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NdelaR
El Pulpo Camionero en Veracruz no está molesto. Está encabronado. Y cuando el enojo baja del escritorio a la calle, deja de ser rumor y se vuelve conversación pública. En chats, cafés, terminales y paradas, la misma cantaleta: los Ulúa, el “apoyo” gubernamental a los transportistas, fue choro. Según los dichos que circulan en el sector transportista, las unidades se facturaron en cinco millones, el gobierno “aportó” el 30%, pero el costo real habría sido de tres. Si eso fuera cierto, el subsidio sería más narrativo que contable. Es un pillín el encargado del Fideicomiso.
Por eso, en ese caldo empieza a hervir otro ingrediente: el nombre de Enrique Santos Mendoza, señalado en estos corrillos como el asesor cercano a la gobernadora y, al mismo tiempo, protagonista de un desencuentro con Alfonso Enríquez Boussart, “El Pollo” para los cuates.
Capulina y el Pollo dicen que eran uña y mugre pero hubo un desacuerdo: la idea locochona de Santos, para crear un carril confinado en el puerto de Veracruz que sería algo así como la ciclovía de Xalapa… donde a veces uno ve circular una bicla… y es que de acuerdo al Pulpo Jarocho, un carril confinado no es viable sin el parque vehicular suficiente. Para que un carril exclusivo funcione, primero necesita camiones. Muchos. No cien. Y tomemos en cuenta que en la zona conurbada del Puerto jarocho circulan tres mil.
Aquí entra el detalle que más inquieta: la aritmética del sistema. Si la ciudad requiere miles de unidades para que el modelo opere y hoy apenas se cuentan por centenas, el carril confinado parece más un render que realidad. Y mientras el PowerPoint avanza, el usuario espera en la parada. Con los “Ulúa” –marca que no alcanza ni queriendo para cubrir la demanda– el experimento no sólo es corto, es cojo. Y cuando el transporte cojea, la tarifa camina sola.
También aquí entra Astraver como nodo que conecta cooperativas y decisiones tarifarias. Si la red está coordinada, el aumento se riega rápido.
Otro detalle que el Pulpo cita, es que el servicio urbano es de competencia municipal. Por eso levantó cejas que elementos de tránsito estatal hayan entrado al puerto a detener unidades cuando dicen, la atribución no es suya.
Y como si faltara picante, corre la versión de que desde áreas tecnológicas se habrían impulsado cuentas alternas para comentar a favor del gobierno en redes. Se habla de bots por órdenes “desde finanzas” para alabanzas coordinadas. Si fuera cierto, sería un intento torpe de tapar el sol con comentarios. Porque el problema no está en Facebook: está en el pasaje, en el tiempo de espera y en la percepción de que los números no cuadran.