LA TOALLA DE HARFUCH

0
2

Salvador Muñoz

Los Políticos

Hay campañas que se hacen con spots, templetes, bardas, espectaculares y millones de pesos. Y luego están las campañas que se hacen con una toalla.

Porque una cosa es que a usted le repartan una gorra, una playera o una bolsa ecológica que termina guardando con las del mandado. Pero otra muy distinta es que le vendan una toalla con la cara de Omar García Harfuch. Ahí ya no estamos hablando de propaganda: estamos entrando al terreno peligroso del fetiche político.

La cosa comenzó discretamente, como empiezan las novelas malas y las campañas buenas: en los tianguis del Estado de México. Entre cobijas del Tigres, sábanas de la Virgen y toallas de Barbie, apareció él: Omar, serio, mandíbula de concreto, mirada de “yo sí te cuido”, estampado sobre felpa. Batman pero calientito.

Luego vino María Sorté, esa mujer que, sin proponérselo, terminó convertida en la suegra oficial de México. Y la señora, con una puntería que ya quisieran varios operadores políticos, les regaló a las famosas Perdidas, las famosas toallas con el rostro de su hijo. Ahí fue cuando una de ellas soltó la frase que ni el mejor publicista de Kotex se hubiera atrevido a escribir:

“Ahora sí me siento más segura”.

¡Y órale! ¡Ahí está! ¡La campaña perfecta! No un secretario de Seguridad. No un funcionario. No un político ni un Moreno… Un protector. Un galán. El soltero más cotizado de México. El hombre que no necesita escolta porque él parece escolta.

A ver si no estamos viendo, entre risas y arena de playa, el arranque más original rumbo al 2030. O no se imagina esta Semana Santa en cualquier playa de Veracruz o Acapulco al vendedor gritando:

–¡Lleve la toalla del Batman mexicano! ¡La de Harfuch! ¡Seca el cuerpo y da tranquilidad emocional!

Y la gente, en lugar de pedir la del América o la de Bad Bunny, preguntando si hay tamaño matrimonial.

No descarte usted que pronto salgan otros productos de colección: la almohada Harfuch, para dormir segura; la funda Harfuch, para abrazar la esperanza; el ventilador Harfuch, porque “este calor sólo lo quita Omar”. Y mientras tanto, Morena, sin gastar un peso en espectaculares, deja que la mercadotecnia popular haga lo suyo: convertir a un funcionario en estampita; a una estampita, en fenómeno; y al fenómeno, en aspirante.

Porque el hombre tiene algo que escasea más que el agua en algunas colonias: carisma. Y además tiene historia, porte, uniforme, aire de héroe de serie policiaca y, para rematar, la bendición de una madre famosa y querida. En otras palabras: tiene suegra incorporada. Y eso en política vale más que tres doctorados y dos maestrías.

Del otro lado, Movimiento Ciudadano parece tener a Luis Donaldo Colosio Riojas. Buen perfil, buena imagen, apellido de marca. Un político que, para bien o para mal, carga una herencia que le abre puertas, reflectores y nostalgias. Pero mientras Colosio trae el apellido, Harfuch trae la toalla.

Y perdón, pero en temporada vacacional, la toalla gana.

Porque el apellido emociona, pero la toalla acompaña. El apellido se recuerda. Pero la toalla se presume en la playa, en la alberca, en el tendedero y hasta en el baño.

Si algo aprendimos con Peña Nieto es que la política moderna ya no entra por la cabeza. Entra por la pantalla, por el meme, por la suegra… y, al parecer, también por la toalla.