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Dr. Valentín Herrera Alarcón

Veracruz con corazón

Aún hay mucho por hacer en materia de salud pública en México. Estamos a tiempo de lograr que no se saturen los hospitales, evitar que aparezcan enfermedades que creíamos extintas y prevenir enfermedades degenerativas; para ello será fundamental el compromiso inquebrantable de los profesionales de la salud con los mexicanos.

Sí, en México se hacen esfuerzos extraordinarios para garantizar que las y los pacientes reciban atención médica a tiempo, que las emergencias sean prioridad, que no se pierdan estudios y consultas programadas y que nadie se quede sin su tratamiento. Muchas veces, ante las carencias es el propio personal quien da la cara por los pacientes. Ellas y ellos son lo mejor de nuestro sistema de salud. Esto lo afirmo con una profunda convicción.

El 3 de diciembre de 1967, me encontraba en casa de un buen hombre, Aurelio Pazos, en la localidad de Atzalan, Veracruz, quien, a cambio de ayudarle a desgranar mazorcas de maíz, nos permitía a un grupo de niños ver su televisión… en el pueblo no había más de cinco de estos aparatos.

Ese día sucedió algo maravilloso para mí, apenas contaba con 9 años de edad y pude presenciar por la televisión de don Aurelio el primer trasplante cardíaco en el mundo, llevado a cabo por el Dr. Christiaan Neethling Barnard en el Hospital Grote Schurr de Ciudad del Cabo. Esa historia de éxito cambió mi vida para dedicarla a los mexicanos.

Nací en Misantla, Veracruz, a los 5 años mi padre nos llevó a mi madre y mis hermanos a Atzalan, en la región central del Estado. Ahí estudié la primaria. El primero y segundo año de secundaria en la localidad de Altotonga y la concluí en una telesecundaria de Atzalan.

Cuando en diciembre de 1967 vi el primer trasplante cardíaco no comprendía mucho del tema, pero hizo nacer en mí el anhelo de ser médico, operar y hacer lo que vi en la televisión, corrí a comentarlo con mi madre… y ella me tomó de la mano llevándome con el médico.

A los 15 años, con el apoyo de mi mamá, viajé a la Ciudad de México para estudiar el bachillerato en el CCH, posteriormente cursé la carrera de Médico Cirujano en la UNAM y Cirugía General en el Hospital “Dr. Agustín O´Horán”, de la Secretaría de Salud, en Mérida, Yucatán.

En el último año de la residencia de cirugía tuve la suerte de conocer al Dr. Rodolfo Barragán García, quien era el jefe de Cirugía Cardíaca en el Instituto Nacional de Cardiología, y me invitó para realizar la especialidad de Cirugía Cardiovascular de 1988 a 1991, donde fui jefe de residentes. Logré quedarme en el Instituto como becario y luego como adscrito.

En 1993 tuve la oportunidad, a través de un intercambio de la Secretaría de Salud, de lograr una estancia en el Hospital Clínico de la Universidad de Barcelona, en el Departamento de Criopreservación de Válvulas Cardíacas, Tejidos Vasculares y participar en el programa de Trasplante Cardíaco. Ya en México permanecí de 1995 a 2005 en el servicio de cardiocirugía pediátrica, alternando con cirugía de adultos.

El 1 de julio del 2000, mi jefe, el Dr. Rodolfo Barragán García, me informa que existe un probable donador de corazón en el Hospital San José del IMSS en Puebla y un receptor en espera.

En medio de la jornada electoral de aquel año, fui personalmente a Puebla para realizar la procuración del órgano, regresar al Instituto Nacional de Cardiología y junto con el Dr. Barragán realizar el primer trasplante cardíaco ortotópico con la técnica de Shumway (biauricular) en el Instituto Nacional de Cardiología.

La evolución fue satisfactoria y marcó el inicio de una gran lista de pacientes trasplantados de corazón. Actualmente se abandonó la técnica biauricular y se utiliza la bicaval en todo el mundo. Es importante mencionar que el Instituto Nacional de Cardiología, aparte de su función asistencial, realiza investigación y formación de recursos humanos en salud.

En 1995 inicié como profesor adjunto en el curso de residencia en Cirugía Cardiaca, avalada por la UNAM; años después adquirí la titularidad del curso llegando a formar más de 20 generaciones de cardiocirujanos de México y de muchos otros países de América Latina y El Caribe.

En 1996, junto con un equipo de especialistas iniciamos el programa de Cirugía Cardíaca de Mínima Invasión en el propio Instituto Nacional de Cardiología, corrigiendo una cardiopatía congénita llamada comunicación interauricular a través de una mintoracotomía derecha submamaria.

En la década de los 90´s y con el liderazgo del Dr. Rodolfo Barragán García iniciamos el programa de Tromboendarterectomía Pulmonar para hipertensión pulmonar tromboembólica crónica, un procedimiento que se realiza solamente en el Instituto Nacional de Cardiología “Dr. Ignacio Chávez”.

Durante la primera década del siglo XXI, el Instituto Nacional de Cardiología logró grandes adelantos en cuanto a la cirugía cardíaca se refiere: se incrementaron los trasplantes, la cirugía de aorta en todas sus variantes. En 2007 tomé la subjefatura del departamento y en 2009 la Jefatura, cargo que dejé en octubre del 2017.

En abril del 2018, por invitación del Director del ISSSTE, Mtro. Luis Antonio Ramírez Pineda y bajo licencia en el Instituto Nacional de Cardiología, asumí la Subdirección Médica del Hospital Regional “Gral. Ignacio Zaragoza” y en septiembre del 2019 asumí la Dirección del mismo hospital… en noviembre de ese año la del Hospital Regional “Lic. Adolfo López Mateos”.

El trabajo fue arduo, logrando la instalación del Programa de Cardiocirugía y sentando las bases para la Residencia de Cardiología -hoy en día egresó la segunda generación de cardiólogos. Este cargo concluyó en abril del 2023 para ocupar la Subdirección de Gestión y Evaluación en Salud de la Dirección Médica del ISSSTE.

En mayo del 2024 ocupé la Dirección del Hospital Regional Bicentenario de la Independencia del ISSSTE, cargo que dejé en agosto del mismo año debido a la invitación de la Gobernadora de Veracruz, para ocupar la Titularidad de la Secretaría de Salud y Dirección General de los Servicios de Salud del Estado de Veracruz del 1 de diciembre del 2024 a febrero de 2026.

Para un servidor, ésta aventura representa haber cumplido el sueño que inició aquel 3 de diciembre de 1967.

Pero como dijo Yogi Berra, beisbolista estadounidense “el juego no se acaba hasta que se termina”, y en el ámbito cardiológico, hay mucho que hacer, desde la promoción de la salud, prevención de la enfermedad, atención primaria a la salud. Y ahí el papel de quienes hemos dedicado la vida a cuidar la salud de los demás será fundamental.

Y es que el compromiso de quienes nos dedicamos a velar por la salud de las y los mexicanos es inquebrantable. Nos debemos a la gente y es por ello que servimos de manera incansable para cuidar el bien más valioso de cualquier ser humano: su salud.

Si todo esto se lleva a cabo como se planeó en Alma Ata (Asia Central) en 1978, no habrá necesidad de saturar los hospitales de alta especialidad como sucede en la actualidad, se podrían prevenir las enfermedades no transmisibles y degenerativas evitando así muchas complicaciones. ¡Hay mucho que hacer, empecemos hoy!…