Salvador Muñoz
Los Políticos
A los 41 años, Cristiano Ronaldo acaba de volver a hacer historia.
No porque siga jugando futbol, que ya de por sí es una hazaña cuando la mayoría de los mortales a esa edad empieza a buscar una silla cómoda para ver los partidos por televisión. No. Lo extraordinario es que sigue anotando goles, rompiendo récords y acumulando marcas que parecían imposibles.
Ya suma seis Mundiales. Ya es el primer jugador en anotar en seis Copas del Mundo distintas. Ya ocupa el segundo lugar como el jugador más veterano en anotar en un mundial… Roger Milla con 42 años sigue siendo el Gran Señor. Y ahora la conversación gira alrededor de una cifra mágica: los mil goles.
Mil.
Un número que parece reservado para los videojuegos o para las exageraciones de café.
Mientras Cristiano persigue los mil goles, en Veracruz hay quienes persiguen otro tipo de miles.
Miles de votos.
Miles de simpatizantes.
Miles de bardas.
Miles de espectaculares.
Y, por supuesto, miles de pesos.
Porque si algo tiene la política mexicana es que también cuenta con sus propios mundialistas.
Ahí están algunos personajes que han participado en más elecciones que las que Cristiano ha jugado como profesional.
Han sido candidatos, precandidatos, aspirantes, suspirantes, coordinadores, delegados, representantes, senadores, diputados, alcaldes o algo parecido.
Pierden una elección y vuelven.
Ganan una elección y vuelven.
Descansan unos meses y vuelven.
Como esos futbolistas veteranos que anuncian su retiro cada temporada y reaparecen en la siguiente con nuevo uniforme.
La diferencia es que Cristiano sigue siendo titular porque sigue produciendo resultados.
En política, a veces pareciera que algunos siguen apareciendo en la alineación porque el director técnico no encuentra a quién más poner o porque ellos mismos no encuentran qué hacer fuera de la cancha.
Por eso llama la atención que mientras el portugués busca llegar a los mil goles, algunos políticos sigan buscando llegar, una vez más, a la candidatura que amarran cada elección o que se les ha escapado durante años.
Hay algunos que juegan como si la gubernatura fuera su propio Mundial.
Como si cada elección fuera la última.
Como si el tiempo no pasara.
Y quizás ahí radique la gran diferencia.
Cristiano sabe que cada partido cuenta porque el reloj corre en su contra. Muchos políticos actúan como si el tiempo estuviera obligado a esperarlos.
El portugués va detrás de una marca histórica. Los otros van detrás de una nómina histórica.
Cristiano corre noventa minutos para acercarse a los mil goles. Algunos corren tres años para acercarse a la candidatura.
Y mientras uno sigue acumulando trofeos, récords y aplausos, los otros siguen acumulando campañas, promesas y fotografías.
Al final, ambos mundos se parecen más de lo que parece.
La política también tiene sus mundiales.
También tiene sus veteranos.
También tiene sus figuras históricas.
Y también tiene sus eternos candidatos.
La diferencia es que cuando Cristiano mete un gol, el marcador lo confirma de inmediato.
En política, hay quienes llevan décadas diciendo que van ganando aunque el estadio ya se haya vaciado.




