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97 AÑOS DEL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN

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A la memoria de un gran priista, Fidel Herrera Beltrán

Ana Rosa Valdés Salazar

En mi Opinión 

El pasado 4 de marzo, el Partido Revolucionario Institucional, mi partido, cumplió 97 años de haber sido fundado como Partido Nacional Revolucionario -producto del movimiento armado que inició en 1910-, que al poco tiempo se llamó Partido de la Revolución Mexicana y, finalmente, Partido Revolucionario Institucional.

​La ocasión es propicia para recordar lo que los gobiernos de mi partido, el gran partido del siglo XX pese a los denuestos en su contra, han hecho por México:

​El Presidente Lázaro Cárdenas aplicó las disposiciones de la Constitución de 1917 y rescató para la Nación los recursos del subsuelo. El punto culminante de su política nacionalista fue, en 1938, la Expropiación Petrolera, pero su gobierno se distinguió también por su alianza con la clase trabajadora y los sectores populares, el reparto agrario, la creación de instituciones: Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de Electricidad, Instituto Politécnico Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional Indigenista, entre otros; así como su política exterior, especialmente su apoyo a la República Española ante la embestida fascista, preludio de la guerra en Europa. ​Lo sucedió en la presidencia el General Manuel Ávila Camacho, a quien le tocó enfrentar el conflicto con el eje nazi-fascista. Durante su administración creó el Instituto Mexicano del Seguro Social e inició la política de sustitución de importaciones.

​Miguel Alemán Valdés fue el primer presidente civil, después de la Revolución. Gran impulsor de la industrialización del país en las difíciles condiciones de la posguerra; su gobierno construyó también obras de irrigación que permitieron satisfacer, con la producción agrícola nacional, la demanda interna, y se exportaron los excedentes de arroz, azúcar, plátano, garbanzo, café, piña, avena, linaza y tomate.

​El presidente Adolfo Ruiz Cortines, último mandatario que participó en la etapa armada de la Revolución, instauró en su administración la austeridad republicana (política cuyo nombre se fusiló, sin tener nada que ver, alguien de triste memoria), la marcha al mar en busca de aprovechar nuestra riqueza pesquera y otorgó el voto a las mujeres. Su gobierno sentó las bases para un mayor crecimiento económico.

​Adolfo López Mateos nacionalizó la industria eléctrica y, durante su presidencia, México fue el país que más progresó en Latinoamérica. En lo político, con la creación de los llamados diputados de partido, abrió espacios a la oposición y, hacia el exterior, la diplomacia mexicana se distinguió invocando los principios constitucionales de no intervención y de libre determinación de los pueblos, como lo hizo en la defensa de la revolución cubana cuando se negó a romper relaciones con ese país.

​Gustavo Díaz Ordaz fue el que mayor superficie otorgó mediante el reparto agrario (23 millones de hectáreas, con lo que superó en este aspecto a Lázaro Cárdenas) y logró el crecimiento de la economía en porcentajes que hoy se ven muy lejanos.

​Luis Echeverría Álvarez creó la Universidad Autónoma Metropolitana, la Procuraduría Federal del Consumidor, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, el Fondo Nacional de Consumo para los Trabajadores, el Centro de Investigación y Docencia Económica, la Procuraduría del Trabajo, la Procuraduría Federal del Consumidor y el Instituto de Comercio Exterior; promovió el desarrollo de la infraestructura en general, incluyendo puertos marítimos y aeropuertos. A nivel internacional, propuso la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, en diciembre de 1974.

​José López Portillo es recordado por la reforma política aprobada en diciembre de 1977, delineada por su secretario de Gobernación, el veracruzano Jesús Reyes Heroles, que permitió el registro a partidos como el Comunista Mexicano y el Demócrata Mexicano; se estableció el principio de representación proporcional en la elección de diputados y se inició el proceso democrático que años más tarde culminó con la alternancia en gubernaturas estatales y la Presidencia de la República. El principio de representación proporcional se aplicó también en las elecciones de legislaturas estatales y de ayuntamientos, al homologarse las legislaciones locales con la federal.

​Miguel de la Madrid Hurtado sorteó una severa crisis económica acrecentada por factores externos y el desastre ocasionado por los terremotos de 1985. Su gobierno dio continuidad a la política exterior de México con la creación del Grupo Contadora, instancia multilateral propuesta en enero de 1983 por México a Colombia, a la que posteriormente se invitó a Panamá y Venezuela, con el fin de promover conjuntamente la paz en Centroamérica. El grupo tomó su nombre de la isla panameña en la que se realizó la primera reunión de los cancilleres de los cuatro países, y De la Madrid logró su objetivo durante su gestión frente a los intereses de los Estados Unidos.

​Carlos Salinas de Gortari promovió un desarrollo sin precedentes mediante el Programa Nacional de Solidaridad, que sirvió de modelo a otros países; creó el Instituto Federal Electoral (IFE ahora INE). Propuso y logró la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Canadá, Estados Unidos y México, que tanto criticaron los que ahora están en el poder y luego tuvieron que reconocer lo ventajoso que fue para nuestro país, que se ubicó entonces como la décima cuarta economía a nivel mundial.

​Ernesto Zedillo Ponce de León también enfrentó graves dificultades económicas que logró superar y, para evitar la recurrencia de esas crisis, blindó de tal modo la economía que ésta no ha vuelto a desplomarse pese a los desaciertos de quienes le han sucedido. También impulsó el avance democrático con el apoyo de las mayorías priistas en el Congreso de la Unión a la ciudadanización del IFE. Le tocó la alternancia al tener que entregar la presidencia a un mandatario postulado por un partido distinto al suyo y, por primera vez en treinta años, pacíficamente transmitió el poder en México, con lo que dio al mundo un ejemplo de civilidad política.

Enrique Peña Nieto logró 14 reformas estructurales mediante el Pacto por México, la creación de más de 4 millones de empleos formales, la construcción de cerca de 3 mil kilómetros de autopistas, la modernización de 30 aeropuertos y el inicio de proyectos ferroviarios como el México-Toluca y el eléctrico a Guadalajara.

​Los regímenes priistas tuvieron errores, sí. ¿Qué gobierno o partido no los tiene? Pero aciertos tuvieron muchos, por ejemplo, la estabilidad política y el largo período de paz durante sus gobiernos, así como su impecable política exterior desde antes de la Segunda Guerra Mundial y en la postguerra que, en diversas etapas, hizo a México un líder del Tercer Mundo y que fuera visto como hermano mayor por los países latinoamericanos. En sus 77 años de gobierno, el PRI demostró invariablemente su lealtad a los mandatarios emanados de sus filas porque actuaron conforme a sus principios y postulados.

​Los hechos hablan por sí solos, en el balance, el juicio histórico ya favorece al PRI. Este breve repaso evidencia, abrumadoramente, que los gobiernos del Partido de la Revolución NO FRACASARON, SON OTROS LOS QUE NO HAN TRIUNFADO.