José Luis Enríquez Ambell
Café de Mañana
El pueblo de México unido al mundo través del juego con un balón – balompié – y que nos remonta al juego de la pelota azteca (en náhuatl; Tlachtli) y que era un deporte y complejo ritual sagrado que representaba la lucha cósmica entre el día y la noche.
Y es que, nuestros pueblos originarios, sus equipos buscaban mantener en juego una pesada pelota de caucho usando solo la cadera, codos y rodillas, evitando que cayera al suelo.
Fuimos anfitriones únicos sin nadie más como ahora con los Estados Unidos y Canadá, en 1970 y 1986.
Nuestro País mediante el juego de fútbol funciona como un poderoso aglutinante social desde hace varias décadas, y así cada fin de semana y, de forma particular, durante los torneos mundiales, el balón logra detener la rutina, reunir a las familias y crear un sentido de identidad compartida que trasciende las diferencias en lo social y político.
Eso nos muestra que la pasión que trasciende barreras en un pueblo como el nuestro, que cuenta con una muy vasta diversidad cultural y geográfica, y juego del balompié resulta un lenguaje universal que además comunica y unifica.
Así pues, la afición conocedora o no del fútbol, es capaz de unir a desconocidos igual en plazas públicas, estadios o salas de los hogares.
Aquí en México – como en otros países – la Liga MX y torneos de barrios en lo amateurs como en los eventos de inclusión social impulsados por organismos como la ONU, el deporte del fútbol fomenta los valores de trabajo en equipo dentro y fuera del terreno de juego.
En resumen, así llega a resultar
todo un fenómeno la Selección
Nacional, la escuadra tricolor que despierta mucha ilusión colectiva que eclipsa banderas políticas y barreras regionales cada cuatro años, y hoy es el día que inicia esta etapa, en unas horas.
En el fútbol hay personalidades como José Ramón Fernández y Andrés Bustamante que dicen que este deporte del balompié; es un espejo de la realidad mexicana, pues a pesar de su capacidad para unirnos, el fútbol también refleja de manera fiel las desigualdades y también presiones sociales del momento, incluso las brechas entre la comunidad, como es la dinámica de reventa de boletos y la alta comercialización de experiencias premium que alejan a muchos aficionados tradicionales de los grandes eventos.
En unas horas veremos cómo en la cancha y en la tribuna se manifestarán las dinámicas de cooperación ciudadana y hasta competencia, como sucede en la vida cotidiana.
DE SOBREMESA
En horas y durante varios días y quizá semanas, la afición de México en relación a nuestra oncena en la cancha, elevará la tensión emocional al ver los juegos con una alta intensidad, que puede aumentar – en forma temporal en mujeres y hombres de todas las edades – quizá una alta frecuencia cardíaca y en su presión arterial.
Así que el sector salud, refiere que esta situación triplica el riesgo de que sufran infartos, arritmias o eventos cardíacos – ojalá no sean fatales – entre las personas aficionadas y que tengan algunas enfermedades cardiovasculares previas o resultados desfavorables en su estado de salud.
UN CAFÉ CON PIQUETE
Ojalá que el estrés masivo, no impacte entre la frustración y el enfado que en algunos suele hacerse presente cuando no van bien las cosas en la cancha para el equipo tricolor.
¡ES CUANTO!
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