Ana Rosa Valdés Salazar

En mi Opinión 

​El régimen morenista está estirando peligrosamente la liga en su relación con el gobierno estadounidense, que le envió ya otro mensaje por conducto del director de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Terrance Cole, quien afirmó que existe una “conexión mortal” entre los cárteles y el gobierno mexicano; “son lo mismo”, dijo durante la Cumbre Estados Unidos Libre de Fentanilo.

​Como era de esperarse, el Gabinete de Seguridad de Claudia Sheinbaum se apresuró a rechazar los señalamientos, diciendo que carecen de sustento y no corresponden a los resultados que ha presentado el Gobierno de México en el combate a las organizaciones criminales, y que mantiene su disposición para fortalecer la cooperación bilateral con Estados Unidos bajo los principios de respeto a la soberanía, confianza mutua, responsabilidad compartida y coordinación.

​La confrontación entre ambos gobiernos ha escalado de nuevo, pues recientemente el gobierno mexicano presentó denuncias diplomáticas y penales contra Estados Unidos por la muerte de diecisiete mexicanos bajo la custodia o en operativos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).

​Por otro lado, el Departamento de Justicia de EU sigue esperando la respuesta a su solicitud de detención provisional con fines de extradición de los diez de Sinaloa, dos de los cuales se entregaron voluntariamente a las autoridades estadounidenses, lo que equivale a una aceptación de culpabilidad, pero la presidenta Sheinbaum acusa injerencia política y opta por proteger a los requeridos por los vecinos.

​Esa negativa a entregar al gobernador sinaloense con licencia Rubén Rocha Moya y a sus colaboradores influyó poderosamente en la decisión de Donald Trump de someter al T-MEC a revisiones anuales y endurecer su postura en la relación comercial.

​Su contraparte, la presidenta Sheinbaum, de manera oportunista quiso ahora aprovechar el momento para llamar a la unidad de todas las fuerzas políticas en la defensa de los migrantes mexicanos que se encuentran en los Estados Unidos.

​Después de casi veintidós meses de calificar a la oposición como traidores a la patria, antipatriotas, conspiradores de ultraderecha, la mandataria pretendió convocarla para enfrentar al enemigo que asesina mexicanos obligados a migrar a Estados Unidos.

​En respuesta, el presidente del CEN del PRI, Alejandro Alito Moreno Cárdenas, calificó ese llamado como “farsa” para ocultar la inminente debacle del “narcopartido”.

​“El PRI no negocia ni se dobla ante ningún tipo de artimaña orquestada por la narcodictadura terrorista y comunista que representa el gobierno morenista”, dijo el líder tricolor. Y agregó: “Ese llamado a la unidad es una manzana envenenada; de ninguna manera puede ser visto como un acto de patriotismo o de defensa de la soberanía”.

​El rechazo de los opositores al llamado presidencial fue prácticamente unánime, sin dejar de condenar el trato discriminatorio y criminal contra los mexicanos migrantes, pero a la vez dejar en claro que no responderán positivamente a un intento oportunista de mostrar una falsa unidad política ante las presiones de Estados Unidos. 

​Lo que sucede nos hace pensar que, para enfrentar la crítica relación con Estados Unidos y lograr apoyo interno, el gobierno morenista debe mostrar firmeza en las demandas de justicia por la muerte de connacionales a manos de agencias estadounidenses, así como en la revisión del T-MEC, en ésta, sin ceder a presiones ajenas a la negociación comercial.

​Pero la colaboración en el combate al narcotráfico le exigirá ceder en la negativa a investigar y enjuiciar a políticos señalados en ambos lados de la frontera de tener nexos con la delincuencia organizada.

​¿Podrá Claudia Sheinbaum manejar la situación, que resulta la más conflictiva en décadas con el vecino del norte, y salir airosa para bien de los mexicanos? ¿O continuará anteponiendo los intereses de su movimiento al superior interés de la Nación?

​No falta mucho para que los hechos nos den las respuestas a estas preguntas.