
Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel
Lo que impera es la incertidumbre, por todos lados y a todas horas, pero tratamos de que no nos aprisione y presione demasiado para no asfixiarnos. O sea, nos hacemos “pénjamos” para continuar la vida, sin el menor escollo, evitando las vicisitudes, sorteando los baches, los hoyos, porque en este país lo que prevalece y promete ensancharse es el deterioro en todos los ámbitos de la sociedad. Lo he dicho otras veces, con Fransico Sosa, que el que desee vivir en paz con la sociedad debe forzosamente optar por uno de estos dos medios: callar o mentir. Porque, dicho sea de paso, en la sociedad nada es tan peligroso como hacer algo en serio: trabajar en serio, creer en serio, vivir en serio, amar en serio…, secundando a mi entrañable Nikito Nipongo.
Claro, a veces es necesario relajarnos, mandar a otra parte -ya saben adónde- la irremediable pesadez de los días que nosotros mismos nos imponemos y, muchas veces, nos obligan porque si no las consecuencias brotan y ya valimos…
Para evitar daños -lo más que se pueda-, sugiero seguir lo que nos indica Goran Petrović en “Cómo caminar sin descalabrarse por los hoyos”: “Camine utilizando el método habitual. Use las dos piernas. Mire por dónde va. Al notar un hoyo, dele la vuelta, pida a alguien que lo rellene o simplemente ignórelo. Si de todos modos llega a caer en él, a tropezar o a tambalearse, tenga cuidado de cómo va a caer. En cualquier caso, no caiga de modo que se descalabre.” ¡Fácil!
En cualquier caso, “¡esfuérzate por ser feliz!”. Aunque dijera José Emilio Pacheco: “Fuera de las viejas películas y de los cuentos infantiles nada, absolutamente nada, en este mundo tiene final feliz.”
—Oye, lo nuestro es imposible, ya te he dicho que busco una relación seria.
—¡Pero bueno! ¿Y tú crees que soy payaso de día y de noche?
Poniéndonos actualísimos, dice la IA que “el empoderamiento es un proceso mediante el cual las personas o grupos en situación de vulnerabilidad fortalecen sus capacidades, autonomía y confianza para tomar decisiones y transformar su realidad. Les permite dejar de ser sujetos pasivos para convertirse en protagonistas de su propia historia.”
Bien y está muy bien. Pero veo -uno que usa lentes con fondo de botella- un empoderamiento acelerado en el terreno de la violencia, la polarización, el valemadrismo, el de un pueblo sin ley. Me entristezco y me encabrono. ¿Qué les repara a las nuevas generaciones? Agrégale que la educación, el conocimiento, la creatividad están por los suelos o sencillamente ausentes.
Aquí todo se resuelve violentando y hasta matando. La justicia está secuestrada. Y si no, la desaparición es lo conveniente. Reina la censura, aunque por ahora simuladamente. O te callas o te callamos. Y si protestas da igual, “ni los veo ni los oigo”. Si antes se decía que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) era “un peligro para México”, ahora un puñado en el poder son un peligro para México. No me vengan a mí con que la ley es la ley. La ley es de quien la aplica, así que ya nos jodimos.
¿Qué dieron luz verde a otros partidos políticos? ¿Para qué? Si con los que están, con ellos, juntos, separados, revueltos, jugando a la política, satélites o de la oposición -cada vez con menos presión, como que se desinflaron-; digo, con ellos y más partidos, México sigue peor. Eso sí, se embolsan algún dinerito pa’ seguir mamando… ¿Cómo se les llama? ¿Vividores políticos? Dicen purititas palabrerías. Camaleónicos, chapulines, convenencieros y más. Para no hablar de lo que rumoran, que se han hermanado con el crimen organizado y anexas.
Igualdad no ha habido ni parece que habrá. Antes bien: sálvese quien pueda. Hay futuro, sí; pero obscuro.
Hemos caído en la simplicidad, la nimiedad, la banalidad, la estupidez, el zombi cibernético. Así estamos: no hay humanidad. Somos monstruos disfrazados de mil benevolencias. La niñez, los jóvenes sólo podrán sobrevivir si están del lado del poder. Los otros, los demás, a chingarle en lo que no estudiaron, en todo menos en su profesión.
En la novela Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Lllosa, un personaje expresa: “…porque en este país ya no es posible trabajar si uno no está conchabado [coludido] con el gobierno”.
El microcuento “Hablaba y hablaba”, de Max Aub, me ocasionó ciertas reminiscencias. Aquí se los comparto.
“Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.”
¿No se está harto de tanta palabrería? La vacuidad diaria.
Los días y los temas
Gael García Bernal, en entrevista a propósito de la película “Magallanes” donde es el actor principal, expresa: “Me encantó lo que te dijo Diego [Luna], aquello de: ‘Hago un esfuerzo por tratar de no escuchar estos mensajes de odio, para no perder mi tiempo en eso’. En fin, es increíble que figuras como el Papa o el Rey sean mucho más sofisticadas que los políticos actuales. Figuras que antes jamás pensarías que dirían lo que están diciendo, y hoy son más sensibles, sensatas, sofisticadas, incluso más interesantes que los políticos. Es tremendo el triunfo de la política electorera. Lo mismo ya era así, navegando aguas muy turbias y enfangadas. En alguna época pensábamos que para entrar en política tenías que ser ilustrado, tener estudios, y desgraciadamente todo se deshizo de forma muy rápida por culpa de Estados Unidos y de cómo en ese país funciona ahora el sistema democrático. En fin, a Estados Unidos hay que culparles de muchas cosas y esta es una de ellas. Sin embargo, como dijo Diego, no podemos perder el tiempo con discursos de odio. Hoy en día hay tanta opinión sobre la estupidez general, y además hay tantas opiniones estúpidas [ríe]… Vaya acumulación de cosas”. (elpais.com, 30/06/2026).
Acumulación de estupideces.
De cinismo y anexas
No hagamos, porque para payasos ahí se las dejo. Y mucho ojo, que la vida no siempre es un carnaval, mucho menos futbol.
En una familia de payasos, el hijo de 6 años está pataleando y llorando como un poseso. El padre lo mira y le dice: “Si sigues así… el domingo no te llevo a ver al público”.
*
– ¿A qué te dedicas?
– Soy payaso.
– ¡Pues hazme reír!
– Y tú, ¿a qué te dedicas?
– Soy policía.
– Mmmm…. pues… nada, tú no hagas nada.
*
Entra un borracho a su casa todo manchado con lápiz labial por todos lados hecho un desastre, y la mujer le pregunta:
-Pero, ¿qué te pasó?
Y el borracho le responde:
-¡No me vas a creer, me peleé con un payaso!
Hasta la próxima.



