socialista: Sólo la pagarán los ricos.
Así es: nuestras autoridades locales (municipales y estatal) pareciera que siguen en campaña. Mucha demagogia y poco efectivo.
Por eso, no le extrañe lo siguiente:
En un futuro no muy lejano…
Los dedos de seda aplicaban el dos de bastos perfecto. La cartera la tenía ya en su poder y la víctima, ni por enterado. No contaba con que un eficiente, cumplido y respetado elemento de la interestatal observaba el hecho y sólo esperaba que se cumplimentara el acto delictivo para actuar con apego a la Ley y agarrar al carterista con las manos en la masa… in fraganti, como marcaban los cánones.
Se dice “Interestatal” porque hacía ya un buen rato que todos los policías, de la municipal, de la intermunicipal, de seguridad pública conformaban una policía única.
Dicha Policía Interestatal era la profesión de moda: Para poder ingresar a sus filas, se les hacía rigurosos exámenes, tanto psicológicos como de IQ (en el que pedían un 95 mínimo); igual había exámenes físicos y se les requería carrera universitaria (Derecho o área de Humanidades) o tecnológica (por el equipo de punta con el que contaban en las patrullas y en los módulos de vigilancia) y lo mejor, ganaban un salario digno, qué digno, ahora sí ¡parecían funcionarios! ¡parecían servidores públicos! además gozaban de un seguro de vida decoroso, prestaciones y facilidades en el Infonavit para poder adquirir una casa, no una casita.
Además, sus armas eran de reciente fabricación y las municiones eran suministradas, sin costo alguno, por las autoridades.
Sí, todos querían ser policías del Mando Único… ya los niños no querían ser los malos del juego “Policías y Ladrones”…
Por eso, cuando el cumplido policía tomó por la muñeca al hábil carterista, el frío se apoderó del delincuente pero…
–Amigo carterista, en cumplimiento de lo dispuesto por nuestra máxima autoridad local, por esta ocasión sólo tomaré sus datos y le pediré que devuelva la cartera a su víctima, no sin antes advertirle que si es sorprendido de nuevo, recibirá una llamada de atención más enérgica, mientras, se puede retirar.
El carterista se retiró y para calmar los nervios, se dirigió a un botanero donde encontró a un amigo y con quien tomó unas copas. El “dos de bastos” ofreció pagar los tragos gracias a la cartera que pudo bajarle al cumplido elemento de policía.
Horas más tarde salió ebrio. Se dirigió a su carro y empezó a circular por las avenidas de la zona conurbada. Un zigzagueo peligroso era la constante y de eso una patrulla de Tránsito del Estado se percató. La sirena funcionó. La torreta se iluminó y la persecución empezó. No tardó mucho en ser alcanzado el carterista.
–Sus documentos, señor.
Los mostró y el oficial de Tránsito se percató del estado etílico del conductor.
–Señor, viene en estado inconveniente, pero por esta ocasión, por indicaciones de la máxima autoridad local, lo escoltaremos a su casa para que llegue sano y salvo.
Y así lo hicieron. Por eso, cuando llevaban al carterista a su casa, abandonando su puesto, ya no pudieron ver al amigo del carterista que, igual, ebrio, conducía su unidad a una velocidad incontrolable. Por eso, no pudo frenar en la luz roja ni evitar atropellar a una anciana que pasaba por el área peatonal.
Fue detenido. Pero de inmediato salió libre. “Por indicaciones de la máxima autoridad local, y por ser la primera vez que incurría en ese delito, se le permitirá salir, con la advertencia de que si lo vuelve a hacer, se le multará”.
Así es la vida en este Veracruz de futuro no muy lejano, donde lo único irreal en este cuento son buenos y malos ciudadanos, y lo único cierto son los malos gobernantes.