Pepe Cortés

Los países no cambian únicamente cuando eligen nuevos gobernantes. Cambian cuando deciden construir instituciones capaces de sobrevivir a los gobiernos, resistir las crisis y dar estabilidad a la vida pública.

México tuvo en el siglo XX a uno de esos grandes constructores.

Su nombre fue Manuel Gómez Morin.

Para muchos mexicanos, su nombre suele asociarse exclusivamente con la fundación del Partido Acción Nacional. Sin embargo, esa es apenas una parte de su legado. Mucho antes de impulsar una fuerza política de oposición, Gómez Morin ya participaba en la construcción de algunas de las instituciones que ayudarían a dar estabilidad al México que emergía de la Revolución.

Para comprender su importancia es necesario regresar al país que encontró.

A principios del siglo XX, México intentaba reconstruirse después de una década de guerra civil. La Revolución había transformado el régimen político, pero aún quedaba una tarea más difícil: construir un Estado capaz de ofrecer estabilidad, generar confianza y establecer reglas duraderas para la convivencia.

Fue en ese contexto donde surgió una generación de jóvenes universitarios convencidos de que el futuro del país no podía edificarse únicamente con discursos ni con victorias militares. Era necesario pasar de la Revolución a la construcción de instituciones.

Manuel Gómez Morin perteneció a esa generación.

En 1915, siendo todavía un joven universitario, escribió un ensayo que marcaría el rumbo de su pensamiento. En él sostenía que México debía dejar atrás la etapa de la destrucción para iniciar una época dedicada a crear “actitudes, obras e instituciones”. Aquella idea no fue solamente una reflexión académica; terminó convirtiéndose en el eje de toda su vida pública.

Como abogado y servidor público participó en la elaboración de leyes fundamentales para la organización financiera del Estado mexicano. Formó parte del grupo que dio origen al Banco de México y presidió su primer Consejo de Administración. Entendía que la estabilidad monetaria no podía depender de decisiones improvisadas, sino de instituciones sólidas, reglas claras y confianza pública.

Su visión también alcanzó al campo mexicano. Participó en el desarrollo del sistema nacional de crédito agrícola porque comprendía que el crecimiento económico requería mecanismos permanentes de financiamiento y no únicamente soluciones de corto plazo.

Años después, como rector de la Universidad Nacional, defendió la autonomía universitaria, convencido de que una universidad solo puede cumplir plenamente su misión cuando conserva la libertad para enseñar, investigar y formar ciudadanos sin subordinación al poder político.

A primera vista, estas responsabilidades parecen pertenecer a ámbitos distintos.

En realidad, todas responden a una misma idea.

Las instituciones importan.

Para Manuel Gómez Morin, una institución no era simplemente una oficina pública. Era un conjunto de reglas, responsabilidades y límites diseñado para que el destino del país no dependiera exclusivamente de la voluntad de quienes ejercían el poder.

Con el paso del tiempo llegó a una conclusión adicional: las instituciones también necesitaban ciudadanos organizados para defenderlas y perfeccionarlas. Esa reflexión lo conduciría, en 1939, a fundar el Partido Acción Nacional. Pero entender su legado únicamente a partir de ese momento sería ignorar más de dos décadas de trabajo dedicadas a construir instituciones para México.

Como ocurre con todos los personajes que dejan huella en la historia, su obra admite distintas interpretaciones y también críticas. Precisamente por ello merece ser estudiado con seriedad, a partir de sus ideas, de los documentos de su tiempo y de las instituciones que ayudó a construir.

Quizá esa sea la lección más vigente que nos dejó.

Los países no se fortalecen únicamente porque cambian de gobierno.

Se fortalecen cuando construyen instituciones que sobreviven a los gobiernos.

Hoy millones de mexicanos utilizan una moneda respaldada por un banco central, estudian en universidades autónomas o viven bajo instituciones que han evolucionado durante décadas. Con frecuencia olvidamos que alguien tuvo que imaginar esos cimientos cuando todavía no existían.

Comprender a Manuel Gómez Morin no significa solamente conocer al fundador de un partido político.

Significa comprender una parte fundamental de la construcción del México institucional.

Porque los gobiernos son pasajeros.

Las instituciones, cuando son fuertes, permanecen.

Y son ellas las que terminan escribiendo la verdadera historia de una nación.

@pepecortesmx

Pepe Cortés es economista y abogado por la Universidad Veracruzana, con estudios de posgrado en Administración Pública y Control y Fiscalización. Es consejero estatal del PAN en Veracruz, analista político y económico, y ex director general de Vinculación y Coordinación Hacendaria de la Secretaría de Finanzas y Planeación del Estado de Veracruz.