EL BOMBERO DEL CONGRESO

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Salvador Muñoz
Los Políticos

Hay políticos que administran… y hay políticos que además, apagan fuegos. Y en este arranque de administraciones municipales –donde más de uno llegó con la banda cruzada y el ego desbordado– el que ha tenido que entrarle al toro por los cuernos es el Profe Esteban Bautista Hernández… el Jucopo, pa los cuates.
Porque una cosa es ganar la elección… y otra muy distinta es gobernar sin pelearse con medio Cabildo antes del primer corte de listón.
Ahí está el caso de Yecuatla donde lo que pudo escalar a pleito de cantina institucional, terminó en minuta firmada, acuerdos planchados y sonrisas de compromiso. ¿Magia? No. Política, de ésa que parece extinta pero que de vez en cuando asoma la cabeza: diálogo, conciliación, respeto… palabras que en algunos ayuntamientos suenan más raras que la rendición de cuentas o las playas limpias en estos días.
El Profe Bautista no abrió el año para repartir culpas ni ponerse medallas. Llegó a hacer lo que muchos evitan: sentar a las partes, escuchar –sí, escuchar– y recordarles que el poder no es para ver quién grita más fuerte, sino para ver quién resuelve mejor. Yecuatla, Lerdo, Tlacolulan, Vega de Alatorre… nombres que, de no ser por esa intervención, hoy estarían en la sección de “pleitos municipales” en lugar de “asuntos atendidos”.
Pero no todo es miel sobre hojuelas… ni todo se arregla con café, galletas, apretón de manos y acuerdos bien tomados en el Palacio de Encanto.
Basta ver Puente Nacional. Ahí, el arranque de la administración parece concurso de jaloneos: que si el Programa General de Inversión no pasa, que si el síndico dispara desde redes sociales, que si la alcaldesa responde con obras en mano… total, que el Cabildo parece más ring que órgano de gobierno. Y cuando la política se hace en Facebook y columnazos por encargo, el municipio se administra en pausa.
Y si eso suena complicado, Catemaco decidió subirle dos rayitas más al drama: denuncias de violencia política, acusaciones de omisión, ausencias, sospechas de irregularidades… un coctel que ni en la tierra de los brujos se atrevieron a conjurar. Ahí, la gobernabilidad no está en riesgo… está en terapia intensiva con mensajes subliminales como “Me saludas a la tuya”.
Curiosamente –y aquí viene el detalle con sabor a naranja fermentada– ambos casos tienen sello de Movimiento Ciudadano. ¿A poco se marearon con tan poquito Cointreau? Sí, ese partido que presume frescura, juventud y nuevas formas de hacer política… pero que, al parecer, en algunos municipios se les adelantó la fermentación. Porque una cosa es ser “naranja” y otra muy distinta es marearse antes de empezar a gobernar.
Y en medio de ese paisaje –donde unos llegan con brújula descompuesta y otros con manual de pleitos bajo el brazo– aparece el Profe Bautista Hernández, no como Salvador (ese mero soy yo), pero sí como mediador, que no es poca cosa en tiempos donde nadie quiere ceder y todos quieren tener la razón… aunque el pueblo tenga el problema.
Porque al final del día, los ciudadanos no votaron para ver pleitos de Cabildo tipo Ring Royale en tiempo real. Votaron para que les pavimenten la calle, recojan su basura y resuelvan la vida cotidiana. Así de simple. Así de olvidado.
Por eso, cuando alguien desde el Congreso decide meterse al lodazal –que no chapopote– se agradece. Aunque no dé likes, aunque no haga ruido, aunque no venda titulares escandalosos. Y mientras algunos alcaldes afinan discursos… y otros afinan excusas… hay quien, desde la Junta de Coordinación Política, afina acuerdos. Porque gobernar no es pelear. Y al que no le quede claro, recuerde que hay Miércoles Ciudadano en el Palacio de Encanto. ¡Saquen turno!