Salvador Muñoz
Los Políticos
A como van las cosas en el edificio de Ruiz Cortines con Francisco Moreno, se van a quedar sin fotografías… pero bueno, como dicen: ni están todos los que son, ni son todos los que están.
El optimismo priísta obligaría a decir que están los que tienen que estar… los que no, al bote de basura, dixit Fofo Ramírez.
Esto viene a colación porque el PRI hizo lo que tenía que hacer: retirar la historia que formó en su momento Héctor Yunes Landa en el partido… cuando todavía alcanzaba para repartir candidaturas, huesos y promesas; cuando amarraban a los perros con longaniza… y a más de uno, con una diputación pluri.
Si hubiera que analizar a las dirigencias del PRI, creo que éstas tendrían que revisarse desde dos perspectivas:
La primera, antes del fin de siglo, con Miguel Ángel Yunes Linares, quien en octubre de 1997 sufrió una estrepitosa derrota como dirigente estatal del PRI en Veracruz, marcada por la pérdida de importantes alcaldías como Xalapa, el Puerto, Coatzacoalcos y Boca del Río, ante el PRD y el PAN. Aquello fue un terremoto político… aunque el PRI todavía tenía suficiente grasa burocrática para no declararse Oposición.
Por cierto, ese exdirigente terminó siendo gobernador de Veracruz…
En el 2016, el PRI sufrió su primera gran derrota del siglo… y además, en manos de un expriísta: Yunes Linares. Al frente del tricolor estaba Amadeo “El Tiburón” Flores Espinosa y el candidato derrotado era Héctor Yunes Landa.
Y aquí viene el detalle con veneno:
A estas alturas, el retrato del Tiburón permanece en el edificio del PRI… El de Héctor, no.
O sea, el dirigente sobrevivió a la pared… pero el candidato acabó descolgado como calendario viejo.
Tras Amadeo llegó Renato Alarcón Guevara, a quien le tocó reorganizar el shock priísta después de la derrota del 2016. Aguantó vara mientras muchos salían por la puerta de atrás cargando hasta los ceniceros… aunque al final Renato también acabó en el Verde y hoy despacha feliz como regidor en Emiliano Zapata. Porque en política, cambiar de camiseta ya no es traición… es estrategia de supervivencia.
En 2018, Américo Zúñiga, siendo dirigente del PRI, sufrió otra caída aparatosa, ahora frente a Morena. El madrazo fue tan fuerte que el PRI pasó de partido histórico a mueble arrumbado. Aun así, Américo sigue vistiendo de priísta… aunque hay quienes ya le ven destellos fosforescentes y aroma a naranja.
Después vinieron Lillian Zepahua –que creo todavía sigue en el PRI–, Marlon Ramírez Marín y ahora Fofo Ramírez.
Marlon entendió algo que muchos no quisieron aceptar: el PRI ya no era gobierno… y además estaba quebrado. Deudas, laudos, multas, salarios atrasados… el otrora partidazo terminó administrando más problemas que votos. Ahí fue cuando muchos priístas descubrieron que el amor al partido duraba exactamente lo que duraba el cheque.
Fofo Ramírez, mientras tanto, aguanta críticas, pedradas y uno que otro réquiem adelantado… pero ahí sigue. Y en un PRI donde muchos corrieron apenas olieron la derrota, permanecer ya casi cuenta como acto heroico.
Héctor Yunes Landa podrá contar entre sus anécdotas que alguna vez su foto estuvo colgada en las paredes del Salón Presidentes del CDE del PRI, por haber llevado las riendas del partido allá por el 2012…
Pero muchos tienen claro algo: Su retrato ya no está en el PRI… y tampoco estará en la sala principal de Palacio de Gobierno.
Y para alguien que sueña (arañando la obsesión, dixit Fofo) con ser gobernador, eso ha de doler más que haber bajado su cuadro y puesto en el cesto de basura.



