Salvador Muñoz

Los Políticos

A unos cuantos días del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, uno pensaría que la política mexicana tendría un poco más de cuidado cuando se trata de hablar de mujeres… y más todavía cuando se trata de maternidad. Pero no.

El dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, decidió subirse a la ola de las redes sociales para señalar a supuestos “faltistas” en la Cámara de Diputados, y tuvo la ocurrencia de poner entre ellos a la legisladora de Morena, Magaly Armenta Oliveros. El señalamiento fue embarazoso.

Aquello que presentó como “ausentismo” legislativo tenía una explicación bastante más simple y, sobre todo legal: licencia por maternidad.

Ese pequeño detalle que la Constitución mexicana protege en el Artículo 123, donde se establece el derecho a licencia antes y después del parto. Son 84 días naturales de descanso pagado, divididos generalmente en 42 días antes y 42 días después del parto, amparados por el IMSS.

En pocas palabras: Magaly Armenta ejerció un derecho constitucional.

Pero la cosa tiene más gravidez para Máynez: La licencia se otorgó del 14 de octubre al 31 de diciembre de 2024, con constancia de alumbramiento incluida. Y para rematar la historia, la diputada regresó antes de tiempo, reincorporándose el 20 de noviembre, dejando sin usar 56 días de licencia.

Dicho en términos políticos: si alguien quería hacer campaña con el argumento del ausentismo… eligió muy mal el expediente.

Ahora bien… también habría que hacerse una pregunta muy simple:

¿Qué fregados pitos toca Máynez para meterse a revisar las asistencias del Congreso de la Unión si ni siquiera es legislador?

Porque una cosa es opinar de política –eso lo hace cualquiera– y otra muy distinta es andar pasando lista en San Lázaro y para colmo, que te pasen mal el dato.

Quizá por eso vino el desliz maternal…

Porque cuando uno habla de más, suele olvidar que detrás de los datos hay personas… y detrás de las ausencias, contextos. En este caso, un embarazo. Un parto. Una licencia constitucional.

Lo más interesante del asunto es que luego de que Magaly Armenta expuso la calumnia en el Congreso, el comentario de Máynez desapareció de las redes. Borrado. Evaporado. Hecho humo digital. Pero lo que no apareció fue una disculpa. Ni un “me equivoqué”. Ni un “la regué”. Ni siquiera un tibio “Interpreté mal los datos”. Nada.

Quizá no fue un comentario misógino en sentido estricto… pero sí fue, por decir lo menos, una burrada donde puso en la hoguera de las redes sociales a Magaly Armenta porque dio oportunidad a que muchos, sacaran sus frustraciones contra ella.

Porque si algo debería quedar claro en estos tiempos –y más en vísperas del 8M– es que ejercer la maternidad no es un delito político ni un pecado legislativo.

Por cierto… el episodio tiene un detalle que la memoria política no deja pasar.

Durante la campaña de 2024, Magaly Armenta recorrió su distrito con seis meses de embarazo. Con calorones de 37 grados en el sur de Veracruz, caminando territorio como cualquier candidato. De hecho, en estas mismas páginas se contó aquella historia cuando se esperaba el nacimiento de Héctor Jesús, nombre heredado del abuelo y del padre. Y se anticipaba que, quizá, la suplente tendría que asumir mientras llegaba el nuevo integrante de la familia. Nada extraordinario.

En política mexicana ha ocurrido antes: candidatas embarazadas, campañas con panza incluida, mítines con pausa para respirar. Lo extraordinario, en todo caso, es que todavía haya quien confunda maternidad con ausentismo. Sobre todo cuando presume ser defensor de causas progresistas.

A Máynez se le recuerda que la política –como la vida– también exige una virtud básica:

Tener tantita madre para reconocer cuando uno se equivoca…

Porque si algo nos deja en claro el dirigente naranja es que una cosa es ser “faltista legislativo” quizás de otros diputados, pero no de Magaly; y otra, “ausencia maternal” que es de lo que adolece Máynez.