Salvador Muñoz

Los Políticos

Dos apariciones repentinas, apresuradas, casi de emergencia, del expresidente Andrés Manuel López Obrador llaman la atención.

La primera, para darle un espaldarazo público a Andy López Beltrán, justo cuando arrecian las versiones de que busca convertirse en candidato a diputado federal. Nada raro en la política mexicana, donde los hijos suelen heredar más que los apellidos y, en ocasiones, hasta las aspiraciones.

La segunda aparición fue más elaborada: una extensa carta donde AMLO sale en defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum frente a los embates provenientes de Estados Unidos, pero que termina girando alrededor de una idea peculiar: la nostalgia por el Trump con el que le tocó negociar.

La frase final es la que se llevó los reflectores:

“Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”.

Por supuesto, uno puede permitirse ciertas licencias interpretativas y leerla de otro modo:

“Por el bien de todos (los que estamos involucrados en el crimen organizado), que regrese el otro Trump”.

Sí, es una licencia. Pero también es una provocación inevitable cuando se revisan los hechos.

Porque mientras López Obrador recuerda con cariño al “otro Trump”, el secretario de Seguridad de Estados Unidos, Markwayn Mullin, asegura que Claudia Sheinbaum ha cooperado más con Washington que el propio tabasqueño durante todo su sexenio.

Cuestión de enfoques.

Mientras AMLO saludaba a la madre de Joaquín Guzmán Loera en Badiraguato y ordenaba liberar a Ovidio Guzmán durante el célebre Culiacanazo, Claudia Sheinbaum presume decomisos históricos, capturas de alto impacto y entregas de personajes relevantes del narcotráfico.

Cada quien construye su legado como puede.

Y aquí aparece la verdadera incomodidad para Morena.

Porque ya no se sabe qué resulta más embarazoso para el Movimiento: la extraña y documentada cercanía política de López Obrador con episodios vinculados a los Chapitos o los señalamientos provenientes de Estados Unidos sobre gobernadores y exgobernadores morenistas presuntamente ligados al crimen organizado.

En el primer caso, las imágenes existen.

En el segundo, las sospechas circulaban desde hace años.

Ahora, desde Washington, aseguran tener nombres, expedientes e investigaciones.

Y cuando eso ocurre, los silencios empiezan a pesar más que los discursos.

Quizás por eso la carta de López Obrador genera más preguntas que respuestas porque al leerla, uno termina preguntándose para quién sería realmente bueno que regresara “el otro Trump”.

¿Para México?

¿Para Morena?

¿Para Andy?

¿Para algunos gobernadores?

¿Para ciertos personajes que hoy rezan para que determinados archivos nunca crucen la frontera?

¿Para el mismo habitante de La Chingada?

Quién sabe.

Lo que sí sabemos es que la frase admite muchas versiones:

Por el bien de todos (y de Andy también), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (los que no quieren que se abran ciertos expedientes), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (los que prefieren los abrazos a los balazos), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (los que todavía dan maromas con el encuentro en Badiraguato), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (los que no quieren hablar del saludo a la mamá del Chapo), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (los que tiemblan cuando Washington revela nombres), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (los que viven mejor con preguntas que sin respuestas), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (los que prefieren que el pasado permanezca enterrado), que regrese el otro Trump.

Por el bien de todos (y especialmente de quienes hoy tienen más que explicar que presumir), que regrese el otro Trump.

O quizá la más inquietante de todas:

Por el bien de todos… porque el nuevo Trump pregunta demasiado y el otro concedía demasiado, que regrese el otro Trump.