Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel

Sin salida. En un callejón sin salida pareciera que estamos metidos; o más bien, hemos dejado que así pasara. ¿México perdido, extraviado? ¿Qué les puedo decir? ¿Acaso creen que estoy en un lecho de rosas?
En un artículo de El Universal, publicado el pasado 18 de noviembre, leo: “Los mexicanos están tristes. No creen en la política ni en los políticos y mucho menos en el modelo económico. La desesperanza se escucha en el transporte público, en las pláticas de café y puede leerse en los chats”. ¿Será cierto? A según del Diario capitalino, analistas políticos y económicos realizaron un diagnóstico sobre el desánimo nacional, “sus opiniones parecen provenir de un consultorio médico: aseguran que nuestro país agoniza y que sus ciudadanos padecen un cuadro agudo de desencanto, de enojo, de apatía, de desconfianza y de desesperanza. (…) El Estado y sus instituciones no han respondido a las necesidades y expectativas de la mayoría de la población”. Ya lo creo que sí.
Nuestro país “es ahora como un paciente que se desangra gota a gota”, dice Ana María Magaloni, profesora e investigadora de la División de Estudios Jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Pos sí, lamentablemente. Cierto, Arnoldo Kraus, sin esperanza el presente duele y el futuro no se avista.
¿Qué podemos hacer? Tal vez evitar el “aborregamiento” del que habló José Saramago: “Vivimos un momento delicado por el ‘aborregamiento’ que prevalece en la sociedad actual y que llega a extremos inconcebibles como mantener en el poder a un personaje como Silvio Berlusconi, quien encarna en su persona y en su administración el resurgimiento del fascismo”. (La Jornada/3 de noviembre/09). ¿Les dice algo? En México no cantamos mal las rancheras.
En el Siglo XVI Étienne de La Boétie llamó “servidumbre voluntaria” a esa peligrosa obediencia por placer. Siglos más tarde, Ernest Becker, planteó que “el individuo, débil e inseguro, necesita transferir su voluntad en alguien que a sus ojos aparezca como más fuerte y mejor que él, para así poder gozar de una fuerza que jamás podría proyectar por sí sólo”. (La Gaceta del F. C. E., No. 466/octubre de 2009). ¡Válgame Dios!
En mi caso, lucho contra la indiferencia y apatía que todas las mañanas, sin leer aún los diarios, me persiguen y me enferman. Pa’ no hablarles del “encabronamiento” que me envuelve al darme cuenta del México que estamos dejando que otros “jijos de su” lo destruyan. Tons, cual Chapulín Colorado, me digo a mí mismo pa’ mis adentros: “¡Calma, que no cunda el pánico¡ ¡Síganme los buenos¡” Y ojalá también los que todavía queremos a nuestro país y nos pronunciemos y gritemos: “¡Ya basta!”, dejando atrás servidumbres y miedos. Está en chino, ¿verdad?, pero no imposible.

Los días y los temas

El reciente inaugurado Centro de Inteligencia de la Policía Federal –“cerebro informativo de las fuerzas del orden”, como lo llamó el Presi Calderón-, da “mello” y a como está la desconfianza de la ciudadanía hacia las autoridades, pos francamente ya mejor no haremos nada por temor a que nos confundan. Es más, nos quedaremos en casita pa’ que no nos pase nada. Cómo ño… Hasta ahí llegará “la inteligencia”; si no, pregúnteles a cierto personajes políticos que fueron vigilados por una red de espionaje que dizque ya fue desmantelada por la PGR. ¿A poco? ¿Cuántas más habrá?
Eso por un lado; por otro, ¿qué pasará con la dichosa Cédula de Identidad Ciudadana que pretenden pronto empezar expedir? ¿Tendrá realmente sólo la función de identificación personal? ¿Acaso no función policiaca? ¿Incluso será un documento para votar? O sea, bien agarrados de los… nos tendrán.

De cinismo y anexas

* A pregunta de los reporteros sobre qué se siente estar en el espacio, el astronauta de la NASA de origen mexicano José Hernández Moreno expresó: “Yo nada más me persigné y luego todo fue viajar en promedio 28 mil kilómetros por hora para recorrer más de nueve millones de kilómetros y darle la vuelta al mundo por lo menos 217 ocasiones durante 14 días y cada 45 minutos se hacía de noche y otros 45 minutos de día”. Con razón José Hernández les dijo a los legisladores federales que se apresuraban a solicitarle un autógrafo: “¡Ya póngase a trabajar!”. ¡Imagínense a mis legisladores trabajar, bueno, dizque que trabajar a ese ritmo!

Hasta la próxima
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