Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde A Janela
El Mundial sigue su curso y por lo mismo sigue produciendo cosas para continuar reflexionando.
La semana pasada comentamos en este espacio que el Mundial de fútbol es el máximo deportivo que existe en el mundo y que su grandeza se debe a que es producto del capitalismo, la escuela económica que hasta ahora tiene mayores virtudes y también vimos como el socialismo ha sido incapaz de producir algo similar en su alcance a nivel global.
Bueno, ahora necesariamente no podemos pasar por alto que incluso ese sistema económico tan virtuoso no está exento de ser contaminado por el peor lastre que carga la condición humana.
Así es, hablamos de la corrupción.
La generación de riqueza indudablemente produce la ambición de producir aún más y esa ambición se puede encauzar por la vía lícita como lo es aumentar el número de participante y, por ende, el número de partidos a disputar o bien aumentar los patrocinios y los productos relacionados al evento que se comercializan en todo el orbe.
Pero también existe una vía aparentemente fácil, en la cual han caído casi todos los últimos dirigentes de la FIFA, que consiste en amañar torneos y vender el evento al mejor postor sin importar nada más que el dinero que pague a los dirigentes del organismo internacional.
Y en este Mundial desafortunadamente ya aparecieron dos casos que ejemplifican claramente cada uno de estos aspectos y curiosamente este par de casos guardan similitudes con otros que vimos en Catar 2022 o sea bajo la gestión de Infantino.
El primero de ellos han sido las “ayudas” que en todos los aspectos le han brindado a la selección de Argentina, ya que en ambos torneos le han puesto rivales más accesibles tanto en los sorteos como en las siembras de los partidos de eliminación directa y cuando eso no ha funcionado del todo, las ayudas arbitrales se han proporcionado de manera muy eficaz cuando un determinado partido se les ha complicado; esto sucedió en Catar y está volviendo a suceder ahora.
Y todo es por vender la imagen de un ídolo que quizá no lo sea tanto pero que deja mucho dinero.
Mientras que el otro caso consiste en que el presidente de la FIFA literalmente se ha puesto como tapete de Trump, al igual que hace cuatro años lo hizo con los jeques de Catar.
Si hace cuatro años era un escándalo que se hiciera un Mundial en el desierto, con temperaturas inhóspitas y en fechas fuera de toda regla, ahora hemos visto como el presidente de la FIFA creó un premio fuera de su materia, solo para medio satisfacer el ego maltrecho del norteamericano que no recibió el Premio Nóbel de la Paz.
De igual forma vimos como una llamada de Trump rompió las reglas disciplinarias que rigen en los torneos de fútbol y eliminó una sanción que correspondía a un jugador estadounidense; y aunque en la cancha ese “favor” no se vio reflejado debido a la apabullante eliminación que sufrió la selección de E.U., ello no quita la mancha que sufrió la FIFA por haber violado sus propias reglas por cumplir un capricho del presidente norteamericano.
Por otra parte, en lo que toca a México en lo estrictamente deportivo vimos lo mismo de siempre, al principio se da un buen torneo y en los octavos de final la ilusión se termina; aunque es justo reconocer que en esta ocasión el equipo que se conjuntó es bueno y sobre todo es joven; por ello, seguramente van a tener muchas oportunidades para la revancha deportiva.
Y fuera de lo deportivo fue muy bonito ver como tirios y troyanos se encontraban uniformados con una camiseta verde apoyando a la selección, y eso a pesar de la notoria ineficiencia de un gobierno que nunca supo ni quiso aprovechar el evento para mejorar al menos la infraestructura de las ciudades sede.
Y ya que tocamos este tema, ¿A poco no se pone de manifiesto que la transformación que no fue y ni tampoco será está basada en el embuste?
Es que los gobiernos federal y de la Ciudad de México están con la cantaleta de las culturas indígenas sus tradiciones y resulta que ponen candelabros afrancesados en la línea del metro que nunca repararon en su totalidad para dar servicio a los aficionados que acudieron al estadio.
No hace falta más explicación que esta, los candelabros estilo Luis XV dan mayor margen para desviar dinero que las antorchas estilo mexica.
Y de los salones estilo “Versalles” que están habilitando en el Palacio de Gobierno de Jalapa mejor ni hablamos, la explicación es la misma.
FELIPE DE JESÚS FERNÁNDEZ BASILIO
X: @FelipeFBasilio




