Bernardo Gutiérrez Parra
Desde el Café
Hace algunos años, un alcalde pagadito de sí mismo, amaneció con la idea de ponerle el nombre de su papá a una calle de su pueblo. El problema fue que su progenitor, que era capitán del Ejército, no hizo otra cosa por el municipio que presentarse todos los días en la Zona Militar a cumplir con sus obligaciones castrenses.

Pero el alcalde urdió un plan.

El día que iba a develar la placa con el nombre del héroe local Espiridión Cascajo, un sujeto se abrió paso entre el gentío para decirle que la víspera los vecinos habían acordado que la calle llevara el nombre de su papá “por tantos beneficios como nos dio” y no el del señor Cascajo.

Aparentemente sorprendido, el alcalde corrió el velo que cubría la placa y apareció el nombre de su progenitor: Calle Capitán Fulano de Tal, lo que molestó a los vecinos que si de momento no reclamaron fue porque recibieron despensas, láminas, cobertores y útiles escolares para sus niños.

Pero al día siguiente lo encararon: “Ni conocemos al sujeto que habló en nuestro nombre, ni jamás acordamos el cambio del nombre a la calle y queremos que ésta se llame Espiridión Cascajo”.

El alcalde prometió cumplirles pero nunca lo hizo, hasta que un día la calle amaneció sin la placa y desde entonces el populacho la llama Calle de El Capitán, así nomás. Sin el nombre del militar que se perdió para siempre en el olvido.

Años después, el 18 de noviembre del 2018, cuando el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares inauguró un puente que atraviesa el río Tuxpan a la altura de la congregación de Ojite y del municipio de Álamo, todo mundo levantó las cejas al ver lo que decía la placa: Puente Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares.

Pero nadie hizo el menor pancho.

Al día siguiente la placa desapareció y el que armó un escándalo fue el munícipe de Álamo, Jorge Vera Hernández que dijo furioso: “La decisión de ponerle al puente el nombre del gobernador fue por consenso de los alamenses”, lo no fue cierto. Pero prometió buscar la placa o poner una réplica en su lugar.

Para lo que sí hubo consenso fue para mentarle la madre por “arrastrado y lambiscón”. La placa nunca apareció, tampoco se puso una réplica y el puente de Ojite se llamará puente de Ojite por los siglos de los siglos. Incluso aunque lo tiren y construyan otro.

Rocío Nahle tiene asegurado su nombre en la historia de Veracruz porque es la primera mujer que gobierna la entidad y por la remodelación que está haciendo del Palacio de Gobierno.

Sobre la remodelación, dicen los jilgueros de la 4T que está hecha para que dure cien años. Por lo que el nombre de doña Rocío se escuchará mínimo hasta el 2126, cuando los niños de primaria (porque quiero pensar que para entonces ya los dejarán entrar al inmueble), reciban del guía la explicación de que quien ordenó la remodelación fue la actual gobernadora.

A principios de esta semana y al hablar de lo bien que está quedando la mal llamada “Casa del Pueblo”, la gobernadora cometió un desliz pues al referirse a uno de los salones dijo: “Eran unas cuarterías, estaba espantoso. Decidimos arreglar y quedó un salón muy bonito y le vamos a poner el nombre de una mujer, porque es la primera mujer que es gobernadora”. Y hasta ahí llegó su comentario, pero destapó la caja de pandora porque antes que ella, Veracruz no había tenido otra gobernadora.

Minutos después corrigió y dijo que ese salón no llevará su nombre, pero la bola de nieve tenía rato que había comenzado a rodar.

En tiempos pretéritos, bastaba con que un presidente o un gobernador hiciera un comentario de manera muy sutil, para que un puente, una avenida, un viaducto, una calle, una escuela, un aeródromo, un conjunto habitacional o hasta un mercado llevaran su nombre, el de su mujer o el de su mamá.

Pero esos tiempos ya pasaron. Incluso se ve mal que cualquier obra pública, por modesta que sea, lleve el nombre del gobernante en turno.

Hasta la fecha, los habitantes de Ojite recuerdan de muy mal modo a Yunes Linares, no porque les haya hecho el puente, sino porque se quiso agandallar poniéndole su nombre. Igual ocurrió con el alcalde que quiso perpetuar el nombre de su padre y ambos fueron echados al cajón del olvido.

Quiero pensar que la señora Nahle cometió el desliz porque alguien la asesoró mal, pero de que predispuso a los veracruzanos contra otro intento de ese calibre, eso que ni qué.

Lo mejor será que si sus admiradores la quieren homenajear de esa manera, lo hagan a partir del 1 de diciembre del 2030. Es decir, un día después de que entregue el poder a su sucesor.

Y a ver qué dice la raza.

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