Vicente Luna Hernández
Con agradecimiento para mi amigo del Sur
Cuando parecía que se asomaba la luz de la nueva normalidad en nuestro país, cuando se han aplicado ya millones de dosis de vacunas y hemos cruzado un océano de dificultades, retos y sufrimiento, vuelve una nueva variante llamada Ómicron… y a volver a rezar.
Cuando ha corrido mucha tinta con lo que se hizo y se dejó de hacer en el manejo de la pandemia por parte del Gobierno Federal, cuando ya hasta presidenciable era el subsecretario de salud Hugo Lopez-Gatell y fuimos testigos de la necedad del Presidente AMLO a no usar el cubrebocas…volvimos a encender veladoras.
Cuando antes de la llegada del Covid disfrutábamos a los amigos, las reuniones familiares, los espectáculos deportivos, artísticos o culturales y la queja era el pesado tránsito, la impuntualidad de un amigo o las quejas ante las discusiones y debates en torno a una mesa… hoy añoramos esos tiempos que por ahora son muy difíciles de disfrutar.
Cuando el Presidente de la Republica dijo con relación a la pandemia: «que había caído como anillo al dedo», muchos de sus seguidores lo tomaron como un chascarrillo digno de celebrar y se pensaba que el Covid sería un simple catarrito, muchos pegaron de brincos y me refiero a esa oposición ávida de exhibir los errores y excesos del Gobierno, esa oposición que en momentos determinados actúa como una autentica oposición que es tan necesaria en toda democracia…esos aplaudidores creyeron que lo mejor de la 4T venía en camino y que México sería Feliz, Feliz, Feliz.
Cuando se analiza sin apasionamientos ni ideología de por medio la vida antes de la pandemia, cuando valoramos que – después de las miles de historias de dolor que se han escrito- aún tenemos a nuestros seres queridos al lado y a los amigos de ayer compartiendo hoy y se han superados malos momentos, llenos de júbilo gritamos: «que felices éramos antes de la pandemia» y tienen mayor significado los momentos compartidos con los amigos y los familiares, esa sana convivencia que hoy parece lejana de nuevo.
Éramos felices y no lo sabíamos, hoy debemos valorar cada pequeño detalle y momento solo por el hecho de estar con vida, disfrutar y agradecer a Dios que no se necesita mucho lujo ni opulencia para compartir un café, una charla, una caminata, unos juegos de mesa, una llamada como ayer y sobretodo, mostrar empatía con aquellos que han perdido a un ser querido, cierto… éramos felices y no lo sabíamos.
P.D.- Con el ánimo que a pesar de las terribles noticias del acontecer diario en nuestro país no perdamos la esperanza de un mejor mañana…escribiré otro día.


