MÉXICO FRENTE AL CALOR EXTREMO

0
4


Carlos Miguel Acosta Bravo
Impronta

Ayer en Xalapa se registraron temperaturas de hasta 35°, inédita para capital veracruzana. La ola de calor que golpea a gran parte de México no solo está elevando los termómetros por encima de los 45 grados centígrados; también está exhibiendo una realidad incómoda y cada vez más difícil de ocultar, el Sistema Eléctrico Nacional opera bajo una presión creciente y con márgenes cada vez más reducidos para responder a la demanda del país.

Aunque las autoridades suelen descartar escenarios catastróficos, la posibilidad de apagones regionales y fallas recurrentes dejó de ser una hipótesis lejana. El problema ya no es únicamente climático; es estructural, económico y político.

Cada vez que millones de hogares encienden simultáneamente ventiladores, climas y sistemas de refrigeración, el consumo eléctrico se dispara a niveles históricos. A eso se suma una industria que no se detiene, centros comerciales completamente climatizados, oficinas corporativas, sistemas de bombeo de agua y cadenas de frío indispensables para alimentos y medicamentos. El resultado es una red eléctrica que entra en tensión extrema, particularmente durante las horas pico de la tarde y noche.

El riesgo más delicado no es solo generar suficiente electricidad, sino poder transportarla. Muchas líneas de transmisión y subestaciones operan cerca de su límite técnico, mientras transformadores envejecidos y redes saturadas evidencian años de rezago en infraestructura.

México enfrenta además una vulnerabilidad estratégica, su fuerte dependencia del gas natural importado desde Estados Unidos. Cualquier problema climático, operativo o político en Texas puede afectar directamente la generación eléctrica nacional. El antecedente de la tormenta invernal de 2021 demostró que esa dependencia puede convertirse rápidamente en una crisis energética.

A ello se agrega otro factor que pocas veces se discute con suficiente profundidad, el crecimiento industrial acelerado derivado del nearshoring. La llegada de nuevas inversiones y plantas manufactureras representa una oportunidad económica enorme, pero también implica una demanda gigantesca de energía constante y confiable. Estados industriales como Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Guanajuato y Querétaro ya comienzan a resentir esa presión.

La gran contradicción es evidente, México busca convertirse en una potencia industrial regional, pero su infraestructura eléctrica avanza mucho más lento que sus necesidades económicas.

En este contexto, los apagones ya no deben interpretarse únicamente como fallas aisladas, sino como señales de advertencia de un sistema que opera cada vez más cerca de su límite. El CENACE todavía cuenta con mecanismos para evitar un colapso nacional completo mediante cortes rotativos, reducción de carga y desconexiones controladas, pero esos recursos funcionan más como medidas de contención que como soluciones de fondo.

Y las implicaciones van mucho más allá de quedarse sin luz algunas horas. Un sistema eléctrico bajo estrés afecta producción industrial, hospitales, suministro de agua, telecomunicaciones, movilidad y estabilidad económica. También tiene un costo político y social, el descontento crece rápidamente cuando millones de personas enfrentan temperaturas extremas sin energía suficiente para enfriar sus hogares.

El verdadero debate no debería centrarse únicamente en si habrá o no apagones este verano, sino en si México está preparado para enfrentar el futuro energético que ya llegó. El cambio climático seguirá elevando temperaturas, la población continuará creciendo y la actividad industrial demandará cada vez más electricidad.

Sin inversión suficiente en generación, transmisión, almacenamiento y modernización de redes, el país podría entrar en una etapa donde las crisis eléctricas dejen de ser excepcionales para convertirse en parte de la normalidad.

La ola de calor actual está funcionando como una advertencia anticipada. El problema es que México parece escucharla, pero todavía no reacciona con la velocidad que exige la magnitud del desafío.

Comente u opine a:
cacostabravo@yahoo.com.mx

Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte  del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.