À la Bandeja de Entrada
La vida pública exige congruencia, no simulación y hoy veo cómo personajes de dudosa reputación recorren la Xalapa que no conocen.
En Xalapa, quienes aspiran a representar a la ciudadanía, deben hacerlo respaldados por una trayectoria limpia, transparente y comprometida con el interés colectivo, vivir en las entrañas de nuestra ciudad.
La gente observa, cuestiona y no olvida. Los cambios inexplicables en el estilo de vida, las gestiones marcadas por resultados pobres y las dudas sobre la probidad, no pueden ni deben normalizarse. Hoy veo bajarse de camionetas enormes y costosas, con tenis caros de los que utilizan para el domingo en un club y outfits de lujo a hombres y mujeres queriendo darse baños de pueblo cuando no salen de restaurantes caros y zonas pudientes con guardias en sus fraccionamientos de ricos.
La confianza no se construye con discursos, sino con hechos. Se gana con ética, con coherencia y con un auténtico sentido de servicio. Los antecedentes de enriquecimiento ilícito deben ser observados y los estilos de vida también.
Hoy más que nunca, la exigencia es clara: responsabilidad, honestidad y rendición de cuentas. Quien aspire a servir, debe hacerlo con la frente en alto y con la historia en orden.
Conozco y sé de cierto quiénes juegan tenis en el Britania y no fútbol en las canchas de las colonias populares, quienes tienen camionetas de lujo, chofer y guaruras, con nanas para sus hijos pagadas con recursos del erario y de familias de muy dudosa reputación. Y a quien le quede el saco que se lo ponga.
Espero que los procesos sean limpios en cualquier espacio de representación y no se cimiente en parrandas con dirigentes partidarios o palmadas y alabanzas al poder que tanto critican en privado.



